El Movimiento Encuentro 15 poetas de Bolivia y su «Antología súbita»

El 15 y 16 de noviembre se reunieron en Cochabamba, en torno al poeta Antonio Terán Cabero, uno de los fundadores de “los 15”, algunos miembros de ese importante movimiento poético que transitó por la vida cultural boliviana durante varias décadas y cuya influencia pervive.

El «Soldado» Terán, firmando un autógrafo.

Palabras de homenaje para Antonio Terán Cabero

Benjamín Chávez

La obra poética de José Antonio Terán Cabero, el “Soldado” (Cochabamba, 1932), es una de las más sólidas y coherentes de la poesía boliviana. A sus 92 años, congrega a su alrededor filiaciones y admiraciones -que el soslaya con sempiterna humildad- de un puñado de fieles lectores que, como guardianes de un valioso secreto, comulgan en su poesía y su amistad. Como nos dice René Antezana: “Todos sabemos que el Soldado es un gran poeta, pero nunca lo ves pavoneándose ni ostentando su reconocido prestigio. Su poesía es muy particular, no sólo porque gran parte de ella son sonetos (algo contracorriente en estos tiempos de experimentación y quién sabe qué), sino porque el lenguaje en sus manos es una arcilla que puede tomar muchas formas y también las palabras y sus significados. Es una poesía que exige atención y compromiso.”

Ya tempranamente Jorge Suárez había advertido que en el primer libro de Terán “como en ningún otro libro de la poesía boliviana, se confirma esa riesgosa aventura del arte. Ese paso audaz sobre abismos de la soledad y el espanto.” Dieciséis años después, cuando publicó Y negarse a morir, su segundo libro, Eduardo Mitre leyó ahí una “poética de la fragmentación que corresponde a la experiencia de la dispersión. Precisando: No la visión multifacética de la realidad sino el contorno social y cósmico que se manifiesta como una presencia caótica y agresiva”. Y, en 2018, comentando A fugitivas sombras doy abrazos, libro publicado por Editorial Trilce, un proyecto creado y gestionado por el propio Antonio Terán y su amigo, el también destacado poeta Eduardo Kunstek, este último afirmó: “Poesía signada por la perplejidad y el vértigo al caos; donde la memoria es la recolectora de la inexorable dispersión del tiempo.”

Con una decena de poemarios publicados a lo largo de más de 60 años, el Solado es una de las voces trascendentes de nuestra poesía cuyo eco se ha forjado en minuciosa orfebrería verbal de nocturnidad y asombro costante. En la presentación de su Obra poética (2013), Ramón Rocha Monroy, no solo expresando su personal opinión, sino aglutinando un parecer colectivo, lo consideró uno de los tres poetas más importantes del país, junto a Eduardo Mitre y Jesus Urzagasti.

Por su parte, Vilma Tapia Anaya nos dice de ese libro: “En 2013, la editorial Kipus reunió la obra poética de Antonio Terán Cabero en un solo tomo: la continuidad con la que cada libro se suma a la obra previa nos ayuda a seguir un pensamiento que entrelaza una materia textual pura y precisa con memorias, reconstrucciones y reflexiones. La concentración que nos presenta la obra reunida es el resultado de un rigor: el cuidado de la lengua distingue a esta escritura y es, como declara el poeta, una herencia de los españoles que leyó de joven, Quevedo y los poetas del Siglo de Oro. Los románticos alemanes e ingleses contribuyeron con resonantes significados a las tempranas inquietudes intelectuales de Terán Cabero.”

Leerlo es ser partícipe, privilegiado y dichoso, de la experiencia poética plena, concebida como un espacio donde las verdades muestran sus cartas y se juega encarnizadamente el todo por el todo, en y con la vida y su transcurso. El suyo, como dijo Rubén Vargas “es un tiempo tensado, como un puente en el aire, entre las dos orillas de la vida. Así, escribir se asemeja a un rito íntimo, ajeno a la gravedad de las grandes e ilusorias certezas y próximo a la serena celebración de un silencio elocuente”.

En junio, el suplemento literario El Duende, le rindió un homenaje en un número íntegramente dedicado a él. Allí escribieron varios lectores y amigos de Antonio, desde el cariño y la admiración. Allí también, gracias al propio, pudimos publicar un hermso texto suyo que permanecía inédito llamado “Historia de mis libros”, donde Antonio pasa revista a su producción poética, libro por libro y nos regala profundas reflexiones sobre su visión de mundo y el arte de escribir poemas.

Y, en un rinconcito de esas páginas, gracias al muy amable oficio de Berny Salinas, quien encontró el texto en el mar de la virtualidad, apareció un soneto inédito llamado Despedida que quiero leer hoy aquí, como una prueba de lo que dijo René y también por el gusto de paladear esas hermosas y sugestivas palabras de nuestro queridísimo Antonio:

despedida

he de irme de aquí si bien malquisto
por oquedades turbias de calleja
liberado por fin de la pendeja
circulación de un tiempo en que no existo

largos ávidos años que me han visto
buscándole un sentido a la madeja
sin descubrir ni pinche moraleja
para el baile de azar en que persisto

por eso más allá del desparpajo
no negaré a los ciegos su gargajo
ni escaparán a mi ebriedad los tuertos

y quizá en la paz de los desiertos
y al amparo de dioses más despiertos
mande todo a la mierda y al carajo

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