Un pícaro de buen corazón

/ Carlos Gutierrez /

Unas pinceladas de la vida de Eric Calancha, uno de los personajes más carismáticos de la película Pigmalión, un comediante que vale lo que pesa, un referente en la galería artística de Bolivia. Su solo monólogo en la película nos conmueve y mueve a la risa. He aquí el texto para que lo saboreen en este invierno frío, pero lleno de cítricos cinematográficos.

Eric/Dolittle: “La ambición desmedida nos causa inestabilidad y la paz de un hombre es su verdadero tesoro”.

Los entretelones de un actor variopinto en la película Pigmalión

El actor Eric Calancha personifica a un pícaro de buen corazón en la película Pigmalión. Una especie de cantinflas boliviano híbrido con anglosajón de clase media baja venido a menos. Pícaro en la acepción más cabal ya que es el arquetipo de vivillo o vividor. Pero, al verlo, uno puede confundirlo con un moro de siglos pasados, pero moderno.

Recordemos que Eric ya participó de las películas Maleficarum, le Marquiz de la Croix, Olalla, Justina, Muerta pero soñando, Monja mala, Seditiosa, Erotic 69, etc.

El señor Doolitle (Eric Calancha) aparece en el minuto 28 como el hermano de Elisa (Mila Joya), la nueva Galatea que será moldeada por Henry Higgins (Jac Ávila). Escena homónima de la versión en inglés donde el personaje original es el padre de la chica. Una versión más caricaturesca y chabacana del arquetipo de bribón de esa época en Inglaterra. Esta versión me gusta más. Los personajes más pintorescos y parroquianos.

Trayectoria teatral

Calancha actuó en más de 30 obras teatrales. Entre las más relevantes: “Érase una vez un rey” ganadora del Peter Travesí. 2001. “Historia de dos locos”, “Reivindicaciones”, “Jesucristo en el siglo XX”, “Elalia”, “Fango negro”, “Una de piratas, piratas”, ganadora del Eduardo Abaroa. “El principito” (adaptación). “Hazte el loco y serás feliz”. “El amor se ha estido”. Y la última: “Warmi luz, la mujer de pollera gris”. Estas obras se desarrollaron a lo largo de 26 años y completan la trayectoria, 20 cortometrajes y varios premios en teatro, así como audiovisual, tanto nacional como internacional.

El actor Eric Calancha.

El monólogo

La participación de Eric Calancha resulta ser casi un monólogo que encaja bien, como una obra de teatro. Casi un soliloquio en el que da gusto escucharlo e interactuar con la gente fina que está ante él. No es el tipo irreverente o autosuficiente que impone o exige una recompensa. Más bien es un tipo sincero y bonachón con buen talante que mira de forma horizontal. Un igualado que con carisma y con un lenguaje ocurrente plantea un discurso andino que no lo tiene la versión de 1938. Apelativos o vocativos como: “mi reina, doctor, ingeniero, reina justiciera, etc.” provocan en el espectador unas arcadas hilarantes ya que nos muestra que así habla la caserita del mercado: Reinita, qué te vas a llevar, mamita, papito, doctorazo, etc., es típico de la zalamería andina que conquista y ablanda hasta el corazón más duro.

Pero no hay que olvidar que las reflexiones discursivas son muy elevadas y coherentes que van ajustadas al guion original británico y que tiene que ver con su filosofía de vida o conducta popular sin escrúpulos. Cito:

“¿No tiene usted moral?”

“¿Va usted a usar esa plata para algo malo?”

El sentido paternalista de averiguar en qué se va a gastar el dinero y la respuesta hedonista de que la plata se hizo para gastar y disfrutar. Y la ironía de quién hace la pregunta, de quién tiene moral.

Tal vez si lo viéramos con un parlamento más largo el espectador reiría más y no se cansaría de aplaudirlo. Pero esa sola participación que dura unos pocos minutos ya lo inmortalizan. Al final de la película también tiene un parlamento más solemne.

Identidad popular

A través de su galimatías manipula y encanta la voluntad del interlocutor de una forma tan sutil que incluso da ganas de darle más de lo que pide. Esa persuasión es fruto de la calle, reflejo del parroquiano que vende su charque en Bolivia. Un marginal que usa la lengua para engatusar a sus víctimas sin agresiones físicas o emocionales con la temeridad de un león. Este no tiene escrúpulos, ni reparos, ni frenos, ni moral. Es intrépido ¿“Quién en su sano juicio lo haría?”, pero, aquí viene lo paradójico, sabe que los otros también quieren obtener una tajada de un botín subrepticio y él, Doolitle, no se va ir sin su parte. Es el típico pícaro del siglo XVI que usaba la briba (1) para chantajear.

Al final, este elenco no estaría completo sin él. Eric Calancha nos regala, en unos cuantos planos como de escenario de teatro, con la agilidad de los diálogos y gestos, el reflejo de la condición humana y sus pasiones, el cómo se puede llegar a manipular al otro en beneficio propio y de mostrar que el poder es la madre de los vicios y que esta se halla en todos los estratos sociales. Eric/Doolitle evoluciona de un pilluelo de poca monta a un discurseador elocuente y político solemne. Un actor nada acartonado, espontáneo y natural, expresivo, en contraste con su interlocutor Jac/Henry Gigins presuntuoso y malicioso, que encarna al sicalíptico sátiro mitológico de mirada monolítica. En el fondo, muy parecidos ambos en cuanto a su integridad macilenta. Sin embargo, que este comentario dicho líneas arriba no opaque o enturbie la apología del desenvolvimiento actoral de Eric. Casi a gritos y con lágrimas de risa pedía que este pícaro de buen corazón pudiera aparecer en otras tomas o escenas y que, incluso, se apareciera en mis sueños para pedirme lo que sea con ese lenguaje enrevesado, casi laberíntico. 

 

La cereza en el pastel

Conversando con el comediante de dilatada experiencia en las tablas este nos confesó las líneas de su guion que más le gustaron:

Pasa Pronto: ¿Cuéntanos, Eric, qué frase o líneas del guion de Pigmalión te ha gustado?

Eric: Claro que sí.

Higuins: ¿Vendería a su hermana por 5000 luquitas?

Dolittle: A cualquier persona no, pero a un caballero como usted, no podría negarme.

Y añadió una más:

Higuins: Puedo ofrecerle más dinero, no sé… unos 100.000.

Dolittle: ¿Oh! Mi querido caballero, claro que no. Un trato es un trato. ¿Qué haría un hombre como yo con tanto dinero? No, la preocupación de perderlo, de tener mucho a no tener nada. No sabría qué hacer con él. No podría dormir en paz. Con lo que acordamos será suficiente. Ya el tiempo dirá cuándo. Por ahora está bien así… La ambición desmedida nos causa inestabilidad y la paz de un hombre es su verdadero tesoro.

1.- Briba. Se refiere a la holgazanería picaresca, un estilo de vida basado en la vagancia, la inactividad y la falta de un trabajo estable, a menudo asociado con la picaresca.

Deja un comentario