
Soneto de otoño
Llega el otoño con su luz errante,
tamizada de ramos y de besos.
Mueren las hojas bajo sus cortejos
de tigre apaciguado y anhelante.
Baco corona su testuz galante,
con madreselvas, uvas y cantuesos.
Un rumor de palomas tiene preso
en su roja colina, las bacantes.
Libad el vino de la altiva aurora
antes de que la incierta cacería
de los días, derriben impacientes
la cierva blanca, que la montería
empuja, sin aliento y sin demora
hacia el hondón secreto de sus fuentes.
Gloria Diez
(España)
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