Soñando en chino: la poesía es un tren de alta velocidad

/ Carmen Lucía Carvalho /

Se puede soñar en un idioma que no hablamos? Le pregunto al buscador de confianza mientras trato de asimilar los ocho días que estuve en China. Tengo tanto por escribir y contar sobre el viaje que las ideas revolotean como las pelusas que sueltan mis dos gatas al sacudir el edredón de la cama. Al empezar este texto pienso que debo contar un poco sobre mi relación con la escritura y la lectura porque es así que de una u otra manera llegué a conocer tierras lejanas. “Cierra los ojos y verás claramente” escribió Lao-Tse y la literatura, para mí ha significado una forma de hacer justamente eso, cerrar los ojos para ver con más claridad. Mis primeras lecturas fueron a través de libros que venían con grabaciones en casete. Desde entonces aprendí a cerrar los ojos e imaginar, la literatura como medio de transporte hacia territorios desconocidos, destinos con dragones y montañas infinitas, princesas y castillos, animales y ríos, monstruos y héroes. Cuando empecé a escribir mis pensamientos, no sabía hasta dónde me podría llevar mi escritura.

Vengo de una familia donde la lectura y escritura son una forma de vida. Mi padre es narrador y poeta, que cual mago, se pasea por todos los géneros literarios y no pasa un solo día sin escribir ni leer, su hábitat natural es la literatura. Su padre, mi abuelo, también escribía y lo hacía sobre todo para documentar la historia de su pueblo, Santa Ana de Yacuma en el Beni, el Amazonas boliviano. Su madre, mi abuela, es una narradora oral exquisita, podría pasar horas escuchando sus historias aunque las repita una y otra vez. Así fue que la escritura me llegó por la sangre. Una herencia que a veces resulta más pesada de lo que se podría creer. Un regalo precioso que guardo y cuido con cariño. Un peso que por momentos desorienta y agota. Y creo que el último año me sentía así, desorientada. Era como si las palabras se me hubiesen agotado. En medio de aquella crisis existencial aparece, muy temprano en la mañana, la notificación de un nuevo correo. Lo abro y veo la invitación al International Youth Poetry Festival de la China Writers Association. Fue como despertar de un sueño a otro. Los meses antes de partir, parecen recuerdos borrosos entre papeleos, expectativas y ansias.

Durante el viaje escuché a un poeta decir que la poesía está en la lejanía. Lo confirmé. Encontré la poesía a dieciocho mil kilómetros lejos de casa. La encontré en las letras de los demás poetas invitados, chinos y latinoamericanos. En los rostros y la amabilidad de los estudiantes y traductores voluntarios. En las fascinantes pagodas y las noches iluminadas. La poesía estaba en los soldados de terracota, siendo descubiertos por accidente después de miles de años. La poesía estaba en un viaje en tren bala, recitando poesía a 300 km/hr. En la muralla China y en ella, imaginar un dragón dormido en medio de bosques frondosos. La poesía estaba en buscar lo prohibido en la ciudad prohibida con Thais. En las charlas por horas mientras viajábamos con Jessica y Benjamín. En todas las conversaciones con los poetas y traductores mientras íbamos en bus de una actividad a otra. Esa poesía que encontré en la lejanía es la que conocí desde pequeña en las historias de dragones y murallas. Nunca, ni en mi sueño más alocado, creí que mi poesía me pudiera llevar hasta ustedes, que conozcan mis poemas, que sean traducidos a un idioma tan hermoso y milenario como es el chino.

Conocer Xi’an me mostró la belleza de combinar lo patrimonial con lo moderno, además de conocer su historia y su apertura hacia las otras culturas del mundo, siendo uno de los puntos de inicio de la globalización a través de la ruta de la seda. Conocer Beijing también fue fascinante. La comida, los paseos, incluso el sentirse desorientada por no entender los ideogramas chinos, esa extrañeza de ver lo conocido con otros ojos. Cada detalle fue parte inolvidable de un viaje que aunque pueda parecer corto, aún se extiende en mi memoria. “En el futuro, cuando me encuentre con amigos de tiempos pasados, declararé: Ahora he barrido el polvo elevado del mundo.” dice un poema de la poeta Qiu Jin y deseo recordar aquellos versos cuando en el futuro vuelva a ver a las amigas y los amigos que encontré en este viaje.

Al llegar a casa, un amigo poeta del Perú me envió un mensaje: “Cuando te dije en Santa Cruz ‘tienes que salir’, ¡no era para que me tomes tan en serio y termines en China!” En mi ciudad natal, a pesar de la globalización, por momentos podemos sentirnos en una inquebrantable burbuja a prueba de cualquier vínculo con artistas de otros países, por eso agradezco profundamente a la poeta Zhao Si por haber leído mi poesía y seleccionado para participar de este festival tan hermoso. Este viaje fue para mí un reencuentro y un redescubrimiento con la poesía que siempre guardaré en el corazón. Gracias a toda la organización del festival por hacerme soñar en chino. Gracias por este viaje eterno.

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