Masones, prensa y polémica en Bolivia

Oscar Córdova Sánchez

En las primeras décadas del siglo pasado, con las nuevas políticas del gobierno liberal, se lograron instaurar leyes y decretos para reformar el país, basado en una política social que amplíe el horizonte del desarrollo del medio. En el caso de la viabilidad de la libertad de cultos, la Iglesia Católica, con sus seguidores regidos bajo una moral a las normas de aquella institución religiosa, impedían el mejoramiento de una sociedad atrasada en ideas y proyectos. Algunos de sus defensores como Mariano Baptista, Monseñor Miguel de los Santos Taborga o Juan de Dios del Bosque, tuvieron una amplia difusión de sus pensamientos en la Bolivia decimonónica donde atacaban a cualquier institución, especialmente a la masonería, que trataban de renovar a una sociedad provinciana y disminuida en seguir doctrinas ya superadas por el cambio que todavía el país no conocía.

El boliviano, según sus oportunidades económicas y sociales se modernizaba. El pensamiento positivista se imponía, la importación de pensadores irreverentes se hacía presente en los debates de los universitarios y sus obras fueron la biblia del nuevo discurso de la mentalidad social boliviana. La masonería, con sus seguidores que importaban estas ideas desde el sur del país, Chile, aprovecharían la oportunidad para dar más publicidad y adherir a varios políticos, diplomáticos, militares, escritores e intelectuales del país.

En el mes de septiembre de 1917, la prensa contraria a las nuevas ideas descubre a una sociedad “secreta” liderada por varios miembros liberales, en su mayoría paceños, detallando sus pasos sigilosos en el medio. Así, la masonería boliviana pudo explicar todo el proceso de su creación y nombrar a varios miembros destacados que tuvo antes de su implantación en el país.

La polémica surge con una nota en la edición del 20 de septiembre del diario El Hombre Libre, periódico dirigido por Franz Tamayo, el cual publica una columna con el título sugestivo Poderosa organización secreta masónica, amplificando la teoría de ser una “sociedad oculta en la sombra”. El diario demanda que varios políticos del gobierno son miembros de dicha organización que pretenden “influir en los destinos del país” para beneficio propio. La descripción primaria de las fuentes se hacía de dudosa procedencia y tenía el objetivo de desvirtuar los fines verdaderos de la masonería. Los detalles daban con la creación de la sede de la Logia Illimani, fundada en 1916, ubicada, en ese entonces, en la calle Castro No 21. El columnista anónimo, pudiendo ser Vicente Fernández y G. o Felipe Segundo Guzmán, quienes eran los redactores referentes del diario, detalla la ceremonia masónica en el edificio donde se reúnen, describiendo minuciosamente los tipos de adornos, manteles y figuras que se encuentran dentro del lugar y los rituales realizados a altas horas de la noche. Ante esta situación, la respuesta al día siguiente no se haría esperar.

Pedro Germán Müller Carmona, bajo el seudónimo de Leo Tax, escritor chileno, defensor de los derechos masónicos, desde el periódico El Fígaro, bajo la dirección de Tomás Manuel Elio, empieza describiendo a la masonería como una organización “filantrópica y progresiva” practicando la “solidaridad y estudio de la moral” y sus funciones a quien “debemos el que nuestra condición de esclavos se elevará a la de ciudadanos en la época llamada de la independencia”. En oposición a las ideas conservadoras y provincianas de antaño, cuestiona al diario de Tamayo por oponerse a la importación de nuevas doctrinas.

Esa misma semana sale la réplica con el título El masonismo en Bolivia; ahora en el periódico católico La Verdad, dirigida por Abel Iturralde, donde acusa a la masonería de ser un pequeño grupo que toma las decisiones del país, así como también en los sucesos recientes de la muerte de José Manuel Pando, ocurrido en el mes de junio, acusando a la logia de ese acto, formado por “verdaderos antros de los más pavorosos crímenes”. Culpan al coronel y antiguo edecán del presidente Ismael Montes, Lizandro Cortes, de ser el organizador de las tenidas en la ciudad y ser Gran Maestre, líder de la logia recientemente creada. Además, comenta que los preparativos estaban desde meses antes y Montes, en su estadía en París, ya tenía la aprobación para poder invitar a varios políticos e intelectuales, en su mayoría de su gabinete ministerial.

El Hombre Libre, apoyando la tesis de La verdad, añade más datos. Menciona que dicha fundación de esta organización, dependiente del Gran Oriente de París, se debe al señor Williams, director de una casa comercial en la ciudad; además, publica una lista de los miembros que acuden a las tenidas nocturnas. Entre estos estaban, además de Montes, George Rouma, Ezequiel Romecin, Isaac Tellería, Enrique Jauregui Rosquellas entre otros. La mayoría, destacados miembros liberales, diplomáticos y grandes comerciantes de materias primas.

La réplica que haría Leo Tax fue para ampliar datos sobre la masonería, sus miembros, los grados y los requisitos para ser parte ella. Entre otros puntos, niega la vinculación con la muerte del expresidente Pando, puesto que figuraba como masón desde 1885 y miembro Venerable de la Logia Iris de La Paz; negando así la participación de la masonería en el crimen del Kenko.

Así, durante semanas, se produce una fuerte discusión entre Tax y los reporteros de La Verdad y El Hombre Libre. Días después se uniría al debate La Razón, dirigido por Bautista Saavedra, publicando la columna Buzo en el fondo del misterio,explicando la osadía de esta organización secreta para llevar a cabo estas actividades «que se han llevado a la práctica […] a constituir antros de infecciosos crímenes». ¿Cómo explicar los hechos ante la negativa de algunos diarios y personajes para denegar la instalación de una logia, sabiendo los pormenores de su institución y conocer a sus miembros más distinguidos? La iglesia de alguna manera trataba desesperadamente aislar la masonería paceña para que no se logre expandir a otros puntos del país.

Conjuntamente se une el periódico del masón y político Humberto Muñoz Cornejo: El Tiempo. Así, Tax y Muñoz, empiezan a comentar sobre los crímenes cometidos por la iglesia con sus comunidades destinadas a imprimir castigos a quienes no se sometían a su doctrina religiosa, exhibiendo sus representantes en diferentes momentos de la historia con sus prácticas bañadas en sangre, lujuria y codicia. Entre amenazas, descripciones históricas y críticas mutuas, se empieza a desmantelar toda la información sobre la Logia Illimani, fuertemente financiada por elementos extranjeros, entre los que figuraban comerciantes ingleses, franceses y alemanes, quienes fueron miembros de logias en Antofagasta encomendados para crear otras y generar una educación moral y de ascenso espiritual en cada nuevo miembro recomendado. Mientras la demanda crecía por saber los rituales y ceremonias que se realizaban discretamente, irónicamente el público se enteraba por la masonería y su historia.

Acabado todo el debate intenso que duraría alrededor de tres meses, fueron recopiladas todas las columnas de los diarios en disputa en el libro La Masonería en Bolivia (1918), bajo la dirección del chileno Müller Carmona. Esta sería la primera vez que los miembros de la masonería boliviana daban replica a las difamaciones de la prensa conservadora y católica.

A pesar del ataque por fieles católicos, la nueva sociedad del siglo XX, grupo renovado y abierto a nuevas posturas y afiliaciones, demuestran la buena voluntad para aceptar fundar varias logias y dar crédito a una nueva organización puesta al servicio del desarrollo moral del individuo, promoviendo una amplia información en el crecimiento espiritual. Nuestro país también tendría su desarrollo con la creación de nuevas logias y seria, poco a poco, aceptada por el público boliviano, aunque con estigmas que tendrían nuevas polémicas que surgirían en los años por venir.

* Consultor educativo y cultural

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