/ Juan Carlos Ramiro Quiroga
Comentario al libro Poesía reunida de Norah Zapata-Prill, recientemente publicado.
“Llegar en un tren
esperarle en el andén
verle tomar el mismo tren
¿Qué viaje es este que nunca tiene sueño?”
(El mismo tren)
Norah Zapata-Prill es una fugitiva empedernida y dada a la aventura en el gran piélago del orbe, casi una pirata de los siete continentes. Tanto es así, que su primera fuga ocurrió en la juventud cuando decidió dejar Cochabamba y venirse a vivir a la ciudad de La Paz –a estudiar y a hacer su propia vida en solitario. Lo logró con creces.
Su vida se asemeja muchísimo a la del poeta Primo Castrillo, oriundo de Luribay, quien después de haber logrado la profesión de profesor normalista tanto en La Paz como en Sucre, tomó la decisión de irse a forjar futuro a Estados Unidos de Norteamérica, en la tercera década del siglo XX, a miles de kilómetros de Bolivia, navegando por el Pacífico, cruzando el Canal de Panamá, hasta desembocar en Nueva York.
Después de pasar una década en La Paz, Zapata-Prill tomó su equipaje y se fue a vivir a Suiza tramontando el Atlántico y otros mares por Europa. ¿Por qué tomó esa medida extrema? Solo ella lo sabe y ha permanecido en ese exilio, buscado con fervor y afán. Roto a veces con retornos breves a Cochabamba, Tarija y La Paz. La nostalgia y la melancolía son piedritas en el zapato de la trotamundos.

Su reciente libro Poesía reunida. 1975-2024 (La Paz-Santa Cruz de la Sierra, Letreo Editores, 2025) es la bitácora de esa travesía, que la llevó primero a una hoyada altiplánica y después al mundo (Lausana, Viena, Venecia, Estrasburgo, Berlín, Ostuni y Barcelona). Como Castrillo, jamás logró quedarse quieta en el lugar de origen. Esta antología poética exhibe y puntualiza esa inquietud.
Hay palabras que dejan en claro su condición de transeúnte e inmigrante, de viajera y trotamundos, de errante y peregrina, de mochilera y poeta nómada. En definitiva, de aquella expatriada que no se cansa ni se fatiga en decir adiós o volverse adiós a cada momento de la existencia, hasta perder el sentido del viaje o no dar esa importancia al mismo tránsito: “he viajado toda la noche en un tren desconocido”, dice en uno de los primeros poemas de su primer libro, De las estrellas y el silencio (1975). “Eres bestia terrestre que huye”, refuerza en este mismo poema.
Una constatación de esta forma de vivir en traslado o cambio continuo, muy reflexiva, deja al desnudo el atroz espectáculo de la soledad y de lo irremediable: “Mis pies / han querido partir / y estoy a solas con mi huida”, sostiene Zapata-Prill en el primer poema de la segunda parte de este su primer poemario.
A esta fuga por fuera se va generando otra más sensible por dentro: un viaje más íntimo y productivo hacia sí misma. Aquí la introspección y permanencia de Zapata-Prill encuentran su embeleso o detención más feliz. Y logra los momentos más increíbles en esta antología.
Transitar a sí mismo es conspirar con el alma. La autora ha decidido soltar los amarres de Odiseo y dejarse arrastrar por el oleaje –abandonar el ancla y bucear en las profundidades. Encender el fuego interior y atenerse a las consecuencias. Perturbarse con el cántico de las sirenas o arpías. Y ahí Fascinación del fuego (1985) es un poemario capital. El paso de lo frío a lo cálido crea un tráfico de arrebatos y sobresaltos. “Parece que se moviera como una sonámbula”, dice Juan Quirós.
16
Busco algo más
(…)
La oscuridad iba robándole
luz
a tu fogata para alumbrarse
Eras
parte de las llamas
Te sumergías
La noche
se
alumbraba contigo”
Una impenitente como Zapata-Prill ha reflexionado muchísimo sobre su condición de náufraga e inmigrante. Tanto es así que “Venecia sin ti” es el poema inobjetable de ese deslumbramiento y de ese reparo.
“No sé por qué capricho de las cosas
sin que nadie me mande
yo repito mi viaje
¿De qué viajes se inspira el hombre
si todo el tiempo el viaje viaja?
(…)
Después de todo todo es viaje”
Alba María Paz Soldán ha detectado ese vagabundaje en la primera antología de la poeta cochabambina en 2008. “Somos viaje, y esto implica el apartarse, el desarraigo”, observó.
“Viajeros somos / viajeros moriremos”, casi le contestó Norah en su poema “Nómadas”.
La Paz, miércoles 12 de noviembre de 2025









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