/ Tatiana Alvarado Teodorika /
Ante la aparición de la edición crítica de la Primera parte del Parnaso Antártico de Obras Amatorias de Diego Mexía de Fernangil, originalmente publicada en Sevilla en 1608, conversamos con la investigadora Tatiana Alvarado Teodorika, editoria de la obra y autora del estudio introductorio y las notas.
ED: ¿Quién es Diego Mexía de Fernangil?
Tatiana Alvarado Teodorika: Todo lo que sabemos de Diego Mexía de Fernangil es fruto de un trabajo de investigación de quienes se ocuparon y preocuparon por su figura, y esos estudios fueron la base y cimiento de los míos, posteriores, en los archivos de Sevilla, Lima, Cusco, Sucre y Potosí. Diego Mexía de Fernangil nació en Sevilla en alguna fecha en torno a 1558 o algo anterior. Era hijo de Diego Mexía de Fernangil y de doña Juana de Cabrera. De su padre sabemos que era natural de Cazalla de la Sierra y que fue una de las principales figuras del comercio de libros del último tercio del Quinientos, muy importante en el comercio de libros transatlánticos.
Nuestro poeta zarpó a Indias, hacia el virreinato del Perú, alrededor de 1577, muy probablemente para hacerse cargo del negocio familiar en el sur del continente. Para 1590 Mexía residía en Lima, allí contrajo matrimonio con María Cotes de Miranda, y con ella tuvo tres hijas y dos hijos. En 1596, hizo un viaje de Lima hacia la Nueva España y en el camino compró un libro de las Heroidas (cartas ficticias de heroinas de la Antigüedad) y el Ibis (una invectiva muy violenta) de Ovidio. Tradujo catorce epístolas en el camino a Tenochtitlán y las siete restantes a su llegada a la ciudad, y el Ibis, a insistencia de sus amigos en la capital mexicana, porque allí permaneció por espacio de un año porque la embarcación que esperaba con mercancías de la Península no había llegado debido a que el puerto de Cádiz había sido tomado por el II conde de Essex, Robert Devereux.
En su viaje de regreso, en el virreinato del Perú, lo encontramos en Potosí en octubre de 1600, donde recibió una petaca de maravedís y abalorios de la China y algo de seda; y en noviembre de 1600, nuevamente en la Ciudad de los Reyes. Es probable que estos vaivenes entre Lima y Potosí tuvieran como meta el futuro establecimiento de la familia Mexía en la Villa Imperial; de hecho, volvemos a encontrarlo en Potosí en 1601, y nuevamente en Lima en 1602. En 1605, abre una pulpería en La Plata, y en 1608 sale de la imprenta sevillana su Primera parte del Parnaso Antártico de obras amatorias. No sabemos si pudo llevar él mismo su manuscrito o si tuvo que encomendarlo a alguien para que llegara a manos de su hermano, Fernando, también mercader de libros, a quien se le había otorgado los privilegios del libro, es decir, la concesión real para publicarlo. Podemos pensar que a partir de 1614 se asienta en Potosí, donde pidió que se le diera la aprobación para abrir una tienda de contrastes el 17 de junio de 1615, es decir, un oficio público para pesar las monedas de oro y plata; en febrero de 1616, Diego Mexía de Fernangil firma con otros 19 mercaderes (entre los que figura su futuro yerno, Diego de Mayuelo), todos como «vecinos e residentes en la Villa Imperial de Potosí de la provincia de los Charcas del Perú», y también a petición de los mercaderes de Lima, pidiendo al Consulado de esa ciudad que se nombrara una o varias personas para solicitar a la corte del Rey y Consejo de Indias establecer otro Consulado en Potosí, argumentando que las compras de mercancías se acababan rápidamente en Lima. Además, pedían que cesara la entrada de mercaderías por el puerto de Buenos Aires porque afectaba a los mercaderes de los reinos del Perú. Todo un visionario.
En Potosí compone su Segunda parte del Parnaso Antártico, cuya edición está preparando un grupo de invetigadores en Lima, Santiago de Chile y Madrid, y cuyo manuscrito se halla en la Biblioteca Nacional de Francia. Lleva la fecha de 15 de enero de 1617. Diego Mexía de Fernangil firma como ministro del Santo Oficio de la Inquisición en la visita y corrección de los libros, y consta que ocupó este cargo al menos desde 1616, es decir, a partir de que se estableciera en la Villa Imperial. Podemos constatar su labor como ministro del Santo Oficio de la Inquisición en siete obras que llevan su firma y su aprobación, libros que provenían de Lyon, de Amberes, Basilea o Madrid (presentes en su mayoría en la biblioteca de la Compañía de Jesús de Potosí). Mexía no podía prever que su elección de establecerse en Potosí coincidiría con una etapa crítica y de tensiones en la ciudad: la epidemia de sarampión de 1619, la que conocemos hoy como Guerra entre Vicuñas y Vascongados (entre 1622 y 1625), la inundación de la laguna de Cari-Cari o de San Ildefonso, en 1626; y a esto se sumó la muerte de su yerno, Pedro Julián de Mondragón, y la de su hija, Francisca Mexía de Miranda, en 1624 y 1627 respectivamente. Diego Mexía de Fernangil murió en 1634, afligido por alguna enfermedad, y ha quedado perdida su Tercera parte del Parnaso Antártico, que espero podamos descubrir escondida en alguna biblioteca en algún lugar del mundo…

¿Qué nos puedes decir de la Primera parte del parnaso antártico de obras amatorias?
La Primera parte del Parnaso Antártico es, por un lado, la primera traducción completa al castellano de las Heroidas de Ovidio y la primera traducción a una lengua vernácula del Ibis, también de Ovidio. Ambas vienen antecedidas, de un largo poema, de 808 versos, titulado «Discurso en loor de la poesía» que es una suerte de preceptiva poética. A este poema se han dedicado varios estudios por varias razones. La primera, tal vez, es porque los versos son de autoría anónima pero el yo poético dice tratarse de una señora versada en lengua italiana y portuguesa; sobre su identidad se ha conjeturado mucho con el objetivo de desvelarla, cosa casi imposible considerando que muy poco o casi nada sabemos de las mujeres letradas que escribían en esa época en el virreinato. Otra de las razones por las que se ha estudiado el «Discurso» es porque en su composición y revista de poetas desde la Antigüedad grecoromana y bíblica, nombra a los poetas italianos renacentistas, se refiere a los españoles de la época y finalmente, a las tres poetas del virreinato del Perú (tres mujeres que no nombra) y canta a los poetas ‘antárticos’, los poetas que vendrían a ser quienes componen lo que se conoce como ‘Academia Antártica’. Es decir, en el «Discurso» se funda lo que ha venido a conocerse como ‘Academia Antártica’ en la que participan poetas que conocemos hoy, como: el ecijano Diego Dávalos (o Ávalos) y Figueroa, autor del primer libro poético que se compuso en la ciudad de La Paz, la Miscelánea Austral; el malagueño Miguel Cabello de Balboa, autor de la Miscelánea Antártica; o el angolino Pedro de Oña, autor del Arauco domado; y el propio Diego Mexía de Fernangil, claro.
La Primera parte del Parnaso Antártico en tanto traducción de las Heroidas de Ovidio fue recuperada en el siglo XVIII, se le quitó todo texto que tuviera que ver con el siglo XVII (prólogo, comentarios del autor en margen y los comentarios morales que seguían a cada una de las epístolas) y se lo publicó en por lo menos 16 ocasiones hasta el siglo XXI como la traducción canónica de las Heroidas. Esto significa que la censura y todos los añadidos que Mexía hace a las epístolas atraviesan el tiempo y forjan un imaginario común a través del tiempo en todos los lectores de la obra (de las ‘Heroidas’), un imaginario que difiere del que crea el original latino.
La Primera parte del Parnaso Antártico en tanto traducción del Ibis, es muy importante para quien se interesa en conocer la historia de la transmisión de ideas pues, en este caso, Mexía de Fernangil se sirve de una edición renacentista muy probablemente de finales del siglo XV que reune ambas obras (las Heroidas y el Ibis), y que cuenta con amplios comentarios marginales de humanistas a los versos. Mexía revisa estos comentarios y los sintetiza e incorpora también en margen en su versión, pero en algunos casos incorpora los comentarios al cuerpo mismo del Ibis, es decir, en los versos. Es, como digo, muy interesante observar el proceso de transmisión de las ideas a través del tiempo y el espacio, su simplificación y transformación…

¿Cuál es la importancia de este libro para un lector boliviano?
Creo que la literatura forja una comunidad que no tiene fronteras porque lo bello no las conoce. Ahora bien, la literatura también contribuye en la constitución de la identidad, de la propia, pero también reverbera, indefectiblemente, en la identidad nacional. A propósito, recuerdo una vieja emisión de televisión, en blanco y negro, en la que cantaba Mercedes Sosa en Italia (si no me equivoco), y entre una y otra canción, recitó unos versos del Martín Fierro, refiriéndose a él como el poema de todos los argentinos… No sé cuál es el poema de todos los bolivianos, no sé si podríamos siquiera ponernos de acuerdo para convenir en uno, pero sí creo que la literatura nos construye, nos erige y nos hace mejores. Si hace falta que el autor de una obra monumental e imprescindible para la historia de la traducción en nuestro idioma haya caminado y hecho vida en lo que hoy son las fronteras que dibujan los límites del país, de Bolivia, entonces habrá que recordar los años que Mexía de Fernangil vivió en Potosí, y sus estancias en La Plata, para determinar la importancia de la Primera parte del Parnaso Antártico para un lector boliviano.
¿Cómo fue que diste con él?
Andrés Eichmann puso en mis manos una fotocopia de una edición facsímil que había publicado Trinidad Barrera en 1990. Para quienes no lo saben, una edición facsímil es una suerte de copia de una edición antigua, sin notas explicativas de ningún tipo para guiar al lector de hoy, pero es una excelente manera de dar a conocer una obra que había quedado sepultada en el tiempo. Es así que debo a Andrés el haber descubierto los versos de Mexía y a Trinidad Barrera el haber sacado aquella edición facsimilar, que yo leí en fotocopias, como se leían y aún se leen (cuando se leen) tantos libros en Bolivia.
¿Nos compartes un fragmento del libro?
¡Con todo gusto!
Del estudio introductorio:
- LA PORTADA
Tú me tienes amor porqu’en el polo
nuestro no has visto rostro como el mío,
y yo t’estimo como a nuevo Apolo.
Elena a Paris (vv. 409-411)
El juego evocador del título que eligió Mexía de Fernangil se refleja parcialmente en la portada de la obra. En ella se lee, en la parte superior, el título ya mencionado, seguido por la dedicatoria y la autoría; y en la parte inferior, el lugar de privilegio y el nombre del impresor (Alonso Rodríguez Gamarra). El emblema en el centro de la portada es representación gráfica del Parnaso, con sus dos cumbres, de las que salen dos filacterias ondeando hacia arriba y en las que está inscrita la divisa «Plus Ultra», todo ello parece inscribir la obra, desde su portada, en una conocida y reconocible tradición pues las columnas con esta divisa, junto a otros elementos propagandísticos carolinos como los escudos imperiales y de Castilla, águilas bicéfalas y toisones de oro, tuvieron mucho éxito en el mundo editorial a partir de la boda del emperador Carlos V, en 1527. El sol brilla en lo alto de ambas cimas, a juzgar por su personificación estaría representando al dios de la poesía, Apolo, coronando ambas cumbres, delante del cual mana el agua de una fuente, y puesto que del Parnaso se trata, el imaginario recurre a la fuente Castalia, que se hallaba en la vertiente del dicho monte.
Entre las líneas del óvalo que encierra esta imagen se lee: «si Marte llevó al ocaso las dos colunas, Apolo llevó al antártico polo a las Musas y al Parnaso», recordando, con estas palabras, que las conquistas de los españoles fueron más allá de las columnas antes conocidas, llevándolas hasta un nuevo Occidente, en el Nuevo Mundo. La idea de la portada de la Primera parte del Parnaso Antártico se halla también en la dedicatoria, cuando Mexía declara que «es justo que se entienda que habiendo ella [España] con tanta gloria pasado sus columnas con las armas, de los límites que les puso Alcides, también con ellas pasó las ciencias y buenas artes, en las cuales florecen con eminencia en estos reinos muchos excelentes sujetos», y el eco de esta idea vuelve a oírse en la epístola de Elena a Paris (vv. 409-411), la decimosexta, en los versos que hacen de cita liminar a este apartado.
En todo este escenario, dos manecillas llaman la atención del lector, que detiene la mirada en dos informaciones: que la Primera parte viene «con» las 21 epístolas ovidianas y el Ibis, y que se publica con privilegio en Sevilla.
De la obra: (los versos en cursiva son de Mexía de Fernangil)
Hero a Leandro
Epístola décima octava
Para que la salud que m’enviaste
de palabras, con obras yo posea,
¡oh dulce bien, que l’alma me robaste!,
ven, nada el mar y ponte do te vea,
aquella que con sola tu esperanza 5
se alienta, alegra, vive y se recrea.
Cualquier pequeño espacio de tardanza
qu’en mi contento y gusto s’atraviesa,
tiene d’eternidad la semejanza.
Perdona a quien su culpa te confiesa, 10
qu’estoy de puro amor tan impaciente,
qu’amo con impaciencia y hablo opresa.
Un fuego igual nos quema, y no igualmente,
por ser de ti mis fuerzas desiguales,
qu’en fin, siempre el varón es más valiente. 15
Y así como los dioses inmortales
dieron cuerpo más tierno a las mujeres,
así más sienten d’el amor los males.
Yo desfalleceré si no vinieres,
y si tu ausencia fueres alargando, 20
abreviarás mi vida y mis placeres.
Vosotros, ya las fieras acosando,
ya labrando jardines y heredades,
la tardanza d’el tiempo vais pasando.
O con los tratos qu’hay en las ciudades, 25
en l’audiencia, en la plaza, do se muestra
variedad de diversas variedades.


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