Poesía en retrospectiva

Christian J. Kanahuaty

Afilada luz. Antología poética (Plural, 2024) de Edwin Guzmán es un libro que viaja por el tiempo verbal construyendo una resonancia de significados que apuntan hacia la conjugación de los adjetivos y los nombres para descifrar a partir de ellos, la realidad y los seres que la habitan.

En ese sentido, el trabajo poético de Guzmán es una constatación de que la búsqueda por la palabra exacta no es un vano afán ni un ejercicio sobre el cual se pierde el tiempo. Pensemos que los poemas se escriben a lo largo de las décadas (de las cuales esta antología da cuenta) colocando el oficio brevemente por detrás de la vida. Se vive para escribir. Esa es una de las primeras enseñanzas de este libro por el registro cotidiano, biográfico, geográfico e histórico que se halla en cada poema.

Pero tras la vida está la escritura y ella no es sino la transformación de una experiencia personal en una sensación universal. La poesía de Guzmán es exacta en sus pretensiones de llevar al lenguaje hasta sus últimas consecuencias porque a través de él, coloca al lector ante dos posibilidades: la de leer el libro como si fuera la construcción constante de un poeta al hacerse de su oficio o, si al leerlo desde el final, el lector podrá darse por entendido de que los poemas adquieren otra significación. La madurez tan cantada en el momento de hablar de un poeta, no se halla en la cifra de lo que dice y hace Guzmán en cada verso, sino en su conjunto donde todo tiene coherencia, comunidad y continuidad.

Los temas van variando en su acercamiento y de ahí el uso de adjetivos, sustantivos y verbos que consolidan la mirada del poeta sobre la realidad del mundo material y espiritual, pero también indican, como un índice, el sentido latente de cada poema que remite a otro escrito muchos años antes.

Se podría decir al mismo tiempo que la poesía de Edwin Guzmán es una poesía de la acción. Los verbos que usa: cocía, camina, mira, canta, baila, suena, amasa, ama, toca, son de acciones que generan movimiento. Y, quizá por ello sea válido decir que su poesía no es necesariamente la de la contemplación. Es más una poesía que indica que todo acto de hacerse con la palabra es una apropiación y como tal, refleja un modo de estar en el mundo a partir de la actividad vital.

Esto nos recuerda que es un lugar común decir que los poetas son seres pasivos, que responden a la contemplación para hacerse del mundo y convertirlo en palabras. Pero esto no se ratifica en la poesía que nos entrega Guzmán. Al contrario, nos demuestra que él es un agente activo que se emancipa de la contemplación para emprender la búsqueda de una poesía que mientras desbarata el lenguaje y las palabras, incide en la realidad convirtiéndola en un objeto en movimiento. 

Nada está quieto en su poesía, todo se mueve, remite al pasado, al futuro, o evoca un presente que nunca es del todo la captura del instante sino su seguimiento. Y es posible que, debido a ello, la luz y la geografía tengan un lugar tan presente entre sus versos.

Ahora bien, hay un último aspecto sobre el que se podría llamar la atención acerca de este libro y los poemas que contiene. Y tiene que ver con la posición que contiene el tono de la voz poética en los poemas. Esto está relacionado con el hecho de que cada poema cuenta una historia. Hay un eco y un tono narrativo en su poesía y esto ayuda al lector a entender el tema de cada poema, pero también anuncia su profundidad. Los temas son pocos en Guzmán: la amistad, la muerte, Oruro, la familia, los instantes de la infancia, los colores y los sonidos. Pero en su mezcla y combinación está el detalle de la creación.

Y esto porque Guzmán no es un poeta místico, más bien podría decirse que es prosaico en su acercamiento del mundo que lo circunda, pero lo que hace su oficio notable es que en el mundo encuentra destellos narrativos que, al paso, convierte en poesía. Por eso sus poemas parecen perfectos para resumir novelas o para ser convertidos en epígrafes de novelas que se podrían escribir sobre los temas que él anticipa.

Su poesía, entonces, no es necesariamente cerrada sobre sí misma ni autorreferencial, ni basada en un juego delicado del lenguaje donde la experimentación es lo esencial. Su poesía, en todo caso, es una demostración de un trabajo meticuloso, calmado y cargado de una visión de totalidad que pocas veces se encuentra en el terreno de la poesía. Porque estas características se las halla, pero no su suma, sino de manera separada. Porque después de todo, la visión de totalidad, que está sustentada en un tono narrativo que evoca una prosa eficiente para armar grandes novelas (en cuyo interior se muevan varios temas), y que al mismo tiempo goza de movimiento constante por medio de acciones determinadas capaces de jugar con la metáfora, planteando un conjunto de imágenes memorables, y que, al mismo tiempo, son tan concretas que apuntan hacia un realismo hiperconcentrado en el que se halla la vida, no es casual ni usual en el horizonte de la poesía boliviana.

Y este es el punto final que podría señalarse: la poesía de Guzmán no podría haber nacido en otro sitio, sino es en Bolivia y concretamente en Oruro. El fraseo, el vocabulario, las imágenes y los eventos y lugares dan señas de lugar y fijan los poemas en una dimensión de la realidad que por conocida no nos es menos ajena y extraña. Y no es que su poesía genere un extrañamiento, al contrario, reivindica su localismo, haciendo que lo que nombra sea universal por el modo en que lo nombra.

Así, la originalidad de su poesía se hace en la posibilidad de decir a los poetas que vienen, que es posible escribir. Que se puede seguir escribiendo poesía. Que ella no está muerta y que el localismo no tiene por qué dar la espalda a lo universal. Ni la imagen desmontar la acción. Porque en afán de contradicción, se puede decir, para terminar que, Guzmán lleva lo local al terreno de lo universal y las imágenes son imágenes porque están repletas de acciones. Y esta es otra virtud por la cual se debería leer este libro. Y quizá luego de leerlo, releerlo para aprender el ejercicio y el oficio poético más allá de lo universal, remitiéndonos a una tradición que ahora se puede, con esta antología poética, disfrutar en toda su extensión.

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