En julio de 2025 El Duende dejó de imprimirse como suplemento del periódico La Patria, y poco después, en una visita al santuario del Socavón, pude ver una de sus páginas cobijando un ramo de flores que, como ofrenda, había sido depositada a los pies de la virgen. Hay en ello un buen augurio o hasta una honda simbología, pensé, ahora que la materialidad del papel ha dado paso a las ediciones digitales y queda en el aire una presencia etérea que, sin embargo, porfía en su permanencia. Inevitablemente recuerdo la borgeana flor de Coleridge: “Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano… ¿entonces, qué?” Un ramo de flores envueltas en la página de papel de un periódico que no volverá a ser impreso es acaso una cosa previsible pero, aun así, no puedo evitar una vaga sensación que, indefinible, tiende a la nostalgia o, al menos a dirigir la mirada hacia la lejanía del Altiplano. Ante la trasmutación material y lo ignoto del futuro, conviene aquí volver a Borges en unas líneas que cifran la actitud expectante del ser humano cuando encara lo por venir: “Más increíble que una flor celestial o que la flor de un sueño es la flor futura, la contradictoria flor cuyos átomos ahora ocupan otros lugares y no se combinaron aún”.
B. Ch.


Deja un comentario