Para no soltarnos de la raíz

Vero López

Recuerdo haber estado especialmente emocionada por este encuentro, y cómo no. Después de notar el fastidio del conductor del taxi por tanto preguntar si ya estábamos cerca de Sacaba, me puse a pensar en la gran variedad de gente que escribe, sobre todo, poesía. Hay quien escribe mucho y jamás publicó nada en su vida, hay quienes escriben poco y son reconocidos por ello hasta más allá de la muerte; sin embargo, hay otras personas a las necesitamos para no soltarnos de la raíz, de lo que nos sostiene, por eso y por tantas otras cosas, necesitamos a Antonio Terán Cabero, el soldado.

Por fin llegamos a las puertas de un jardín hermoso. La tan querida Carmiña nos recibe y da la bienvenida a la sala donde nos dará encuentro el Soldado (un joven nonaganario con el corazón conmovido, desde que fuera militante de la palabra en la retretas dominicales organizadas por Gesta Bárbara, a las que llegaba con el uniforme de su servicio militar). En eso él apareció y puso música, “no te veo mucho pero ya sé cómo eres” me dijo con calma, parecía que nos habíamos encontrado un alma vieja, la mía, con un espíritu de niño sabio como él. En un clic perfecto pasamos la mañana y la tarde sin darnos cuenta, hablamos de mucha gente que yo sólo conoceré en libros y reímos casi todo el encuentro; Aproveché para preguntarle todo lo que se me ocurría, él respondía tan lúcido y divertido como en sus poemas. Me preguntaba algunas cosas que yo no sabía, cómo explicar, claro, mi nuevo compinche y yo nos llevamos 5 generaciones de diferencias y cambios tecnológicos, a pesar que somos colegas en gestión cultural, nuestros contextos son muy diferentes, por ejemplo, Antonio, tal vez nunca, ha usado WhatsApp, y yo ya me siento sobresaturada de él, o explicarle para qué subimos estados a las redes sociales. Estaba encantando a una de las mentes más brillantes de nuestro país, el maestro del soneto, el poeta que no le teme a las llamadas malas palabras que con sus versos ha dicho tanto. Como truco final quise tomarnos una selfie usando el sensor de movimiento del celular, la hermosa imagen de abajo es el resultado de esa complicidad fugaz.

Él no lo leyó, pero meses después de nuestro encuentro publiqué poemas de su último libro impreso a fugitivas sombras doy abrazos en el blog GRATISpoesía, y distribuí varios ejemplares que se terminaron ese mismo día. Aprovecho estas palabras para saludarte querido Antonio.Sé que hay chicos y chicas jóvenes retomando de ti el soneto.

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