/ La redacción
En este número, El Duende propone una reflexión en torno a los desafíos y perspectivas de la gestión cultural en Bolivia en un momento de transición política. Por ello, los textos de E. Guzmán y M. Molina son un valioso aporte a ese diálogo urgente que, por iniciativa de artistas y grupos de gestores en varios sitios del país, se ha instaurado y desarrollado en las últimas semanas. Prueba de ello, son los “conversatorios de miércoles”, que se realizan los primeros miércoles de cada mes, organizados por Nika López, en el espacio cultural “La Bruta” en La Paz que, además, son transmitidos en vivo en otros espacios culturales (LibeRía, en Sucre, Centro cultural CATCARVE en Oruro y Galería en Tarija), porque el tema de la cultura y su gestión es, qué duda cabe, una preocupación nacional que detecta -con buen sentido de oportunidad- el importante momento en el que nos encontramos para corregir errores, re-direccionar desvíos, afianzar logros y buscar nuevas oportunidades de realización y crecimiento.
En un fin de semana con celebraciones de día de difuntos y festividad de Todos los Santos, cabe una exhumación o rescate. En este caso, el texto “Tumbas y coreadores” del recordado Alberto Guerra, escrito hace más de cincuenta años.
Publicamos también el ensayo: “La poesía como fricción”, de la joven escritora dominicana T. Espaillat Ureña que inicia afirmando: “Un cuerpo que escribe poesía es un cuerpo en movimiento. Un cuerpo moviéndose a través de la memoria y la historia usando un lenguaje heredado, deformado”.
Nuestra página de poesía acoge un poema de Ricardo Calla que dialoga con una pintura de Egon Schiele. Luego, una reseña de teatro de Lupe Cajías, da cuenta de la obra “Las estaciones del trueno” de Francia Oblitas y Óscar García. Cierra este número, un relato de Víctor Hugo Sepúlveda, (VictOruro), que bien podría corresponder a un capítulo de sus memorias que, pausadamente, escribe bajo el amplio sol de Chusakeri.

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