J.W. Siles Veizaga (Oruro, 1997). Poeta. Ha publicado el poemario Mixtura Visceral (2022)
Los minis
Amanece en el paisaje
en contraluz las pasarelas,
una mano se extiende
llueve dentro del carro
qhatus de papa
y salteñas
de las caseritas
reina de dos asientos.
Las madres al subir
se olvidan que en el aguayo
está la wawa
golpeándola en el marco de la puerta
para consolarle le d teta,
los escolares
estiran los dedos,
cada parada
se siente
como si el maestrito
quisiera batir un récord.
Algunas madres sonsean
en las pantallas del celular
sin darse cuenta
que el enano en su regazo
te mancha el traje
con el que hoy ibas a disertar
bajan los escolares
mientras los padres
pagan el pasaje,
hay paz
por cada asiento vacío.
Al pasar por un mercado
las amas de casa
asoman los dedos
suben al mini
en medio chisme
con sus empleadas
quienes mastican chicle
y lo guardan debajo del asiento.
Tan buena está la charla
que se pasaron de parada.
Suben los borrachos
quienes perfuman el carro
con sus tufos mortales,
al fondo siempre hay sitio
para las parejas,
los evangelistas
y los familiares
los viejitos narran su vida
a su acompañante,
mientras un jugador uruguayo
lo mira con su jeta
de cuatro meses de deuda.
Al medio día
se sintoniza la radio
la calle es un caos
y el transporte es un circo
donde las cholitas trapecistas
maniobran de manija en manija,
al parecer nadie conoce
lo que es la esquina.
El maestro toca la bocina,
a su cuate del sindicato,
señal de algo tranquilo esta noche,
tras una mala maniobra
será la exclusiva,
una placa vacía
en el noticiero.
El can-ón de las pulgas
La perra ausencia
ha sabido picar
más que las pulgas,
por haber nacido rey de las calles;
fugaz, errante
por haber lambido
las llagas de las manos
por haber sido pateado
a causa de mi apetito,
por este hábito mío
de recordarte
y atragantarme.
Tú mi primer
y último ch’aki.
Saboreo estos huesos
que te han conocido,
saboreo la pena en el vidrio
te ladro en los desfiles
y las marchas
te orino en los mercados,
vomito tu rostro
en los parques,
el placer mío de desprender
partes tuyas en mi cuerpo.
Esta noche
nuevamente habrá
una pelea callejera
en mi mente.
El corazón
ha vuelto a esa esquina
donde tus ojos
son inalcanzables
como gatos en los techos.
Siempre he vivido
entre la mirada de las personas
que me han juzgado por babear
los zapatos con que me han
pisado
o me juzgaron por perseguir
la piedra invisible
con que me descalabraron
las metas.
¿Perro?
Si recuerdo que soy un perro
que fue atropellado
mientras vagaba
en la carretera de mis sueños,
mis ladridos se fueron
con mi sed de joder,
mis entrañas charqueadas
en el pavimento
visitaron las ranuras de las llantas
entonces, comprendí
que el viaje continuaba.
Ruptura
En mi corazón
guardé tu amor
y en mis bolsillos
guardé tus recuerdos
ambos están rotos
y no hay remedio.
Saxrahora
En los días
en que llueve
y soy presa de mis recuerdos
salgo a pasear
por los mercados.
En los días
en que el alma
se hace talego
yo la lleno con locoto
con cebolla
con sardina
y quirquiña
hago un k’allu
para recordar cuánto te extraño.
Cholamente amor
Soy un ch’ulla
me delatan
las botellas de cerveza
y el reflejo de las ventanas
alguna vez
estuve enamoradito.
Ella era boluda
no por gorda
sino por virgen
en materia de la vida
sus trenzas de telaraña
atrapaban la lluvia
y una que otra locura.
Sus labios secos
como los Andes
todos sus huesos de matraca
me nombraban.
No olvido
sus ojos de thayacha
riquitos pero helados
y una manera
tan simple de sacarte
la mierda a palabras.
Tenerla en mis manos
al correr con la garrafa
ir a alguna feria
a sabotear los juegos
comer phisara con queso
y luego limpiar parabrisas
para algún antojo nuestro
y dormir
cholamente abrigado por sus brazos
el recuerdo de su cuerpo k’alancho
sobre las pasankallas
y en algún amanecer
desayunando mi amor
con café y marraqueta.
La noche
con tejados de paja
y brisas gélidas
que siempre empezaban
en k’aj
para ti
y para mí.
El dolor causado
por la torpeza de sus manos.
Extraño ese dolor.
No podré
quitarme de la mente
el verso de los mercados:
Baratito te voy a dar
por kilito
o cuartilla de soledad
o prefieres arroba de lágrimas
¿bolsa para llevar?
te voy a yapar caseritoy.
La ciudad sembrando su propia luz
me quitó la mía
en la oscuridad podré volar
en la oscuridad al fin
podré ser yo
la vida durará
más que una pepa de mocola.
Los poemas de Siles tienen un deliberado registro “sucio”, en el sentido de que hay interferencias mínimas que se cuelan en la lectura/audición del poema, como ese ahora añorado sonido que traían adosado a las canciones los vinilos. Y es a través de ese registro que nos llegan las cosas que tiene para decirnos. Un testimonio descarnado de la cotidianidad citadina referido con humor y no pocos aciertos de quien camina o se detiene por mercados, calles y esquinas y observa la vida a su alrededor. Una vida que lo involucra de muchas maneras, como a todos, y de donde no siempre se sale bien librado. La poesía de Wilmer Jair Siles Veizaga es una muy buena noticia para la poesía escrita en Oruro. B. Ch.
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