Esta página cuenta con una editora invitada, en esta oportunidad, es la poeta cruceña Vero Delgadillo quien comparte con los lectores una propuesta textual-curatorial

Verónica Delgadillo
La palabra «nostalgia» procede del latín moderno «nostalgia», que a su vez procede del griego «nóstos» ‘regreso’ y «-algía» ‘-algia’ (‘dolor’). En origen nostalgia es el dolor que produce no poder regresar, o el deseo doloroso de regresar, ¿regresar aunque duela? ¿regresar a dónde? ¿se establece un tiempo, se regresa siempre al pasado, se puede regresar dentro del presente? ¿se regresa solo o con quién?
La literatura y en particular la poesía está plagada de imágenes sobre la añoranza de tiempos pasados, sucesos, lugares y personas, lo interesante es que se añora de modos distintos porque los recuerdos a los que el poeta se retrotrae son únicos y están en función a sus vivencias y a su propios modos de evocar, imaginar o recrear, acá no debemos olvidar que en este proceso descriptivo, más que lo objetivo, prima aquello que está presente en la psique de quien nostalgia, habrán casos incluso en los que se sienta nostalgia por algo que realmente nunca sucedió o no existe, o lo que se quisiera que hubiese existido.
Lo que sí es común en el proceso, es que se responde a una separación temporal y espacial de algo que nos es seguro y/o familiar, volviéndose o no a algo que existe o a algo que se imagina que existe, ahí, en el pasado o el presente, pero está ahí
Dulce y lejano hogar (Jesús Urzagasti)
La casa donde yo nací se la llevó el viento
el día que salí a rodar el mundo.
Retorné del fondo de los años
condecorado por la estirpe
de lo anacoretas ciegos
sin saber que me toparía
con mis amigos muertos
bajando de montañas
que jamás escalaron
viviendo por caminos
de donde nunca volvieron.
/…/
Acá vale aclarar que cuando específicamente el “retorno” se refiere a un lugar que es el propio país, al estilo de Ulises, se hace presente este modo de recrear exaltando o inventando virtudes o justificando y haciendo vista gorda de los defectos, para hacer mejor posible este amor o estas buenas e inmejorables experiencias que se recuerdan y añoran
Hacia la tierra (Luis Cernuda)
/…/
Mas volver debe el alma
tal pájaro en otoño,
Y aquel dolor pasado
visitar, y aquel gozo;
/…/
Cansada de los sueños
y los delirios tristes,
volver a la morada
suya antigua. Y unirse,
como se une la piedra
Al fondo de su agua,
Fatal, oscuramente,
Con una tierra amada.
O en la voz del peruano José Santos Chocano:
Nostalgia
/…/
¡Señor! ¡Ya me canso de viajar! ¡Ya siento
nostalgia, ya ansío descansar muy junto
de los míos!… Todos rodearán mi asiento
para que les diga mis penas y mis triunfos;
y yo, a la manera del que recorriera
un álbum de cromos, contaré con gusto
las mil y una noches de mis aventuras
y acabaré en esta frase de infortunio:
– ¡He vivido poco!
¡Me he cansado mucho!
Es muy interesante en este punto diferenciar los modos de recrear, describir e imaginar estos espacios y tiempos en las mentes femeninas, porque ahí no siempre aquello que es necesario recordar es “aquel feliz tiempo pasado”, o vale aquí lo de “regresar aunque duela”, o el “duele porque regresas”, el transmigrar los afectos no solo hacia lo amado, sino a una misma, o al espacio que se recrea con el cuerpo, dentro del cuerpo, el cuerpo como una misma, como una defensa de la nostalgia. De uno u otro modo el recuerdo se procura para retornar.
Ciudad interior (Elvira Hernández)
No puedo ser otra que la pensativa del Patio de los
Callados, la llorosa del Parque de los Reyes,
la olvidadiza
ni otra
que la que recoge papeles con sangre
ni
aquella que no quiere el balazo solipsista
porque nada desaparecerá
A ratos soy la misma, la Una, la del espejo
que camina con una araña en el ojal
la sombra
que se pegó al hombre que dobló la esquina
y duele su cuello guillotinado
La muerte es otro detonante de la nostalgia, volver a alguien como un lugar que ya no está, a la angustia (nuevamente retorno para el dolor) de saber que aquello que estaba vivo ahora está muerto, sin vida. Qué maneras tienen aquellos para volver, pues todas las que su intelecto les permita, incluso aquellas que defienden el absurdo de que lo muerto sigue viviendo, porque de esta manera la muerte puede transfigurarse en belleza. Los poemas sobre la muerte pueden referirse al mismo autor, a su supervivencia, o a la muerte en vida (según como sea proceso de pérdida), de cualquier forma, lo que busca es sanarse de la angustia que provoca el fin de la vida (física o como se la imagine).
José Asunción Silva escribió sobre su propia muerte en su famoso poema:
Estrellas fijas
mis ojos, que en recuerdo
del infinito eterno de las cosas,
guardaron sólo, como de un ensueño,
la tibia luz de tus miradas hondas,
al ir descomponiéndose
entre la oscura fosa,
verán, en lo ignorado de la muerte,
tus ojos, … destacándose en las sombras.
En esta fantasía de la propia muerte, las voces femeninas también hablan desde el cuerpo, desde una desintegración del mismo, pero al mismo tiempo transmutar en algún personaje creado para sobrevivir, o un objeto orgánico en el que se puede renacer o “retoñar”.
Víctima imperfecta (Sonia Chocrón)
/…/
Los días se han ido
no sé a dónde
pero yo sigo pintándome los labios
aún
todas las mañanas con el gesto de antes
y hasta me reconozco
a veces
en jaranas
gozosas
y rituales sacros
/…/
Canción enlazada en trigo (Amelia Biagioni)
/…/
¿Qué hacer, mate azul, qué hacer
entre el mar y la nostalgia?
Aquí sé que la aventura
está en mi trigo y mi casa.
Suspiro. Y vuelvo ovillando
el río detrás del bote,
y hago de mi bote un cedro
y le pido que retoñe.
qué dulce hundirme en el campo
como un yuyo arrepentido.
Y qué amargo: La aventura
está más allá del trigo…
Finalmente, sobre la posibilidad de la nostalgia en un tiempo presente, hablar en presente y presentar una situación que no ha ocurrido y que le gustaría que ocurriese, muchos ejemplos de poemas alrededor de esta manera de “nostalgiar” como en el famoso poema del español Luis Alberto de Cuenca:
El desayuno
/…/
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».
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