Ngenpin, Machi, Amauta, Yatiri, Chamán

/ Victoruro Sepúlveda /

La sanidad del alma es fundamental para equilibrar el funcionamiento orgánico del cuerpo. Hablar del alma o el espíritu es entrar en terrenos misteriosos de lo oculto y esotérico, mal llamados paranormales, aunque nadie puede negar su existencia y presencia al interior de cada ser viviente.

Los médicos y terapeutas en los hospitales y clínicas del mundo se encargan de tratar las enfermedades físicas para aliviar el dolor humano que en la mayoría de los casos son provocadas por el desequilibrio emocional que proviene de un debilitamiento espiritual. La mente y sus vericuetos neuronales no han podido ser descubiertos ni estudiados en su totalidad a pesar de los esfuerzos científicos del mundo moderno. La psicología y la psiquiatría tratan de solucionar parcialmente los trastornos existenciales, los cuadros de ansiedad y maníaco-depresivos de sus pacientes para hacerlos “volver a la realidad” e incorporarlos al rebaño de personas productivas y de “bien” para que cumplan cabalmente con las normas y leyes establecidas. La esquizofrenia, la epilepsia y otras patologías mentales siguen siendo un misterio para la ciencia que no ha encontrado un tratamiento efectivo para sanarlas del todo, a pesar de haber utilizado métodos brutales y controvertidos, como el electro shock (descargas eléctricas) y la lobotomía que es una intervención quirúrgica directa al cerebro para tratar trastornos psiquiátricos graves, conductas inadecuadas y desobediencia. Prácticas obsoletas que fueron reemplazadas por el auge de los fármacos anti psicóticos que resultaron ser un poco más efectivos y menos invasivos, pero no resolvieron el fondo del problema. La locura ha caminado siempre al borde de la genialidad y por lo mismo ha sido temida y reprimida desde la antigüedad.

Los pueblos originarios de todo el mundo, también llamados indígenas han desarrollado su propia medicina para curar las enfermedades del cuerpo y el alma. El conocimiento heredado de sus antepasados les ha permitido conocer las propiedades curativas y estimulantes de las plantas que crecen en su entorno para utilizarlas en beneficio de sus comunidades. Las tribus y pueblos antiguos que aún conservan sus costumbres tienen su propia manera de sanar, administrada por hombres o mujeres que son preparados y estudian desde la infancia para aliviar los males de su gente. Se les otorgan títulos honoríficos en rituales de iniciación que todos respetan porque adquieren poderes especiales para entrar en un trance que les permite el contacto directo con los espíritus y sus dioses. El mundo civilizado no indígena los llama despectivamente: hechiceros, brujos o curanderos.

El pueblo Mapuche situado en el sur de Chile ha logrado conservar su identidad cultural a pesar de haber sido avasallado y arrinconado por los diferentes poderes: monárquicos, políticos y religiosos desde hace siglos. La defensa de la libertad, el espacio sagrado y sus territorios ancestrales lo han mantenido atento frente a los poderes que amenazan su dignidad.

Los pueblos quechuas y aymaras asentados en el altiplano andino que comparten varios países de Sudamérica: Argentina, Chile, Bolivia y Perú han acomodado sus creencias y costumbres con las religiones actuales con el fin de preservarlas. Aplican una sabiduría milenaria que está presente en los rituales, rogativas y celebraciones colectivas para comprender las libertades individuales y compartir lo sagrado. Acompañados de música, danza y libaciones se consigue un estado de trance íntimo que conduce a cierto equilibrio entre lo humano y lo divino. Los ritos con excesos, borracheras y desenfreno son mal vistos por la sociedad no indígena que pretende ser perfecta y ordenada, pero se percibe cada vez más enferma y confundida.

La aparición de religiones, sectas y corrientes filosóficas diversas han contribuido a aumentar la confusión del ser humano actual. La Conquista, los gobiernos y las iglesias han tratado de imponer la sumisión al rey, al papa o a los poderes políticos, al trabajo esclavo, la monogamia, la reducción a pueblos etc., en un plan de sometimiento social y cultural.

La civilización digital contribuye al adormecimiento de las personas con la aparición de nuevos líderes chantas e inconsistentes al servicio de oscuros intereses que encandilan con supuestas soluciones al promover métodos de crecimiento espiritual, autoayuda, superación, expansión de la conciencia, meditaciones, ejercicios etc., que son promovidos por las redes sociales en los teléfonos móviles que ofrecen cada vez mejores y atractivas posibilidades a un precio que muchos no pueden pagar. Es como tener el mundo en la mano y resulta tan fascinante que todos lo quieren tener. Demasiada luz provoca también la ceguera. Los videojuegos, el entretenimiento fácil, las teleseries con dramas ajenos etc., alejan al individuo de la verdad y de sus propios pensamientos. Puede ser la raíz de la enfermedad social en la actualidad que permanece pegada a su teléfono celular que contesta todas las preguntas y lo que se necesita saber de inmediato. Ya todo está pensado y resuelto. Las fórmulas para obtener la iluminación y la salvación abundan y son tantas las ofertas que muchas veces complican el entendimiento y desvían del camino. Cuando se camina mal, se tropieza y se cae. “Cuando la limosna es mucha, hasta el Santo desconfía”, reza un antiguo refrán.

Aún existen pueblos que escuchan el mundo de una manera que muchos ya olvidaron. El monte, los árboles, la lluvia, el viento, los pájaros, etc. Para ellos todo tiene voz. Los ancianos sabios señalan que hay personas que miran mucho pero escuchan poco. Quien no sabe oír el monte no está perdido por fuera sino por dentro. Los rituales y juegos en las celebraciones colectivas siguen estando presentes en los pueblos indígenas y contribuyen a la sanación y fortalecimiento del cuerpo y el espíritu de las comunidades donde hay menos locos e insanos y menos violencia que en el mundo civilizado no indígena.

Los pueblos quechua y aymara fueron obligados a olvidar a sus dioses que sobrevivieron de manera oculta en los cantos, cuentos y leyendas transmitidos de manera oral de generación en generación. Al ser suplantadas sus imágenes y wacas sagradas por santos, vírgenes, cruces y misterios católicos se produjo el sincretismo que derivó en la celebración de las fiestas religiosas folklóricas paganas y los carnavales. Los amautas anteriores al imperio Inca son los sabios, maestros y pensadores. Los yatiri (“el que sabe” en aymara), son los líderes espirituales y médicos tradicionales. Los chamanes son los curanderos ancestrales que se encargan de mediar entre el mundo físico y el espiritual y lideran las ceremonias sagradas. Son respetados como los guardianes de la sabiduría. Los rituales de fertilidad a la Pachamama, los ciclos agrícolas y el sacrificio de animales tuvieron que ser aceptados finalmente para lograr la evangelización y sumisión de los pueblos “primitivos que se encontraban en la barbarie”.

El tinku (“encuentro” en quechua), es el enfrentamiento entre comunidades indígenas campesinas al ritmo del jula jula, un siku aerófono muy simple hecho de caña con 3 y 4 tubos que produce una música excitante y provocativa. El ritual es una pelea campal donde debe correr mucha sangre para fertilizar la tierra. Alguien tiene que morir durante los enfrentamientos y eso es considerado como un buen augurio para lograr la armonía y buenas cosechas.

Se lo celebra dos veces al año: el 3 de mayo, día de la sagrada chacana o la Cruz del Sur que fue cambiada por la Cruz de Cristo y le llamaron la Cruz de Mayo. Es la Cruz de Tunupa del imperio Tiwanacu y representa la geometría sagrada milenaria.

Es cuando dicha constelación, en el centro de nuestra galaxia está en posición vertical y señala el sur exacto. Orientación para los viajeros y navegantes. Después, para el 14 de septiembre en la fiesta del Señor de Exaltación de la Santa Vera Cruz, ambas festividades del calendario católico.

A pesar de la oposición de las autoridades y el asombro del mundo civilizado que lo considera una barbarie, el ritual (tinku) se realiza de igual manera cada año hasta el día de hoy.  

La k’owa y la ch’alla es un ritual de tiempos precolombinos que se realiza de preferencia los primeros viernes de cada mes. Está llena de simbolismos.

Consiste básicamente en quemar una ofrenda o mesa ritual que contiene: alimentos, hojas de coca, dulces con figuras simbólicas llamadas misterios, incienso, copal, lanas de colores, chocolates, cigarrillos y grasa animal (untu). Se alimenta a la madre naturaleza (Pachamama) para agradecer el alimento que nutre a todos. Se sacraliza con alcohol puro en las cuatro esquinas.

Primero se pide perdón por los errores cometidos para poder liberarse de las culpas (el pasado). Segundo, se agradece por la vida y los dones recibidos (el presente) y, finalmente, se pide por la buena salud, armonía, trabajo, dinero etc., y todos los deseos que se puedan tener (el futuro).

El pueblo Mapuche ha resistido estoicamente todos los intentos de dominación desde tiempos remotos. Su cosmovisión y espiritualidad originaria no ha podido ser erradicada a pesar de la penetración masiva de las religiones y en especial del evangelismo protestante entre su propia gente, predicado por pastores foráneos (wingkas) que se oponen a los rituales y costumbres ancestrales. Las prohibiciones de hablar su idioma (mapuzugun) en las escuelas y reuniones formales tampoco logró sus objetivos.

El Nguillatun es la ceremonia espiritual y rogativa colectiva más importante para los mapuche. Oficiado por la machi, el longko o el ngenpin quien también se encarga de dirigir el Kamarikun: ceremonia ancestral de reclamo territorial. Su objetivo es conectar con la Tierra de Arriba (Wenu Mapu) y agradecer por las cosechas, pedir por el bienestar, la lluvia, la fertilidad y mantener el equilibrio de la comunidad. Dura de dos a cuatro días y se lo realiza cada año, o cada dos o cuatro años según las necesidades de la comunidad. Participan todos, vivos y muertos. Durante el ritual se comparte comida, mate, muday (fermento de maíz o trigo) y se sacrifican animales para ofrendar a las deidades. Ngenechen. Se canta al ritmo del kultrun y la danza (purrún) imita los movimientos del ñandú (cholke purrún). Es un espacio sagrado de profunda renovación espiritual y social que fortalece la identidad del pueblo mapuche.

El palin y la chueca (término castellanizado) datan de tiempos muy antiguos. Es un encuentro sagrado, reconocido como deporte nacional en Chile desde el año 2004. Se juega entre dos equipos que utilizan un bastón curvo de madera (wiño) y una pelota de cuero, de madera o raíz (pali). Es una práctica social y espiritual para resolver conflictos, sellar alianzas y fortalecer la amistad entre las distintas comunidades. Se le considera como un antecesor del hockey.

El machitún es una ceremonia tradicional de sanación dirigida por la machi (autoridad espiritual y médica) para curar los males físicos y espirituales provocados por energías negativas. El diagnóstico es a través de los sueños (peuma), la lectura del pulso o la orina. Utiliza plantas medicinales (lawen), sahumerios y toca el kultrun (tambor sagrado) mientras canta y reza.

Los rituales en general se han envuelto en el velo del tabú. El temor a lo sagrado que para las sociedades ultra desarrolladas tienen cada vez menos importancia.

El exceso de civilización se enfoca en alimentar a la creciente masa humana con productos ultra procesados que no aportan a la nutrición sana de las personas. La manipulación genética de las especies animales y vegetales ha logrado aumentar la producción de los comestibles sin considerar la calidad nutritiva de los mismos. Las hormonas, antibióticos y fungicidas, fertilizantes y abonos sintéticos usados para mejorar el rendimiento productivo de los alimentos, contribuyen al empobrecimiento físico y mental de la gente que se ve obligada a consumirlos, y por ende al enriquecimiento progresivo de las industrias que los producen. 

Las ceremonias y festejos que necesita la sociedad contemporánea, se alejan del ritual sagrado al quedar en manos de las religiones que las administran: el nacimiento, el bautizo, las iniciaciones, las uniones conyugales, las honras fúnebres etc., pierden el sentido profundo al ser manipuladas.

Conservar lo más puro de los valores humanos como la libertad, la verdad, la espiritualidad etc., son patrimonio de los pueblos que luchan contra la corriente por mantenerlos. Los territorios dejaron de ser sagrados para ser cotizados en dinero. Entonces el ritual sagrado retrocede pero jamás se extingue. La porfía por preservar esos valores debería ser premiada y protegida porque le servirá a toda la humanidad, sin embargo es reprimida y condenada.

Hualpin, Chile, mayo, 2026

Victoruro guitarra en mano en Hualpin

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