Conversación en torno a la publicación de Mundos encadenados (Plural Editores) la primera novela del autor orureño.

Edwin Guzmán Ortiz
Luis Carlos Iñiguez Rojas es boliviano, nacido en Oruro, donde cursó sus estudios primarios y secundarios. Su formación profesional la realizó en la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba, y sus estudios de postgrado, en Genética Animal, en el Instituto de Tecnología Agropecuaria Argentino y en la Universidad de Cornell, Estados Unidos. Ha trabajado como investigador científico en su especialidad en diferentes ecorregiones incluyendo Indonesia, Oriente Medio, África del Norte, Asia Central, el Cáucaso y las regiones áridas de Latinoamérica. Tiene numerosos trabajos científicos y varios libros publicados en su especialidad. Siguiendo una tradición familiar, es un fiel lector de la literatura universal. Mundos encadenados (Plural Editores) es su primera incursión literaria. Vive sus años de jubilación en la ciudad de Cochabamba.
Luis Carlos, siendo tu formación la de ingeniero agrónomo con estudios postgraduales y una vasta experiencia en ese campo, ¿por qué la elección ahora de la literatura?
Podría mencionar algunas razones para optar por ese camino, entre ellas la capacidad de la literatura para transmitir experiencias acumuladas a lo largo de la vida en un formato que permite escribir realidad y ficción, y soñar, de manera simultánea; el haber leído literatura desde muy joven que me facilitaba alcanzar la riqueza de un hermoso lenguaje y sus variantes coloquiales; y tal vez la necesidad de liberarme de lo canónico y de una rigidez que no da lugar a la especulación, al haber estado inmerso en la escritura de literatura científica, donde no hay espacio para divagar ni soñar.
No es frecuente que un narrador boliviano conciba una obra sobre un contexto social e histórico distante de nuestra realidad. ¿Cuál la razón para esta iniciativa?
Sería un despropósito decir que obedeció a una ‘inspiración aleatoria’, fue más bien la consecuencia natural de haber vivido en Indonesia por el lapso de casi ocho años. Allí desarrollé una parte de mis actividades científicas y al hacerlo quedé inmerso en los fascinantes aspectos de su cultura y de su historia. Por lo tanto, no me fue difícil embarcarme en Mundos encadenados.
Mundos encadenados es una novela sólida de más de 300 páginas, elaborada no sin esmero. ¿Cuanto tiempo te demandó escribirla y bajo qué circunstancias?
La escribí en Cochabamba, en el periodo de mi jubilación, libre de compromisos generados por el trabajo. La única alternativa, en relación con tiempo disponible, para atreverme a escribir una novela. El primer borrador demoró un año y cinco meses. Empecé los primeros capítulos en octubre de 2021 y concluí el último en febrero de 2023. Luego vinieron ediciones, eliminación de capítulos y otros ajustes.
¿Principalmente, qué mundos se encadenan en Mundos encadenados?
La trama se desarrolla desde fines del siglo xix hasta un poco más allá de mediados del siglo xx. Hasta 1945, lo que es hoy Indonesia fue una posesión colonial holandesa: las Indias Orientales neerlandesas. La composición de la sociedad en ese periodo consistía en una población holandesa afincada, una mayoría descendiente de varias generaciones de colonos. Esta población que hacía uno de los mundos, disfrutaba de los privilegios coloniales y vivía una realidad grandemente distinta a la población nativa, la que servía, el otro mundo. Por entonces la dureza de la explotación colonial se había flexibilizado, pero las diferencias marcadas entre ambos mundos aún eran patentes. En 1941 comienza la debacle del sistema colonial con la invasión japonesa. Ambos mundos sufren de la brutalidad de esa invasión y el holandés por primera vez es sometido a condiciones infrahumanas, cercanas a las de la esclavitud. La declaración de la independencia al concluir la ocupación japonesa en 1945, definió un punto de convergencia, los mundos encadenados que se habían desplazado paralelos comienzan una separación, los eslabones cambian de naturaleza, pero no llegan a difuminarse del todo. Hay un personaje extraordinario en la novela, Atina. Fue una mujer nativa que siendo una niña fue adoptada por una familia holandesa. Atina se crio y estudió en el mundo holandés, como una holandesa, pero mantuvo su identidad y decidió vivir en el suyo con proyecciones distintas por haber sido educada. Las historias de su familia y de las de los holandeses marchan paralelas hasta la divergencia. Uno podría considerar Atina como el eslabón de esos mundos distintos en la novela, lo cual no sería incorrecto, pero el eslabón que mantiene esos dos mundos es el entorno del archipiélago malayo, el más grande del planeta, con su riqueza, su diversidad, su gente, sea esta holandesa o nativa y sus culturas, la una atemperada a los trópicos durante 350 años y la otra milenaria, además del efluvio mágico y cautivador que rodea a las numerosas islas de esa región.
Hay una doble historia que se teje en la novela, la de la familia van der Meer, dentro el trasfondo histórico de las Indias Orientales – Indonesia, ¿bajo qué lógica de implicación se articulan ambas?
Los van der Meer representan al mundo holandés. Para el mundo colonial las diferencias entre lo holandés y nativo eran predeterminadas y tomadas como el orden natural de las cosas. No obstante, en ese mundo surgía una generación contestataria con mayor sensibilidad por la realidad del nativo, su cultura y sus derechos. En los van der Meer se escenifica esa dualidad. El padre, Felix van der Meer, es conservador, colonial, convencido de que cada aspecto de la vida responde a ese orden natural establecido. En contraste, sus hijos, en particular Tess, muestran la otra faceta sensible y militante. Jan también refleja esa dualidad al insertarse como holandés europeo en la realidad de las Indias Orientales. Muchas familias vislumbraron el otro destino posible. Para ellos algún día Holanda retornaría a sus costas europeas, mientras en esa región emergería un nuevo país siguiendo un proceso igualitario, de mayor inclusión de la población nativa, que le permitiera tomar decisiones acerca de su propio futuro. Esas personas no se sentían holandesas sino productos de las Indias Orientales y soñaban con un camino de coexistencia con la población nativa en un mundo independiente. Pero el enfoque del orden natural, prevaleció.

¿Los personajes individuales y colectivos de la novela, han sido recuperados de circunstancias reales, o más bien obedecen a una creación del imaginario literario?
Las historias de dos personajes indonesios extraordinarios que conocí, Yoni y Gun, fueron reales, aunque plasmadas con elementos ficcionales en la narrativa. Cubrieron una buena parte de los últimos capítulos de mundos encadenados. Eran hermanos e hijos de Atina. Ambos murieron mientras viví en Indonesia. Lamentablemente solo pude conocer pantallazos sobre detalles secundarios de sus historias. Tiene sus complejidades penetrar en los laberintos existenciales de una persona del Sudeste del Asia. Supe que Atina, su madre, fue adoptada cuando era una niña por una joven holandesa que vivía en Java Oriental, también quién fue el esposo de Atina. Sin embargo, sus historias junto con las del resto de otros personajes son ficcionales.
La novela trasunta un testigo: el narrador. ¿Cómo te definirías en tu calidad de narrador de esta obra?
Creo que me definiría como un narrador omnisciente e independiente, un atrevido que se adentra en los pensamientos de los personajes ficcionales y en ciertos casos juega con ellos. Traté de mantener la información que pude rescatar de los personajes reales sin contaminar sus pensamientos. Gun hizo mención de muchas personas con ideas humanistas con las que creció y que conoció durante sus estudios en Europa. Con esta información construí el perfil de Jan y sus discursos. Aquel diseño de sistemas productivos integrados a la cría de ovejas surgió de las experiencias que estábamos probando. Lo añadí pero sin ser parte de su implementación.
Mundos encadenados ¿sería una novela histórica o, más bien, una historia novelada?
Me inclinaría por una novela histórica, por haber lidiado con hechos reales algunos derivados de haber conocido a dos héroes, en su dimensión, en la formación de una nación, y haber utilizado eventos históricos, sobre los que se estructuró la parte ficcional.
Además de lo histórico, se percibe una matriz cultural muy importante, argumento, psicología de personajes, incluso procesos industriales inherentes, dando como resultado una estructura compleja de la obra. En tu opinión, ¿cuál es el eje que articula estos componentes?
Pienso que la habilidad y pragmatismo holandés establecieron un eje de desarrollo que fue cambiando, flexibilizándose. Este eje aprovechó del talento de sus súbditos a la cabeza de pequeños y grandes emprendimientos, y de la cultura ancestral y capacidad adaptativa de la población nativa para amalgamar una propia cultura y una colonia exitosa, creo yo la más exitosa de todas las colonias europeas.
La colonización en Mundos encadenados es un tema gravitante y enfáticamente crítico.
¿Qué piensas que aporta la novela a esta temática?
El tema de la colonización ha sido tratado y escrito en particular por holandeses. Poco se ha hablado de quienes tenían una óptica más inclusiva y que vislumbraban que esa región, con todos sus habitantes, podía alcanzar su independencia y convertirse en una de las potencias del Asia. La novela habla sobre ese ángulo. Sería, sin embargo, muy pretencioso decir que esta visión aporta al complejo desencadenamiento de la debacle colonial y la independencia. Muchos autores han defenestrado completamente todo lo holandés. Creo yo que, si bien los colonialismos no son bien vistos, en retrospectiva, en nuestros tiempos, Holanda estableció bases y acciones nunca vistas para el desarrollo de esa región. Mundos encadenados hace hincapié en esa realidad.
¿Habrá rasgos similares entre los procesos históricos de Indonesia y el contexto boliviano?
Los procesos de colonización fueron diferentes, como fueron distintos los de la independencia. Si existen algunos rasgos paralelos no deben ser muchos. Uno de ellos fue el drama existencial del mestizo, con ribetes de algún modo similares.
¿Para qué lector(es) consideras que principalmente ha sido escrita la novela?
Hoy el mundo se ha globalizado en materia de información y no es tan problemático salir de un contexto local hacia otro más global. Pienso que un lector de ficción histórica holandés y del Sudeste del Asia se sentirían más familiarizados, pero igualmente un lector de este género en cualquier otro lugar del planeta.
¿Algunos novelistas bolivianos o extranjeros que lees y/o admiras?
Nataniel Aguirre y Alcides Arguedas (clásicos bolivianos). Además, el mordaz Augusto Céspedes, Oscar Cerruto, Carlos Medinaceli y, recientemente, Gonzalo Lema (más contemporáneo). Muchos novelistas que escribieron libros apasionantes en Latinoamérica, entre ellos, el gran José Eustasio Rivera, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges.
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