Jaime Nisttahuz

Jaime Nisttahuz. (La Paz, 1942 – 2024) Poeta, novelista, narrador, crítico y periodista. Ha publicado los poemarios: Escrito en los muros (1976), El murmullo de las ropas (1980), Palabras con agujeros (1983), La humedad es una sombra y otros poemas (1992), Recodo en el aire (2003).

La poesía

Más que habitación
                        un mundo.
Cobra a zarpazos
su existencia.
(No hay gruñido
Sin letra).
Deja puertas
                        y ventanas
            entreabiertas
demasiado sobra al vecino
falta demasiado
al hermano
parece una mujer libidinosa
este
clavo
de
la
poesía
arraigado
como el polvo
de no estar
                        libres
o significar
al sentido práctico
alguien que ama inútilmente
                                   palabras
                                   tambores
como lavándonos las manos
                        y los colmillos.
Sacude el moho
de los libros
sacude nuestra
                        cabeza.
Como animal nos camina
dentro
aferrándonos a vivir
gritos y crujidos
ardiendo
iluminando.

Sendero al hombro

no dejamos de caminar
                        al desgaire
sobre el dibujo
de nuestro destino
acarreando viejos desvaríos
si no somos
como lámparas
no deberíamos quejarnos
de la oscuridad

17 de marzo

estas nubes de plomo
no acaban de soltar amarras
cada palabra tiene su magia y cruz
si fuera cosa de orinar en la pared
me dedicaría a sembrar calcetines
una noche como esta murió mi padre
toda vida es hierba
toda gloria flor de campo
son una sombra sus palabras
nos las toca
                        el viento
no las quema
                        el fuego

Sombra recortada

estirando el mantel encuentro la voz de mi padre
dónde la tristeza de Dios
dónde su alegría

en estas sombras recortadas por otras sombras
mi manera de respirar sin remordimiento

Inicial

cada canción tiene su dibujo
para cada quien
cada calle su brisa
(así cambien las piedras)

esperamos
            como buscando
olvidar lo incompleto

olfateando en el alcohol
las víceras de la tierra

(no ahogues
el mínimo
            fuego
la ceniza
es tedio en la sangre)

el poema
debe sacudir
muchos muertos para encontrarse

Palabras ante un retrato de mi madre

Te cuento que la risa entre los hombres
no ha mejorado nada
y hasta creo que ahora reímos
con algo menos de los árboles
y los pañuelos blancos.

A la vuelta de tantos años de tu partida
sin más equipaje que tu mismo destino
la calle ya no es para el mismo silencio
ya no es para el mismo sol ni el mismo polvo
hay más hierba en el jardín
y el ciruelo ya no arde en flores como la retama.

Y no sé por qué a veces
cuando regreso de algún viaje
se me ocurre
que voy a encontrarme con tus ojos en la puerta
para otra vez compartir
la alegría como una manzana
o recoger juntos
la amargura como un vaso quebrado.
Regamos y cuidamos los claveles
permanece tu canto en la casa.

Sobre el autor, leemos en la breve presentación del 5º Encuentro de los 15 Poetas de Bolivia, desarrollado en Oruro en 1989: “Conjurando la insensatez, los miedos y las regiones contritas. Ahuecando las palabras para ver a través de ellas lo que nos salva y lo que no termina de asfixiarnos. Ironiza Jaime, poetiza Nisttahuz. Algo así como un buho esgrimiendo implacables certezas para evitar aludes malhadados.”

Jaime Nisttahuz fue un lector voraz y un crítico agudísimo. Conversar con él, por ejemplo en su quiosco de libros del pasaje Núñez del Prado, era muy grato, pues, entre bromas y risas, lanzaba agudas afirmaciones sobre literatura, muchas veces cargadas de no inocente ironía. Obras y escritores poblaban su mundo y disfrutaba compartir sus hallazgos, sus lecturas, sus intuiciones, incluso sus dudas y perplejidades. Estricto en su escritura, exigente con lo que leía, tenía una actitud crítica que no le privaba de disfrutar del buen humor, algo que, de hecho, reclamaba para la literatura boliviana. Una vez dijo en una entrevista que “El patetismo es una falencia que prosigue. Nos hacen falta escritores con ironía y hasta sarcasmo. Necesitamos reír de nosotros mismos.” Y líneas después, ante la pregunta de qué cambiaría si podría retroceder en el tiempo, afirma que hubiera preferido no escribir tanta poesía. Otro rasgo de su implacable crítica que, cuando leía a otros autores (narrativa, ensayo, poesía…), con lápiz en la mano, lo llevaba a “corregir” incluso a los clásicos. Se te extrañará Jaime. (B. Ch.)

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