/ Antonio Mario Molina G.
La fundada sospecha del cierre del Ministerio de Culturas ha desencadenado un legítimo desasosiego que se va extendiendo en las redes y círculos culturales en el país; creadores, artistas, intelectuales, gestores y activistas, engarzados en la movida cultural urbana de todo el país; empiezan a cerrar filas, y articularse para generar canales y métodos de comunicación para hacer escuchar su voz.
El denominado programa de gobierno del candidato triunfante del pasado balotaje electoral es la primera evidencia, no contiene ningún planteamiento sobre las manifestaciones culturales ni mucho menos sobre la cuestión cultural. Rodrigo Paz P. en Oruro durante su campaña se refirió tangencialmente al tema y pronunció una frase electoralmente conveniente pero muy comprometedora a tiempo de referirse al Carnaval: “La cultura esta por encima de la política…”. En su Agenda 50-50 no ha reservado ningún renglón para esbozar por lo menos, alguna línea directriz y más nada. De tan misérrima mención no se pueden extraer ningún esbozo de plan de gobierno, mucho menos programático.
Dejemos claro que en los últimos 20 años hemos tenido un ministerio apopléjico y no constituye modelo o propuesta de la que se pudiera extraer elementos de análisis para enfrentar las circunstancias actuales.
La vital importancia que tiene la cuestión cultural en la vida de un país es central, y siendo así, el panorama organizativo de la estructura institucional de la próxima gestión gubernamental, no da ninguna señal mas que la inminente des categorización administrativa y consiguientemente presupuestaria para atender tan delicada problemática.

Es una evidencia que la cuestión cultural no ha merecido ninguna atención programática de los candidatos (no mencionaré a los partidos porque solo son cascarones vacíos, sin estructura político partidaria, que solo han sido el vehículo formal para la habilitación lectoral ante el TSE). El problema radica en la importancia que la cuestión cultural tiene en la cabeza de los gobernantes, esto es, si tienen una sólida estructura axiológica, filosófica , experiencia y de conocimientos para poder dimensionar y proponer políticas concretas, a partir de una percepción por lo menos aproximada del macro universo de la cuestión cultural.
La primera prueba de fuego será la estructura ministerial que se proponga, más allá de las frases políticamente correctas para simular una importancia esencial que solo tendrá cabida verbal para salir del paso, la crisis económica ha sido y seguirá siendo el pivote de la estructura argumental, de la campaña y, al parecer, también de la estructuración del Órgano Ejecutivo y las políticas que implementará el gobierno.
En medio de este panorama previsible, sería saludable que el traspaso del Ministerio de Culturas, incluyera un proceso de dialogo, auscultación y consulta con los actores involucrados en las manifestaciones culturales, para comenzar. La problemática que abordamos no mereció la mínima atención durante la campaña. Los designados para traspaso ministerial son el primer círculo que tomará decisiones; es imprescindible que lo hagan y transmitan al núcleo político que gobernará, la opinión y las propuestas y sentires que la sociedad civil tiene almacenadas tras décadas de interlocución e incidencia con todos los niveles del Estado y en todo el país -con escasísimos resultados, por cierto-; resultado que no demerita en absoluto a la movida cultural. Es el momento para que los inminentes gobernantes se den una inmersión en el vasto y complejo universo de la cuestión cultural, y después de aquilatar la responsabilidad que tienen sobre sus hombros, recién tomen la decisión que estimen conveniente.
La movida cultural por su parte, como expresión profundamente viva de la sociedad civil, ha hecho muy bien en encender las señales de alarma, autoconvocarse e iniciar articulaciones conceptuales y operativas para incidir en la decisión que se viene. Las expresiones y acciones espectacularmente imaginativas de los movimientos culturales urbanos, tiene un bagaje que va más atrás de los últimos veinte años. “Para seguir soñando”, “Cultura viva comunitaria”, “Telartes”, solo para mencionar la punta del iceberg, son el constructo producto del esfuerzo, imaginación y acciones de miles y miles de creadoras y soñadores, que siguen urdiendo el tejido social del espíritu colectivo boliviano.

La importancia y necesidad de mantener una cartera ministerial radica en mantener abierto un espacio y canal de acceso directo y sin intermediaciones jerárquicas ni burocráticas, con el núcleo crítico de las decisiones políticas ejecutivas que es el gabinete ministerial, la supresión del nivel ministerial repercutirá inmediatamente en la atención al sector, se ralentizará la comunicación, la ejecución y todos los procesos administrativos que mueve la ya pesada maquinaria estatal, todo quedará intermediado, filtrado y priorizado por otro nivel jerárquico superior.
Precisamente porque el aparato político que se hará cargo de la nave del Estado, es un conglomerado heterogéneo de partes, fracciones, alianzas, etc.; es prudente que a quien le toque administrar el segmento administrativo estatal que nos ocupa, se muna de los elementos esenciales y básicos para fungir como autoridad con autoridad y no como simple elemento decorativo.
Los movimientos culturales urbanos ya han dado pasos y señales claras para iniciar el contacto y abrir espacios de diálogo con los próximos administradores de la cosa pública. A Rodrigo Paz en primer lugar, y al entorno que está tomando las decisiones criticas para iniciar su gestión, les corresponde dar una señal inequívoca de no desmontar ni rebajar el nivel ministerial, sin antes escuchar y concordar, en lo posible, con la sociedad civil que en este momento actúa por medio de los creadores y organizadores del espíritu de nuestra plurimulti sociedad.
Si las demandas de diálogo suenan a melodía o a ruido, solo depende de los oídos que escuchen.
Octubre, 2025.

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