/ Antonio Mario Molina Guzmán /
Para honrar tu memoria me detendré brevemente, solo en dos episodios cuyos frutos son señeros y atemporales; constituyen solo una muestra de la obra portentosa que nos legas.
Las organizaciones originarias, los ayllus en el caso de Coroma, tienen peculiares y complejas estructuras en las que las vidas personales están entrelazadas como hebras en el entramado de la urdiembre social, en la que discurren todas las faces que sostienen la vida en sociedad.
Cuando La normalidad de la vida en comunidad enfrenta de improviso una disrupción que proviene de adentro, la indisposición social es profunda y dolorosamente desgarradora, porque evidencia una falla estructural del propio corpus.

El desasosiego y azoro visceral que produjo en los ayllus, la venta de los tejidos sagrados de Coroma en la década de los ‘80, provino de la comprobación de que los cimientos de su estructura social y organizacional, se resquebrajaron después de milenaria confianza en su propio espíritu; vale decir, en su sistema de creencias, aquellas que dan la certidumbre a la vida de las sociedades.
Hasta ahora me pregunto: ¿Quién, qué fuerza cósmica, qué almas en pena condujeron tus pasos a Coroma, para asistir al cataclismo que te envolvió y comprometió hasta la médula de tus huesos? Debió haber sido un tiempo tan aciago que abrió en ti el tercer ojo para ver los terribles meandros de los espíritus desesperados. Solo tú escuchaste cuan profundo y dolido era el lamento afligido de las almas tutelares, pidiéndole a una simple mortal que les guiara por los senderos desconocidos del mundo q’hara, para recuperar sus aksus, sus awas sagradas.
Pio Cruz Flores supo que, sin tu guía y tu acompañamiento, su sabiduría de Yatiri mayor no hubiera sido suficiente. El conoció tu monacal entrega a tus propias convicciones, francas, abiertas y sin dobleces. Él y tú fueron ungidos por fuerzas y voluntades -que los mortales comunes no alcanzamos a entender- para intentar un imposible, para asir con la punta de los dedos un sueño, para recuperar los tejidos sagrados de Coroma, antes del muy próximo e inminente martillazo en una casa de remates en California.

Después de un viacrucis legal, diplomático, económico y humano; 43 de los 56 aksus que el filibustero y traficante gringo Esteven Berger quiso subastar, regresaron a Coroma. ¡Vencieron la batalla imposible! ¡Todo debió haber sido fiesta y reconocimiento! Sin embargo, las secuelas dentro de los ayllus marcan un antes y un después; la purulencia de la traición y la complicidad bastarda, infestaron todo el entramado social. La malpagadora venganza de quienes quedaron expuestos, comenzó con rumores, con índices espurios señalándote para cubrir su desnudez moral absoluta. Tu flanco débil fue ser ajena a la urdiembre de los ayllus, pese y aun cuando tu fugaz pero profundo paso por Coroma, les devolvió el soplo vital existencial. ¿Cuál hubiera sido el desenlace si los tejidos no hubieran retornado?
La venganza no solo fue de los individuos desenmascarados, eran solo la punta del iceberg. El aparato sumergido flota con corrupción, transita canales de tráfico ilícito de bienes culturales, que cruzan fronteras, pasan por aduanas, controles, medios de transporte, para arribar a elegantes casas de remate en las metrópolis, en las que tiene montado un sistema sofisticado de legalización y blanqueamiento del expolio en todo el mundo. Todo ese aparato se movió para denostar tu nombre y tu prestigio prístinos, para escarmentar a quienes traban el lucrativo negocio que explotan con solvencia imperial desde hace siglos y tienen el desparpajo de exhibirlos en colecciones privadas o en marmolados museos en capitales y ciudades de renombrada fama de occidente.
Toda su furia y saña, no alcanzarán a opacar tu obra y tu legado. Afortunadamente tuviste la lucidez de documentar cinematográficamente la epopeya referida, con las cámaras de Chichizo López (Eduardo López Zavala) por medio del reconocido y premiado documental “El Camino de las Almas”:
Gracias infinitas por tu legado. Seguramente estarás transitando los caminos que permitieron recuperar los tejidos sagrados. Quienes te ungieron para tan misteriosa y casi imposible tarea, te habrán recibido agradecidos, habrán orlado tu frente con guirnaldas y arropado tu cansado cuerpo con los tejidos que ellos protegen. Ahora habitas en cada hebra de vicuña milenaria, en cada fibra de alpaca pretérita; pese a quien pese, eres ya parte de los Sagrados Tejidos de Coroma.
La Paz, enero de 2026


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