/ Vilma Tapia Anaya /
Luis Moya Salguero es, sin duda, uno de los profesores e intelectuales bolivianos que se destaca de manera especial por la formación multidisciplinaria que tiene. Sin tomar en cuenta su carácter de compositor, veremos cómo, desde el psicoanálisis y la literatura, Ausencia de sí nos ofrece una lúcida y renovada lectura de la poética de Edmundo Camargo.
La presencia de Edmundo Camargo en el corpus de la poética boliviana se distingue de manera especial, no solo por la materia de su poesía, sino también porque esta ha interpelado a más de un lector. Se verá en el capítulo primero de este ensayo, que Moya siguió con rigurosidad investigativa y generosa atención las huellas de quienes se ocuparon antes de la obra de Camargo. Como Alba María Paz Soldán comenta en el prólogo del libro, entre todas las investigaciones a su disposición, Moya entabla un diálogo particular con los trabajos de Fernando Prada, aquí presente, autor de dos de los ensayos más adelantados y propositivos sobre la obra de Camargo.
Considerando la experiencia extrema que marcó al poeta, es la pregunta por la muerte la que pensaríamos se impone en la lectura de su obra. Sin embargo, es precisamente a esa pregunta a la que Luis Moya reubica y la sitúa en, cito: “un modelo de análisis topológico comparativo del deseo… en torno al cuerpo, la muerte y la acción estética o visión de lo bello” (p.18).
El análisis topológico nos permite ver las intertextualidades, las recurrencias, la ubicación que se le da a cada palabra en el poema, además de recurrir para su interpretación a conexiones entre campos disciplinarios y, por tanto, semánticos distintos. Es la heterogeneidad del discurso literario la que conduce la lectura. En ese sentido, acordamos de inmediato con él en que, tal como el psicoanálisis puede llegar a ser una poética, el poema tiene la potencia de reformar y dar un sentido nuevo a la experiencia. Precisamente el lenguaje poético, metafórico, tiene la posibilidad de atravesar identidades y vivencias para situarlas en otro lugar. El lenguaje poético revierte la experiencia y la desplaza a una dimensión nueva, fundante.

No obstante su juventud o, quizá, justamente gracias a ella, Camargo mira el mundo y al mirarlo la tierra aparece como una presencia primordial, es en su poética sustrato de vida y, en el devenir de los acontecimientos, nicho prometido. Buen nicho.
Junto a Luis Moya y a todos ustedes quiero recordar que Camargo empezó a escribir muy temprano, probablemente antes de su primera crisis aguda de enfermedad. En 1951, cuando tenía 15 años, en la revista Palestra del Colegio La Salle se publicó su poema “Otoñal” (2002:147), nos asombra porque se evidencia la relación que el poeta tuvo con la palabra, y, consecuentemente, con una concepción del mundo y del mismo lenguaje. Cito unos versos del poema: “Otoño pleno de sabias consejas, / platicaremos un año tras otro año / de la luz y el trigo, sugerencias viejas”… Vemos que el fenómeno del lenguaje humano, sus recurrencias y potencia son ya un tema de reflexión y escritura para Camargo, subrayo: “sabias consejas”, sabias fábulas, es decir, sabiduría de la gente, sabiduría que entre todos es dicha; subrayo: “platicaremos repetitivamente de la luz y el trigo, sugerencias viejas”. Asombra la lucidez concentrada en estos versos: Camargo nombra a la luz y al trigo, como cosas que están en el mundo, cosas que, por su esencia, nos interpelan, nos impulsan a hablar sobre ellas, pero aun más: en el poema la luz y el trigo son sugerencia, es decir que ellas mismas son insinuación.
La experiencia de vida del joven poeta deriva permanentemente en el encuentro con su palabra, poética, metafórica, singular. En la cronología elaborada por Eduardo Mitre, hay constancia de la publicación de más de un poema de Camargo antes de su viaje a Europa. En el poema “Latitud de vida agraria”, que se adelanta a la insurgencia de abril de 1952, leemos: “La morena montaña se ha vestido de novia / sinfoniza la fronda su alado abecedario […] el cosmos del silencio / se partirá en pututus / zurciendo en la montaña girones de alegría” (ibídem: 155). Gracias a las conversaciones que sostuve con Ausencia de sí, pienso que la vocación poética de Edmundo Camargo es anterior a la enfermedad, Mitre la llama “genio poético precoz”. Es en el flujo de esa potencia espiritual, lingüística, donde suceden las experiencias circunstanciales: No puede principiar sus estudios en París, pues en el examen médico de rigor se detecta una grave afección en sus pulmones, lo internan en el sanatorio para estudiantes, aparece el amor, contrae matrimonio, nacen los hijos y, paralelamente, tiene conocimiento de su enfermedad y del peligro de muerte que esta trae, cito una líneas del poema “Salutación”: “Si […] camináramos con epidermis ronca hacia la muerte: enmohecida de tisis cantáramos la voz y el hombre, aquel restituido que olvidamos […] Horrible es esta fuerza vidente,… donde la miseria nos arranca las pleuras” (íbidem:17).
El poema en Camargo, como tan bien ha visto Luis Moya, revierte su sentido y es, cito: “la subjetivación de la propia extinción y de la vivencia de la ausencia de sí mismo” (2025:128). Camargo, afirma Moya, deja que el poema discurra “sobre la fecundidad de esta multiplicación de sentidos” (129), aquí es necesario leer unas líneas más de “Población subterránea”, el poema que Moya está analizando (íbidem:121): “Que el agua me retoñe como pólvora continua, / se me sellen los ojos como a una carta vieja de leerla / entonces: una lápida de otoño sobre el árbol / y un gusano de tiempo arañando mi médula.”
Es así cómo un lenguaje propio, de amplias y singulares posibilidades de pensamiento y de comprensión de la condición humana, más la intensa contemplación poética que distinguieron a Camargo desde su adolescencia, se agudizan en la experiencia de la enfermedad y de la muerte inminente. La atención puesta en la naturaleza y en el mismo lenguaje como fenómeno humano es evidente en los poemas publicados entre 1951 y 1956 y, a mi parecer, toman distinto aliento después del diagnóstico médico dado en París.

Siendo el lenguaje la más alta posibilidad humana que, como Walter Benjamin afirma, está encaminada a la “comunicación de contenidos espirituales” (1986: 139), hoy, en esta ocasión, atendiendo la propuesta que Luis Moya nos hace, me pregunto de qué contenido espiritual es el ser lingüístico la expresión inmediata. El ser espiritual de seres y cosas se comunica en la lengua. Las cosas se comunican con el hombre, nos lo recuerda Benjamin (ibídem:141), verdad que se revela de amplia manera en el arte.
Leo unas líneas del poema que Camargo dedica a su madre, publicado en 1953, en esencia dice: “Tú me diste esta rueca de ternura / cuando el alma titila como estrella. […] Madre: / El canto siempre dulce / cuando lo dicen tus labios / y es un follaje nuevo la sonrisa plena. […] De ti aprendimos todo lo bello: / la estructura del cuento / o el fruto del consejo […]”, pienso en la madre de Camargo y en el entorno familiar que pudo haber nutrido la primera tensión/relación que el poeta tuvo con el canto, el cuento y el consejo. Recién en esta ocasión, gracias a las reflexiones y al método con el que Luis Moya ha leído a Camargo, investigo más. En un artículo sin firma del periódico Opinión, fechado el año 2013, encuentro un homenaje al padre de Camargo, médico cirujano, que, cito: “tuvo actuación heroica en Alihuatá cuando cercado su Regimiento por tropas envolventes paraguayas logró salir y salvar a innumerable tropa” (Opinión, 2 de diciembre de 2013), el artículo resalta la vocación de servicio, la humildad del médico y el infinito dolor que le provocó la muerte de su primogénito. Vienen a mi mente palabras que configuran la poética de Camargo: arteria, pleura, córnea, saliva, deglución, cráneo…
Esta información sobre el padre, me trajo a la memoria a Hilarión Camargo, hermano del poeta, reconocido artista de teatro e inspirado titiritero. Por otra parte, todos aquí conocemos a la poeta boliviana Janina Camacho Camargo, sobrina en primer grado de Edmundo Camargo. Relaciones que destaco para pensar el lenguaje, su consistencia como elemento primario y constitutivo de la experiencia humana, pero también como construcción singular consubstanciada con la estructura y el tiempo de cada quien. Es así cómo aún intento seguir a Luis Moya en este desciframiento de las capas constituyentes del deseo, en las configuraciones semánticas y en las concentraciones de sentido que ha encontrado en los poemas. En ese sentido me pregunté cuál es la sustancia primera de lo que nos está invitando a atender Luis Moya en la poética de Camargo, qué relaciones de inicio, constituyentes tuvo Camargo con las palabras, con el paisaje, con los otros y con su asombrosa propia inteligencia. Reviso las palabras que asistirían al poeta en la experiencia de la enfermedad y de la sentencia de muerte; me admira y me conmueve la consubstanciación de sus huesos y de su carne con la tierra de su tierra lograda en el poema.
Bibliografía
Walter Benjamin, Sobre el programa de la filosofía futura y otros ensayos, Ed. Planeta-Agostini, Barcelona, 1986.
Edmundo Camargo, Obras completas, Estudio introductorio de Eduardo Mitre, Ed. Nuevo Milenio, Cochabamba, 2002.
Luis Moya, Ausencia de sí, Plural editores, La Paz, 2025.
s/a, Dr. Hilarión Camargo Lanza, Periódico Opinión, 2 de diciembre, 2013.


Deja un comentario