
Marlene Durán Zuleta
“La prensa es el género literario por excelencia, decía Sartre, y proclamaba a los escritores la necesidad del uso de nuevos lenguajes de los medios masivos de comunicación, para llevar la literatura a los lectores potenciales”.
Los avatares de los años veinte, no solo fueron de comercio, opulencia y de situaciones los que motivaban situarnos como ciudad cosmopolita. Oruro estaba dispuesta a apoyar a que sus habitantes se manifiesten a través de la prensa escrita, encontrándose que la mayoría de sus periodistas eran poetas. En esa visión, donde la bohemia reunía a intelectuales, surge la voz de una mujer que marcó historia, convirtiéndose en colaboradora de las columnas “Brandy Cocktail” en El Fuego. Los diarios La Patria y La Mañana y de los semanarios Dum Dum y La Retaguardia.
El personaje
¿Quién fue Laura Villanueva Rocabado? (Hilda Mundy), prefirió este seudónimo, ya que también escribía como Ana Massina, Jeanette, Madame Adriane y María D´Aguileff. Fue precursora del periodismo orureño. Nació en nuestra ciudad en 1912 y su deceso fue en 1980, en la ciudad de La Paz. Hija del reconocido Arq. Emilio Villanueva Peñaranda y de Dominga Rocabado Flores. Su padre hizo cursos en Francia y probablemente trajo libros, que influyeron en su educación.
Elsa Paredes de Salazar, autora del Diccionario biográfico de la mujer boliviana, destaca: “Laura Villanueva está entre los elementos más cultos de Bolivia”. Sus publicaciones eran escritos con fino humor, otro colaborador como Manuel Frontaura Argandoña, autor de la columna Colofón, aducía “que no era ella la que escribía, si tan solo tenía 20 años de edad”. Su genialidad se vio opacada a raíz de un artículo donde hacía alusión a los militares, por la derrota de la Guerra del Chaco. Este antecedente provocó que durante el gobierno de facto del Dr. José Luís Tejada Sorzano (1934-1936), sea exiliada sin retorno de la ciudad de La Paz. Esa divulgación repercutió para que el año 1935, sea cerrado el Semanario Dum Dum, nombre de las balas que utilizaron ambos ejércitos en la contienda bélica, a pesar de estar prohibido su uso.
Antes, Hilda Mundy, tenía ya los borradores de su primera obra titulada “Pirotecnia” que, el año 1936, logró que se publicara en la ciudad de La Paz. Anteriores trabajos narrados en Cosas de Fondo (Impresiones de la Guerra del Chaco y otros escritos), fueron editados post-mortem, en 1989. El año 1939, sella su vida con el poeta Antonio Ávila Jiménez, autor de varios libros de poemas, diplomático con trabajo en la Cancillería boliviana.
Madre antes que escritora
Vuelve a Oruro, donde nace su única descendiente, Silvia Mercedes Ávila Villanueva, en su residencia de la calle Vásquez esq. Belzú. Antes que vendieran la casa, visité los ambientes junto a Silvia Mercedes, amiga, hermana de la poesía. Hoy es sede del Colegio Médico. La hija siguió la fuente de inspiración de su padre, fue poeta y escribió un opúsculo dedicado a Hilda Mundy Tú nominas los sueños (1963), posteriormente, su obra completa Del ídolo y su sombra (1971). Lo mismo que su mamá, fue periodista de Radio Fides, en la década de los ochenta en la ciudad de La Paz. Fundadora de la Unión de los Trabajadores del Arte y la Cultura (1978), durante mucho tiempo compartimos una verdadera comunicación de hermandad a la distancia. Falleció el año 1992 en la ciudad del Illimani. Resaltaron sus publicaciones en el diario Última Hora (1949), en Cuadernos Literarios del grupo Segunda generación de Gesta Bárbara, y algunos artículos en el suplemento de La Nación en 1977.
Dejó el trazo para integrarse como auxiliar de las obras literarias de su esposo, reuniendo los cuatro libros en un solo tomo, “Obras completas”, quedando con la postura de una mujer resignada, sin más aspiración que destinar todas las ceremonias a su familia.
Con el transcurrir del tiempo vivió intensamente junto a su esposo e hija, en la Casa del Poeta en Miraflores, propiedad de la Alcaldía de la ciudad de La Paz. Diáfana en su genio, otrora denominada, por su carácter, como la Primera Mujer de Vanguardia, eludía hablar de Hilda Mundy, su otro yo, y se dedicaba a dialogar de libros y otras artes.
Pasada esa etapa de movimientos guerreros, afable narraba los episodios de la patria, testimonios que habían caracterizado la escaramuza, cuando Carlos Montenegro a su retorno de tan cruel batalla, retrata en su libro Nacionalismo y Coloniaje, los horrores que vivió como guerrero en la contienda bélica, Hilda Mundy, en su libro Impresiones de la Guerra del Chaco y otros escritos, refiere esos momentos cruciales, observa a los actores de la historia, a quienes ostentaban del poder, se ríe y expresa su ironía.
Hilda Mundy criticó la hostilidad que enfrentó el soldado. Ante la derrota su escritura se tornará en censura. Sus publicaciones no pasan desapercibidas, son episodios, sombras de angustia de la Guerra del Chaco. Esos sucesos son reseñados y ella escribe lo que siente y lo que piensa.
Pirotecnia
Obra dividida en dos capítulos, “ensayo miedoso de literatura ultraísta”. Desmedido tiempo dedica Hilda Mundy a seguir los hechos y, con la risa que es parte de ella, enfatiza: “Ofrezco este atentado a la lógica. No tiene lugar ni afiliación en el campo bibliográfico. Porque prescinde de la verisimilitud y linda con el absurdo. Alguien me dijo: Su libro será un fracaso que hará reír. Y de las páginas de mi fracaso. No deseo más que me castiguen con comentarios. Estos pequeños opúsculos, dispersos, rápidos, ‘policoloros’ representan: NADA. (Propiedad fatua de la pirotecnia) diríamos que este folleto es una línea… (Historieta, aborto de una novela, hubiese constituido un dibujo geométrico. Aclaratoriamente, soy inútil para lo último. Abandono mi posición y me presento al público con 50 chispas artificiales. C´est fini”.
Varios investigadores entre los que podemos nombrar a Virginia Ayllón y Cecilia Olivares, la incluyen entre las cuatro mujeres suicidas, Lindaura Anzoátegui Campero de Campero, Adela Zamudio, María Virginia Estenssoro e Hilda Mundy. Ciertamente se puede afirmar y verificar que nuestra protagonista en la historia de la Guerra del Chaco, no se consumió cuando dejó “de escribir”. Fue cobrando notoriedad porque comenzó con otro tipo de “escritura” cuya impronta se acentúa hasta estos días.
Blanca Wiethüchter, hace un análisis sobre la influencia de la literatura ultraísta de vanguardia, cuando hace referencia a Arturo Borda, autor de la novela El Loco, escritor que se aproxima a Hilda Mundy”, porque afable “escucha sus diálogos. También compartió horas de lectura con Jaime Sáenz, que escribió Felipe Delgado. La existencia del ultraísmo se dio en España en 1918, ese sentir duró hasta 1922, considerándose como una reacción contra el modernismo en Latinoamérica, fueron sus seguidores Amado Nervo y Jorge Luis Borges, entre otros.
De espíritu combatiente en la palabra, marcó historia en la literatura boliviana. A través de Rocío Zabala, siendo reconocida como la primera mujer de vanguardia en la materia de literatura de la Université Charles De Gaulle, Lille 3 en Lyon Francia; cabalmente sus dos grandes trabajos son motivo de estudio. Su esfuerzo logró situarse, eran tiempos de represalia contra las mujeres, resistió e hizo frente a la historia para mostrar permanentemente su solidaridad con los guerreros de la patria. Hilda, pese a las ácidas críticas, prosiguió escribiendo. Emblemática, logró que las murmuraciones de sus detractores se reconozcan en elogios, hasta hoy repetidos por hombres y mujeres.
Un recuento de firmezas es la solvencia ética, de esta mujer de vanguardia que enriqueció la moral mostrando y demostrando que su hogar llegó a ser refugio de hombres perseguidos por sus ideologías, ¿volvió la rebeldía o era un desafío al gobierno de régimen militar? Era la misma que sin letargos los cobijó. Ahí estaban los testigos que habían provocado tanto ruido y que, ante la persecución, encontraron en ella a la madre, la amiga, la compañera de luchas anteriores. Permanecieron buen tiempo: Ramiro Barrenechea, Carlos Borth, Alberto Guerra Gutiérrez entre otros. Aun a pesar de la edad, denotaba autoridad y nadie se atrevió ni siquiera aproximarse a su hogar, mientras todos ellos se mantenían unidos en momentos de conflicto. Hilda Mundy logró aplacar cualquier temor, transmitiéndoles seguridad y sentimiento de amistad, porque el hilo de los perseguidores, presión de los contrincantes, algún instante habría de romperse.
Cuando ella falleció, el 28 de enero de 1982, Ramiro libró a su suerte la salida obligada de la casa del poeta, para hacerle un homenaje a Hilda Mundy, en el cementerio general de la ciudad de La Paz. Inmensa como el infinito dejó este espacio, un día de sol.
La Biblioteca del Bicentenario, ha honrado su memoria publicando su obra reunida, a cargo de Rocío Zavala Virreira, en edición y estudio introductorio.
Valoro su fortaleza, la profundidad con la que escribía y describía, inefable como el tiempo, honrada de compartir su memoria y humor que la caracterizó como escritora, siento que ese rostro sereno de mirada profunda, está latente, paseando por las bibliotecas para leer sus publicaciones de “Corto Circuito”.
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