Mujeres artistas de Bolivia: Una mirada histórica

/ Reynaldo J. González

Conversamos con Reynaldo J. González, autor de Mujeres artistas de Bolivia, libro en el que confluyen múltiples miradas que configuran una panorámica histórica muy relevante, y que también incluye un diccionario bibliográfico con más de 700 artistas.

ED: Tú que eres un gran conocedor del arte boliviano ¿viste una necesidad o vacío historiográfico que te motivó a crear este libro?

Reynaldo J. González: Revisando la bibliografía artística en Bolivia se identificó, efectivamente, un gran desequilibrio entre la cantidad de artistas varones y mujeres citados en los libros de autores como Rigoberto Villarroel, Teresa Gisbert, José de Mesa y Pedro Querejazu, desequilibrio que se repite en las colecciones de arte oficiales del gobierno central y de los municipios que tienen muchas más obras de artistas varones que de mujeres. Entonces creemos que, aunque figuras como Marina Núñez del Prado y María Luisa Pacheco, entre muchas otras, son ampliamente conocidas, por lo general las contribuciones de las mujeres en el arte han sido historicamente infravaloradas o invisibilizadas.

¿Cómo estructuraste el proceso de investigación tomando en cuenta que abarca desde el siglo XVI hasta la actualidad?

Se buscó ilustrar la inserción gradual de la mujer en el campo de las artes a lo largo de casi un siglo y medio, por lo que fue muy importante hacer un trabajo investigativo que pueda dar luces sobre la labor de cientos de mujeres que no son muy conocidas. En ese sentido, se hizo un trabajo de búsqueda de informaciones en archivos y bibliotecas que pueda complementar las visiones ya ofrecidas en los libros de historia del arte para presentar un panorama lo más completo posible. De manera complementaria, se buscó un trabajo que ofreciese miradas plurales por lo que el libro incluye textos de renombrados investigadores como Michela Pentimalli, Luciana Molina, Juan Fabbri, José Arispe, Roberto Valcárcel, entre otros.

¿Cuáles fueron los mayores desafíos al rastrear obras y nombres de artistas mujeres en los períodos más antiguos?

La historiografía del arte boliviano empieza propiamente en la década de 1950 con el trabajo del crítico Rigoberto Villarroel y los primeros estudios de arte virreinal de los arquitectos José de Mesa y Teresa Gisbert. Antes de esos trabajos, hay una cantidad muy limitada de ensayos y monografías sobre arte boliviano que, por lo general, ofrecen informaciones muy sintéticas o imprecisas. Entonces, el principal desafío fue buscar nombres de mujeres artistas en fuentes que no presentan una visión propiamente histórica como memorias, artículos periodísticos o trabajos sobre otras áreas.

¿Qué fuentes primarias o archivos resultaron más reveladores?

Teniendo en cuenta las limitaciones de la bibliografía artística boliviana resultó muy importante buscar informaciones en diarios y revistas de la primera mitad del siglo XX. Estas publicaciones son una fuente muy rica de datos de una época que no ha sido apropiadamente estudiada en el ámbito cultural. Los contenidos de periódicos como “El Diario” , “La Noche”, “La Razón” y de revistas gráficas como “La revista de Bolivia” y “La Semana Gráfica”, entre otras, muestran que la actividad cultural de las décadas de 1900 a 1930 fue bastante importante, contrariando esa idea de que el arte boliviano comenzó recién con el indigenismo de los 30s.  Hay que reconocer, sin embargo, que una de las principales deficiencias del trabajo fue la imposibilidad de consultar fuentes primarias como podrían ser archivos familiares o colecciones privadas, que podrían develar la existencia de muchas más mujeres artistas a finales del siglo XIX y comienzos del XX.

¿Qué criterios utilizaste para decidir qué artistas incluir y tuviste que dejar fuera a algunas artistas? ¿Por qué?

La selección de las artistas estudiadas en los ensayos y en las monografías extensas del libro tuvo únicamente que ver con la disponibilidad de información en la bibliografía artística existente, por lo que de alguna manera el trabajo corrobora el canon artístico vigente repitiendo los nombres de las artistas de mayor influencia y proyección social: Nuñez del Prado, Pacheco, María Esther Ballivián, Inés Córdova, Francine Secretan, Guiomar Mesa… entre otras. Dado que el tema es muy amplio fue imposible incluir a todas las artistas del país, muchas de las cuales merecen sin duda mayores estudios por sus contribuciones –entre ellas la orureña Magda Arguedas o la muy notable Graciela Rodo–. Sin embargo, de alguna manera se consiguió subsanar esta mirada limitada incluyendo en el libro un Diccionario de mujeres artistas con datos sobre más de 700 pintoras, dibujantes, grabadoras, escultoras, ceramistas,  collagistas, etc. Creo que esta parte del trabajo demuestra que todavía hay mucho que estudiar y que sin duda hay muchas artistas que merecen aproximaciones de mayor profundidad.

¿Cómo equilibraste la presencia de artistas “históricas” con artistas contemporáneas?

Precisamente a través del Diccionario de mujeres artistas que incluye una cantidad mayor de informaciones sobre artistas activas en la actualidad que de artistas del pasado que ya fueron consignadas en otros estudios. Es precisamente en el Diccionario donde se da una mirada a la actividad actual de cientos de mujeres en los 9 departamentos del país, mostrando por ejemplo, el surgimiento de al menos dos generaciones importantes de mujeres artistas en Santa Cruz o la importante actividad de decenas de artistas egresadas de las instituciones de formación artística de Potosí y Cochabamba.  Creo que si se revisa detenidamente el Diccionario se puede evidenciar la presencia de muchas mujeres que están sobresaliendo cada vez con mayor incidencia en los concursos de arte nacionales o a través de exposiciones en galerías y museos. Entonces creo que el libro presenta una visión equilibrada entre lo histórico y lo actual.

¿Qué artistas, obras o procesos creativos te parecieron más adelantados a su tiempo?

Yo diría que analizar el arte de las mujeres en sus propios contextos y presentar a las mujeres en su papel de renovadoras de la plástica boliviana es una de las principales contribuciones del trabajo. Se señala, por ejemplo, la importancia de Elisa Rocha como primera artista profesional en un contexto dominado por artistas varones, la inscripción temprana de Núñez del Prado en el Indigenismo y su rol como precursora del abstraccionismo en la década de 1940, y la adscripción de Pacheco y Ballivián a corrientes internacionales como el expresionismo abstracto y el informalismo en las décadas de 1960 y 1970, cuando en Bolivia aún prevalecía un indigenismo figurativo de corte social ya un tanto anacrónico.  Creo que uno de los mejores ejemplos en este tema puede ser, sin embargo, el caso de Inés Córdova quien en los 60s instauró la práctica de la cerámica contemporánea en Bolivia y, una década después, renovó la plástica local con sus collages textiles y sus ensambles metálicos que prefiguran prácticas artísticas más contemporáneas. También es muy importante señalar la importante presencia de mujeres artistas en las disciplinas del arte contemporáneo como Valia Carvalho, Alejandra Dorado,  Raquel Schwarts, Aruma, entre muchas otras, con obras que muchas veces reflexionan sobre lo femenino o lo que significa ser mujer en la sociedad boliviana. Entonces creo que el libro demuestra que, por lo general, en nuestro país las mujeres han asumido posiciones de vanguardia en lo artístico.

¿Qué patrones de invisibilización hacia las mujeres artistas identificaste en la historia del arte boliviano?

Es un tema muy complejo y discutible, pero creo que en general la historiografía local ha enfocado su mirada principalmente en artistas pertenecientes a grupos sociales privilegiados. Esto se ve también en el caso de las mujeres artistas, cuyas principales figuras son generalmente personas pertenecientes a familias pudientes, personas que han podido dedicarse enteramente al arte,  viajar al extranjero para formarse y regresar al país con medios para proyectarse en el ámbito local con el apoyo de las instituciones y de los medios de comunicación. Creo que falta hacer mucha investigación sobre artistas que quedaron en segundo plano en las historias del arte boliviano, creadoras que tal vez no hayan alcanzado a producir un volumen de obra muy grande o cuyas obras no hayan sido incluidas en los libros y las colecciones oficiales. También es importante mencionar que casi todas las visiones del arte boliviano se plantearon desde La Paz, valorando a los y las artistas que ganaron premios o que expusieron en la sede de gobierno y dejando en una posición periférica a artistas de otros departamentos. En ese sentido pienso que hace mucha falta hacer historias del arte locales.

¿Qué particularidades tiene ser mujer artista en Bolivia a lo largo del tiempo que abarca el libro?

Revisando las biografías incluidas en el trabajo queda en evidencia que la actividad de las mujeres artistas ha sido en general condicionada por un contexto machista, conservador y cerrado como el boliviano. Esto se ve tanto en el muy tardío acceso de las mujeres a centros de formación artística como en las dificultades que casi todas las mujeres tienen que enfrentar para dedicarse profesionalmente al arte. Son muchas las mujeres artistas que luego de egresar de centros de estudios tuvieron que abandonar sus carreras para asumir roles sociales tradicionales impuestos como el cuidado de la casa y la crianza de los hijos, lo que en general ha causado que la producción de las artistas mujeres sea menor en volumen y menos constante en comparación a la de los artistas varones. También creo que el libro evidencia ciertos vínculos particulares entre la obra de las mujeres artistas y disciplinas y medios tradicionalmente asociadas a las mujeres como la cerámica y el arte textil. Además es muy destacable la producción de las mujeres en el ámbito del arte naif, quizás demostrando cierta independencia a los contenidos sociales que marcan gran parte de la obra de los artistas varones. Todas estas tendencias del arte femenino pueden estar relacionadas con especificidades de la sociedad boliviana.

¿Cómo influye el contexto social en el desarrollo de las artistas?

Por varios temas que menciono anteriormente pienso que, en general, la procedencia social de las artistas ha determinado el curso de sus carreras y su inclusión o exclusión en nuestra historia del arte. La mayor parte de las mujeres artistas más destacadas de mediados del siglo XX fueron personas de clase alta o media alta y habitantes de la ciudad, personas que tuvieron los medios para permitirse ejercer una profesión poco redituable como es la artística.  Pero creo que una de las cosas que evidencia el Diccionario de mujeres artistas de del libro es la creciente presencia en las últimas dos décadas de artistas de procedencias sociales y culturales cada vez más heterogéneas. Se puede notar, por ejemplo, una cada vez más importante presencia de artistas de procedencia indígena, e incluso rural, en las escuelas de arte de El Alto y La Paz. También se evidencia que cada vez hay más mujeres artistas activas en ciudades como Cochabamba, Potosí y Santa Cruz. Otro aspecto que revela el diccionario es la creciente cantidad de mujeres artistas que en tiempos recientes lograron estudiar en universidades del extranjero y que desarrollan su obra fuera de Bolivia.

¿Qué similitudes y diferencias encontraste entre las dificultades de las artistas del pasado y las de hoy?

Las principales son el acceso a la formación artística y las posibilidades de seguir una carrera profesional en el medio. Si bien es cierto que en la actualidad la mitad de los estudiantes de las carreras de artes y las academias son mujeres todavía falta conseguir que éstas puedan desarrollar sus carreras artísticas en las mismas condiciones que los hombres. Creo, sin embargo, que corresponde a las mujeres artistas hablar de sus propios problemas y de las dificultades que enfrentan en la actualidad.

 ¿Cómo evalúas el lugar de la mujer en el arte boliviano actual?

Creo que las últimas dos o tres décadas marcaron un periodo de consagración de las principales mujeres artistas de Bolivia y, a la vez, el inicio de un proceso de visibilización de muchas otras que hasta ahora no recibieron la atención que merecen por el volumen y la calidad de su obra.  Entonces vivimos en un contexto favorable para el reconocimiento de las mujeres artistas y eso equilibra de alguna manera una situación históricamente desfavorable para ellas.

¿Algo más que desees añadir?

Quisiera aclarar que el libro no buscó ofrecer una mirada crítica o de perspectiva de género del arte de las mujeres. Creo que el trabajo ha sido muy respetuoso en dejar que estos asuntos sean analizados por las mismas mujeres quienes saben mucho más de su propia realidad y de lo que significa ser mujer artista en el contexto local.

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