El 23 de octubre del año pasado murió Robinson Quintero Ossa. Nació en Caramanta (Antioquia, Colombia) donde, en su infancia, vivió “el primer signo del asombro”, donde sintió por primera vez la poesía “pero sin saber que era la poesía”. Los títulos de sus poemarios configuran una poética: De viaje, Hay que cantar, La poesía es un viaje, El poeta es quien más tiene que hacer al levantarse, Los días son dioses y El poeta da una vuelta a su casa. El volumen Invitados del viento recoge su poesía reunida.
Su fértil mirada de lector se muestra en sus libros de ensayo, como El lector que releyó a Eugenio Montejo. Arte poética de la lectura.
“Los poemas lo escriben a uno”, decía. Y también: “Poesía es aquello que sólo se puede escribir de una sola manera”.
El poeta es quien más tiene que hacer al levantarse
El poeta es quien más tiene que hacer
al levantarse:
saludar el día
espantar los pájaros amargos
limpiar las palabras
regarlas y vigilar
que no mientan
No reproches su caminar ausente
su diligencia en nada
esa forma de cantar
Hormigas
Descansen descansen laboriosas
Toda la jornada
debajo de la mesa
han cargado
rumbo al escondrijo
las migas de mi comida
¿A qué tanto afán?
Les diría:
cosechen ahora
vendrán días de escasez
Pero el poema es azaroso
–llevará tiempo–
y otras migajas rodarán al piso
junto al papel hecho trizas
No apuren pues obreras
Tengan alegre recreo
Que yo
como otra hormiga
–solitaria–
seguiré mi tarea
hasta que no caigan más de mi mesa
estos versos
Sin amor
Camino por los baldíos de la ciudad
me complazco con el ruido de las hojas
silbo a los pájaros
espanto a las palomas
Sin amor canto en medio del mundo como en el centro
de un solar antiguo
traigo otra vez a casa mis afanes
miro desde mi ventana las horas
permanezco
persevero
doy de comer a las palabras
Mesa puesta
Mi comida solitaria te ofrezco hoy
Señor
y este poema que susurro
en el silencio de mi cuarto
Contra la ventana sopla el viento
de costado
Mi corazón se angosta en las hendijas
Quien no vino hoy
no vendrá mañana
Mi corazón se angosta en las hendijas
Alto ahí
El amor es un atracador
No sabes en qué momento te asalta
ni en qué lugar
ni de qué modo
ni con qué porqués
El amor es un atracador
Y sabes que no pide la bolsa
sino la vida
No se conforma
con cosas de valía
el amor
Y desconoces si lo volverás a ver
Y desconoces si te devolverá lo hurtado
Agazapado en la sombra
está el ladrón
que te asaltará la vida
La otra Ítaca
Siempre se ha dicho:
el camino es largo
Para arribar a tal o cual Ítaca
hay obstáculos
extravíos
y pocos atajos
Se necesita de algo más que ardentía
y arrojo
Y se dice también
que al final de la ardua jornada
espera a cada uno la recompensa:
la paciencia es hermosura
después de la niebla hay sol
sacrificio añade sabiduría
Pero sé de lugares jamás encontrados
en los que el hombre ha quedado
en la intemperie
Si no es la dicha el mismo camino
si no es cada paso el puerto
no emprendas el viaje
No siempre se nos espera
No todos llegamos a tiempo
Cuaderno
Mientras doy una vuelta a la casa
me amonesto
porque hace tiempo
no escribo un poema
Pero ¿por qué
para celebrar el mundo
debe haber en mi cuaderno
versos?
Bien puedo ser feliz sin decir
Si mientras digo
lanzo guijarros al agua
o espanto a las palomas:
un poema es lo que no esperas
Es muchas veces menos que silbar una calle
Y no es muy distinto del sol que se para
en medio del cielo
Lo mejor es hacer silencio
O hacer como el pájaro que dice
sin saber que dice
(Selección y nota de Diego Valverde Villena)

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