/ Roberto Acuña
A la una treinta de la tarde,
en un miércoles donde apenas se asoma Dios,
con la fría temperatura del instrumental médico
colocan mi carne en el espejo ciego
de la plancha de operaciones.
Sentiré la mano de la anestesia en mi garganta,
¿dónde iré?
¿Podré encontrar un sueño que me reciba?
¿Qué regiones habitaré sin el dolor?
¿Cómo sabré que estoy herido,
que repta el tiempo sobre mí?
¿Sentiré el tiempo sin el cuerpo?
¿A cuántos kilómetros de mí mismo estaré?
¿A cuántos kilómetros se encuentra el amor de las palabras,
de las letras con que escribo el nombre del amor?
No soy mi cuerpo ni vine de mi cuerpo,
pero en mis huesos voy tatuado,
en cada músculo mis deseos encuentran
la fuerza injusta de su desmesura.
La tristeza es esa hiel en la madrugada,
los pies del frío que nos mantienen insomnes,
esperando un amanecer
que no termina nunca de nacer del todo.
No soy mi cuerpo,
pero voy ciego,
deslumbrado entre la piel y mis sombras.
Escucho de lejos el eco de los médicos,
me preguntan si sigo allí,
si aún habito la pobreza de mi cuerpo,
la dulce tristeza de mis imágenes,
pero no siento el tacto,
extraño la ternura del dolor,
sentir sus cicatrices
para componer la armonía del recuerdo.
¿Qué soy, qué he vivido fuera de mí?
Incluso las palabras tienen un cuerpo donde cebarse.
-Roberto, me escuchas… cuenta hasta mil…
Y sigo contando sin voz, sin boca, sin mesura,
sigo contando en este mutilado sueño,
sigo contando porque quiero despertar,
y contar lo que no sé que sabe mi piel de mí mismo;
sigo contando porque quiero alejarme
de este frío de dioses enfermos,
de este frío de ángeles derrotados,
de este frío que no es frío
y que siento a pesar de estar muy lejos de mi carne.
Roberto Acuña (México, 1981) docente de la UNAM. Ha publicado los poemarios: Ojos negros en la noche (2019), Regusto a diablo (2020 & 2022), Calaverio (2020) y El infierno es con nosotros (2020).


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