/ Edwin Guzmán Ortiz /
En el marco de una comprensión democrática de la cultura, la literatura no puede estar al margen del análisis y el debate de los procesos de interlocución social y cultural. Al alimentarse de múltiples experiencias vitales y problemáticas que hacen a la realidad boliviana, merece ser objeto de permanente consideración, no solo de especialistas sino del vasto conjunto de los interesados.
Bajo esta premisa, Plural Editores junto a los escritores Benjamín Chávez, Edwin Guzmán y Juan Carlos Ramiro Quiroga, viene llevando a cabo mensualmente el ciclo “DIÁLOGOS DIVERSOS”, Conversatorios sobre Literatura Boliviana Contemporánea, con participación de importantes escritores del país.
Al presente, ya se llevaron a cabo tres actividades con temas gravitantes en nuestra literatura: “La traducción de la poesía en Bolivia”, “La novela boliviana contemporánea” y “El cuento boliviano contemporáneo”.
En “La traducción de la Poesía en Bolivia” participaron dos destacados traductores de nuestro país: Ricardo Calla y Gary Daher, bajo la moderación del poeta Benjamín Chávez. En la oportunidad se analizó el complejo campo de la traducción literaria, con cierto énfasis en la poesía. Se subrayó la importancia de la traducción como vehículo de comunicación intercultural, igualmente los desafíos semánticos y formales que implica este proceso. Se mencionaron ejemplos significativos, además de autores que constituyen modelos de esta especialidad, y no se dejó al margen cierta experiencia de traducción de nuestra literatura sobre todo vinculada a las lenguas originarias. Ricardo Calla, ha traducido a Thomas Stearns Eliot; Gary Daher a Ezra Pound. Ambos poetas anglosajones contemporáneos de notable complejidad traducidos al español. Un tema de infrecuente abordaje en palabra de dos traductores.
En el conversatorio sobre “La novela boliviana contemporánea”, participaron los escritores Wilmer Urrelo y Giovanna Rivero desde EEUU, bajo la moderación del narratólogo Martín Zelaya. Se habló acerca de la identidad creativa de la novela, su valor como documento social, histórico y cultural, la experiencia personal de ambos novelistas, su obra y el proceso creativo de este importante género, Además, su percepción personal de lo que viene sucediendo en el campo de la novela boliviana actual. Tanto Wilmer como Giovanna han merecido importantes premios nacionales e internacionales. Giovanna Rivero, nacida en Montero, Santa Cruz, ha publicado diferentes libros de cuentos y novelas, habiendo obtenido el 2005 el Premio Franz Tamayo con su libro de cuentos La Dueña de nuestros sueños y el Premio Internacional de novela Audiobook Narration por 98 segundos sin sombra, Por su parte el narrador paceño Wilmer Urrelo, ganó el Premio Nacional de Novela el 2006 con Fantasmas Asesinos, y con su novela Hablar con los perros (2011) se hizo acreedor del Premio Internacional Anna Seghers.

“El cuento contemporáneo boliviano”, recientemente realizado, tuvo como participantes a Marcela Gutiérrez y Gonzalo Lema bajo la moderación del escritor Manuel Vargas. El conversatorio se abrió estableciendo la diferencia entre la novela y el cuento, la identidad formal del cuento, el lugar que ocupan dentro la preferencia de los lectores del país, algunas tendencias sobre el cuento boliviano actual, la explicación de su obra y los factores que inciden en el proceso creativo, los premios literarios como incentivo y cuál sería el porvenir del cuento frente al fenómeno de la inteligencia artificial. Marcela y Gonzalo, dos destacadas voces de la narrativa cuentística con una obra notable, plantearon dos enfoques ya convergentes, ya personales, de su actividad creativa. Marcela Gutiérrez, cuentista y novelista paceña dueña de un estilo renovado y enfoques inaugurales en la representación de la mujer. Gonzalo Lema, con una producción numerosa tanto en cuento como en novela, es uno de los escritores bolivianos más galardonados, con premios tanto nacionales como internacionales. Por su importante y prolífica labor literaria en 2014 fue distinguido por el Estado Boliviano con el Premio Nacional de Cultura.
Los meses siguientes se tiene previsto abordar otros temas de similar importancia. En realidad, no son pocos los géneros y las preocupaciones que atañen a la literatura boliviana, en los que se manifiesta una significativa actividad. De la poesía al cuento y la novela, de la literatura oral al teatro y el ensayo, de la teoría literaria a la lectura y las ediciones, de las traducciones al discurso literario, hay un vasto campo que resulta interesante explorar y debatir.
El interés estriba, además de los escritores y especialistas, en los lectores y la sociedad boliviana en su conjunto, especialmente en los jóvenes, para quienes la lectura y el conocimiento de temas vinculados realidad del país son por demás necesarios. Se trata pues de acortar la distancia entre los creadores y los públicos, entre las obras y los lectores.
El campo de la literatura en la sociedad boliviana acusa todavía un marcado desconocimiento, como una desatención evidente, mas, cuando su aporte al desarrollo cultural del país es significativo.

Su discreta marginalidad, sin embargo, le otorga una ventaja: representar nuestra realidad desde una óptica distinta, infrecuente y alternativa. A diferencia de la manida lectura histórica y social –tendencialmente desvaída y motosa– consumada por la clase política, y las instituciones oficiales, la mirada de nuestra literatura suele ser plural, incisivamente crítica y revelatoria. En realidad, la literatura boliviana no solo recrea la cultura y la vida social, sino que las imagina y piensa, configurando espacios que traducen su imaginario, contradicciones y sus gravitantes deseos. De este modo, en el altar de la palabra se escenifica el espesor, la sensibilidad y la identidad de ese abigarrado discursivo y simbólico que yace en nuestra sociedad.
Un tema consustancial a la literatura es el desarrollo del espíritu crítico. Ésta, desde el múltiple prisma de su abordaje, y a partir de un discurso heterogéneo, brinda un valioso material para el análisis y la valoración de temas, personajes, ámbitos y procesos sociales. No solo nos cuenta historias sino revelan el espíritu de nuestro tiempo. Sin critica, es decir sin rigor y análisis, no habría iniciativas de cambio, tampoco ciencia, ni política, ni arte ni literatura. La literatura fecunda el espíritu crítico y abre la perspectiva de entender de manera más integral nuestra realidad. La crítica y la autocrítica constituyen formas de salud de la comunidad, son actitudes de una complexión moral que instan a no caer en la distorsión, la superficialidad o el extravío.
La pluralidad de sentidos que emergen de la lectura, se intensifica más por la cualidad creativa y escritural de las obras. Los tópicos planteados, involucran la subjetividad individual y colectiva abriéndose a las múltiples realidades que habita el cuerpo social. La imaginación borbotea, lo fantástico y lo mágico se entrelazan con una realidad monda y lironda. Las lentes de aumento que segregan las palabras, abren las puertas de la percepción, y las cosas y los seres se revelan en su incomprensible desnudez. La poesía adensa la frágil realidad que nos sostiene, se adentra en todos los caminos posibles; desde su centro –siempre móvil y parpadeante– habla con una intensidad solar, desde la penumbra y con una oscuridad luminosa. Si hay una lectura intersticial de la sociedad boliviana, esta corresponde de manera privilegiada a la literatura. Realidades, experiencias e intensidades vitales que pasan desapercibidas en la cotidianidad, hallan en poemas o narraciones o el teatro, el espacio idóneo para su reconocimiento y comprensión.

A través de un lenguaje inteligente, despliega narrativas que abren puertas a temas e historias penetrando en los meandros de la subjetividad social, y en la población de imaginarios que laten en este país diverso e impredecible. Porque, al fin y al cabo, la literatura es el arte de la palabra plena, un arte que no deja de ser crítico y exigente incluso consigo mismo. Al respecto –señala Octavio Paz– la actitud del escritor debe ser de fidelidad y al mismo tiempo de la falta de respeto al objeto amado. Veneración y transgresión. El escritor debe amar al lenguaje, pero debe tener también el valor de transgredirlo.
Somos depositarios de una importante tradición literaria que requiere ser leída e interpretada con la mentalidad de este tiempo. Somos testigos además de una nueva generación de escritores jóvenes, en diferentes regiones del país. Estos escriben, publican y leen sus escritos a partir de un trasfondo cultural que responde a su tiempo, y con el lenguaje de su tiempo. Probablemente hoy, este sea uno de los espacios más idóneos para acercarse a la sensibilidad, las preocupaciones y la visión de mundo de los y las jóvenes. Lamentablemente la mayor parte de ellos son desconocidos, a pesar de su valor incuestionable y su capacidad de renovación y transgresión permanentes.
Por supuesto que la literatura boliviana abarca un campo de interés mucho más extenso: la oralidad, las escrituras plurales, los lectores, los diferentes géneros, el trabajo editorial, revistas literarias, movimientos, grupos, tendencias, temas como la literatura minera, por ejemplo, sociologías inherentes, la educación literaria, la creación frente a las nuevas tecnologías, su relación y articulación a literaturas del continente y del mundo. No es poco lo que se trae entre manos el arte de la escritura, y no menos, el arte de la lectura. Con la capacidad incluso de romper con las maneras tradicionales de pensar. Hace algunas décadas, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir convocaron a varios intelectuales de renombre a una mesa redonda bajo la nada sencilla pregunta ¿Para qué sirve la literatura?, de la que se publicó un libro. Las respuestas entre apoteósicas y subversivas, utilitarias y metafísicas, al parecer, permanecen en el aire. El Ciclo de Conversatorios, DIÁLOGOS DIVERSOS, acaso en nuestro país y con nuestra literatura, nos permita ensayar diversas respuestas a este permanente dilema. La invitación está abierta para todos y todas.

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