/ Benjamín Chávez /
En el 2011, enterado de la reciente publicación de un nuevo libro de Circe Maia, lo busqué, sin suerte, por un par de librerías. Estaba en Montevideo, pero los horarios me jugaron en contra y solo dispuse de unas horas para tal cometido. El libro en pesquisa era La casa de polvo sumeria. En la última librería que encontré abierta (era domingo al atardecer), me ofrecieron pedirlo para el día siguiente, lunes por la tarde, pero, yo ya no estaría en la ciudad para entonces.
Había conocido la poesía de Circe Maia en la antología de Roberto Apratto (Antología crítica de la poesía Uruguaya 1900 – 1985), y luego, la leí también en la de Marilyne-Armande Renard (Poésie uruguayenne du XXe siècle), una antología bilingüe español-francés que tuvo, creo, poca circulación. El caso es que, entre ambas, los poemas antologados de Maia no llegaban a diez.
Así que cada que veía su nombre en alguna publicación me “precipitaba” sobre sus poemas, aunque sé que precipitar es un verbo torpe para acercarse a la obra de esta poeta, pues en cuanto uno ve sus escuetos poemas, siente que un aura de calma emerge del libro como un vaho que asciende delicadamente hasta los centros mismos de la percepción.
En todo caso, La casa de polvo sumeria no es un libro de poemas, sino de reflexión sobre “lecturas y traducciones”. Fue cinco años más tarde, en otra incursión oriental, que pude dar con un libro suyo mientras husmeaba por la ineludible calle anticuaria Tristán Narvaja. Breve sol, impreso por Banda Oriental en 2001. Ahora que el mundo es tan otro, tanto ese como varios libros suyos están disponibles gratuitamente en www.autores.uy

De ese libro quiero compartir dos poemas:
Invitación
Me gustaría
que me oyeras la voz y yo pudiera
oír la tuya.
Sí, sí, hablo contigo
mirada silenciosa
que recorre estas líneas.
Y repruebas, tal vez, este imposible
deseo de salirse del papel y la tinta.
¿Qué nos diríamos?
No sé, pero siempre mejor
que el conversar a solas
dando vuelta a las frases, a sonidos,
(el poner y el sacar paréntesis y al rato
colocarlos de nuevo).
Si tu voz irrumpiera
y quebrara esta misma
línea… ¡Adelante!
Ya te esperaba. Pasa.
Vamos al fondo. Hay algunos frutales.
Ya verás. Entra.
La invitación tendida al lector del poema busca y logra, así sea fugazmente, un encuentro y deja ver, tras su apariencia sencilla, aquella tensión profunda y perpetua que comporta la poesía. En palabras de Octavio Paz: “la consagración del instante”.
El otro poema, nos habla de nuestra condición de caducidad, y lo hace desde la más cercana cotidianidad, es decir, desde el ámbito donde se despliega la vida diaria, la experiencia más próxima, desde donde somos capaces de ver y comprender el sentido último de la existencia:
Restos
Es fácil ver el material de corta
duración, la madera, por ejemplo, los muebles…
¡No irás a pretender que permanezcan siempre!
Es cierto que ha quedado un lecho de madera
tapado por ceniza volcánica
y un barco
cuya mitad inferior
sobrevivió a un larguísimo sueño
en el fondo arcilloso del mar
y ahora, izado
muestra ánforas que tenían, según parece,
restos de aceite o vino.
Pero todos son restos.
De las grandes ciudades enterradas ascienden
las invisibles manos que arrastran, tironean,
y empujan hacia abajo nuestros muros.
¿Y los museos?
Ellos
que tanto se esforzaron por conservar las huellas
de las cosas pasadas
también han de soltarlas.
Y el remolino último se tragará las salas, las vitrinas
también aquella, que tenía dentro
un vestidito blanco, plisado:
blanco lino plisado, desde hace tres mil años.
Circe Maia nació en Montevideo, Uruguay, en junio de 1932, es autora de una veintena de libros de poesía con los que obtuvo varios galardones y, como ya se anunció hace algunos días en medios de prensa, en reconocimiento a la alta calidad de toda su obra poética, acaban de distinguirla con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, otorgado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile, a través del Consejo Nacional de Libro y la Lectura, en conjunto con la Fundación Pablo Neruda ¡Enhorabuena!


Deja un comentario