De izquierda a derecha: Jesús Urzagasti, Fernando Prada, Eduardo Mitre y Luis H. Antezana. La fotografía está en la casa de Eduardo Mitre en Nueva York, quien, por vía de sus amigos Débora Z. Alcázar y Gonzalo Lema la compartió en redes sociales.
Consultado por El Duende, acerca de cuándo y dónde fue tomada la fotografía, Eduardo Mitre cuenta: El fotógrafo es el reconocido Hugo Estenssoro, que un día me llamó para decirme que radicaba en Nueva York, y que deseaba tomarme unas fotos. Concertamos el encuentro en Madison Square Park, donde me tomó varias. Luego me dijo que tenía un obsequio para mí, y envuelto en un sobre acolchado me entregó la fotografía en cuestión. Hugo la había tomado décadas atrás, en 1979 –año en que se publicó Mirabilia– , en una de tantas veladas o trasnochadas (como se ve, copiosamente rociadas pero invariablemente bien conversadas) que tuvimos en el apartamento de Jesús Urzagasti. En su estudio de Manhattan, Hugo acababa de descubrirla al revelar los varios rollos que de antaño guardaba sin que vieran la luz. Así, una cadena de propicios azares y coincidencias traza la historia de esa foto que conservo en la sala, posada en una repisa cubierta con un bordado, junto a otros objetos muy queridos. En la foto misma puede verse, colgada de la pared, con marco medio barroco, una fotografía de Kafka, tan venerado por nuestro genial escritor.
Añado aquí que ya entonces, sin saber por qué, y sin pensar ni por asomo en el insigne compositor, de “Rigoletto”, yo le decía a Jesús “Giusepi”. El apodo prendió pronto en el grupo, de tal modo que cuando viajaba a La Paz no era raro que Blanca Wietüchter en su casa me repreguntara: “¿Sabe Giusepi que estás aquí? Podría invitarlo a cenar esta noche”. Y Cachín, a mi vuelta de La Paz: “¿Lo viste a Giusepi? ¿Ya terminó su nueva novela?”. Y lo que aún hoy más me sorprende es que Giusepi nunca me preguntara por qué lo llamaba así, y tampoco su familia que lo tomaba como natural.
Ahora, contemplando esa fotografía en la que Giusepi brinda efusivamente con Cachín, agradezco la amistad de ambos: tan franca, generosa y fraternal que no imagino mi vida sin ellas.


Deja un comentario