/ Benjamín Chávez /
El libro que hoy nos congrega es Alta tensión, tributo narrativo a AC/DC, una compilación de relatos y obra gráfica, compilación a cargo de Willy del Pozo quien además es el autor del prólogo, las notas y toda la concepción del proyecto Acetato, un sello abocado a la publicación de libros similares a este en Ediciones Altazor, como Gracias totales. Tributo narrativo a Soda Stereo, publicado en 2017; Hermosos ruidos. Tributo narrativo a Los Prisioneros, publicado en 2018, ambos con ilustraciones de Daniel Maguiña, y El legado de Zaluster. Tributo narrativo a Saurom, con ilustraciones de Stalin Alva, publicado en 2023.
Lo primero que se me vino a la cabeza, o quizás habría que decir, al corazón, al ver tan solo la portada de Alta tensión, fueron los “maravillosos años ochenta, donde nuestro altar mayor estaba compuesto por el equipo de sonido: amplificador, ecualizador, tornamesa y parlantes”, como acertadamente dice Willy en el prólogo del volúmen. Esta palabra: “volúmen”, es también otra cara expresión en ese ámbito musical ochentero, ya que medía en decibeles la intensidad de lo vivdo, en un momento en el que todo era permeado por la música y, de acuerdo a mi propia formación como melómano -aspecto que me hermana a Willy-, sé que era el rock uno de sus principales protagonistas. Es más, y para decirlo honéstamente, entre mis 13 y mis 17 años fui un rockero absoluto, esto es, intolerante con cualquier otra forma musical y, dentro de ese estridente universo, AC/DC, por supuesto, y con plenos derechos, ocupaba uno de los fanales de adoración en mi parnaso personal que era, ahora que lo veo en perspectiva, largo y algo tenebroso como la nave de una catedral.
No sé cuál fue el devenir específico de Willy dentro de esa cofradía universal que es el Rock, pero a mí, no sé si en algún momento determinado o muy lentamente y casi sin darme cuenta, me fue corrompiendo el jazz, la música clásica y, como cabe creo, a un latinoamericano, la salsa, el bolero, la murga la cueca, y la música criolla peruana.
Alta tensión es un libro de cuentos, de buenos cuentos elegidos, ordenados y presentados de la mejor manera posible. Hay oficio, dedicación y también pasión en la hechura de este objeto, por lo que digámoslo ya de inicio vale mucho la pena tenerlo y leerlo.

Escribir sobre música es un alto desafío. Sobre todo si lo que nos proponemos es transmitir mediante las palabras, la emoción y la adrenalina que nos hicieron sentir las notas musicales en el momento de la escucha. Esa es una reflexión que apunta al centro mismo de la creación literaria, y cabe pensar en ello ante un libro con este. Sin embargo, sin que tal cuestión quede fuera, las 27 narraciones de Alta tensión nos llevan por senderos insospechados. No son un testimonio de la experiencia estética de la escucha per se, sino que nos hacen partícipes de muchas y muy variadas vidas. Este libro nos permite sumergirnos en lo que le ocurre a la gente que se ha congregado por un momento -mágico momento-, en torno a la música de su banda favorita.
Pongamos como ejemplo el concierto de AC/DC en Buenos Aires, en el estadio de River, ese conciertazo grabado el 2009 y que es un show absolutamente lleno de potencia que no da ni un minuto de respiro o tregua. Y bueno, para qué un rockero de ley habría de necesitar una tregua no? En ese concierto, que puede verse en Youtube, y que en alguna parte del libro Willy también lo declara, creo, como su favorito, vemos a miles de miles de personas saltar, gritar, cantar y, por supuesto, no sabemos nada de ninguna de ellas.
Pues bien, leer un libro como este, podría ser una manera de asomarnos a conocer a algunos de esos fans -hablando, claro, en sentido figurado- que, con vidas tan singulares, como las de todos nosotros, se mezclan en la delirante uniformidad de una multitud rockeando. Entonces la música esta presente en este libro como un ruido de fondo del universo y nos sentimos hermanados y cómplices de una grande, inmensa tribu que tiene un santo y seña y por eso puede sobrevivir a los avatares de la cotidianidad.
Así, las páginas de Alta tensión nos sumergen en situaciones muy diversas protagonizadas por personajes no menos variados, en una experiencia enriquecedora, claro, desde el punto de vista literario, dada la calidad de escritura de los relatos, pero también, nos hacen partícipes de un momento gozoso, porque nos devuelven a la experiencia colectiva de pertenecer a la hermandad de la locomotora.

La mayoría de los escritores antologados en el libro son peruanos, pero hay también cubanos, españoles, dominicanos, argentinos y hasta una narradora potosina: Eliana Soza Martínez. Solo como muestra de la rica variedad del libro mencionemos brevemente el cuento de nuestra compatriota, por cercanía geográfica “Altoperuana”
This house is on fire, narra la historia de una colegiala harta de la mojigatería de su madre y un incesante peregrinar por varias ciudades desde que su padre las dejara. Recala así en Potosí donde encuentra una casa quemada que la atrae y una vez que se anima a entrar en ella, se siguen una serie de visitas cotidianas a ese lugar que se contituye en su refugio. Allí suceden encuentros que no detallaré y, en determinado momento tres personajes escuchan la canción que da nombre al relato.
Tal y como Willy lo detalla en “Cortocircuito”, el texto introductorio del libro que esta atinadamente ordenado de acuerdo a la dicografía de la banda australiana, el disco “Flick of the Switch vio la luz en 1983 y es el octavo volumen de los australianos. Fue el retorno a su sonido más crudo, más básico, más directo. Fue grabado en menos de un mes e incluso la portada mostró ese deseo minimalista de sencillez con un dibujo a lápiz en fondo blanco de Angus Young con su traje de colegial y accionando un enorme interruptor eléctrico. «This House is on Fire» de la boliviana Eliana Soza nos presenta una casa misteriosa, vieja, arrasada por el fuego, el lugar idóneo para una pareja de jóvenes inadaptados que buscan en la música su razón de ser, convencidos de que el pasado siempre trae cola, como un ente del más allá, para bien o para mal”. Hasta ahí la cita del prólogo.

Pongamos otro rápido ejemplo de temática, de tono narrativo del libro y poder atisbar así su contenido. Leo un párrafo del cuento Back y Black del escritor puneño Christian Reynoso: “Han crecido juntos en el barrio; han destrozado sus oídos con los mismos grupos de hard rock; han soñado juntos con tocar las mismas canciones sobre un escenario; han compartido a la misma chica, en un momento de drogas, alcohol y heavy metal, y nunca se han odiado por eso; han ido juntos a comprarse las casacas negras de cuero que luego se han vuelto inseparables de sus indumentarias; y juntos se han hecho adultos, siempre corriendo, siempre imponiendo su voluntad, siempre en música; por eso, le duele la traición”.
Así avanza Alta tensión, a lo largo de sus casi 250 páginas, como una larga sesión de escucha de la discografía de AC/DC. Al final del volumen, en la sección “Encore” hay 4 adaptaciones de letras del grupo a viñetas. Y ese detalle termina por redondear el libro como un objeto precioso que merece ser guardado -para ser hojeado y releído cuantes veces sea necesario- junto a la colección de discos de vinilo que es, como muy bien se sabe, el tesoro de todo melómano, en torno al cual gira la vida y el resto del mundo, pues, como dice Hemil García, uno de los autores del libro, en su cuento Live Wire: “la vida era una suerte de eventos encadenados en los cuales todo se resumía a escuchar rock, tocar un instrumento y beber cerveza”.


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