Melita del Carpio Soriano

Norah Zapata es una de las voces femeninas que ha marcado la poesía boliviana de la segunda mitad del siglo XX y que se consolida en el siglo XXI como todo un referente de nuestra literatura. La crítica más exigente la reconoce como uno de los valores sobresalientes de su generación. Desde la publicación de sus poemarios “De Las Estrellas y El Silencio (1975), Géminis en Invierno (1977), Premios nacionales de Poesía Franz Tamayo, hasta Mare Nostrum (2022) y ahora Eclipses (2024) Norah Zapata es ya Señora de nuestra gran Poesía. Viajera incansable es conocida y destacada poeta en Europa. Presidente de la Asociación Casa de la Poesía El Cactus (Italia) y de otras entidades nacionales e internacionales. Ella organiza anualmente el Festival Internazionale di Poesia Trasmigrazioni poetiche.
Su poética es como toda ella: honesta, profunda y sabia, está construida de experiencia de vida, y junto a su estética hecha de una gran economía de palabras y un depurado lenguaje metafórico de múltiples y complejos significantes, junto a esas intensidades que menciona Vilma Tapia y a su dolorosa hondura, puede ser comunicativa y fluida como un torrente de aguas claras. Por eso, la suya no es Poesía de disección para los sarcófagos inaccesibles de los elegidos del canon, privada solo a los académicos y a los que dominan las teorías literarias. Tiene la condición de los grandes Poetas que se quedan en el alma de todos los lectores porque hablando de su historia, visiones, sensaciones y experiencias, nos hablan en un lenguaje poético de nuestro propio ser, de nuestra propia vida. Ésa es la condición de la universalidad. Al decir esto pienso en la emoción de esos jóvenes campesinos provenientes de San Juan, Madidi, Viacha, Villazón, Aiquile o Tiquipaya, participantes de los talleres de escritura creativa de Lanzarte cuando leían su poema “A los cactus de Oruro”:
Me siento al lado de los cactos / Sus espinas me tocan sin querer herirme/ Y por mi espalda se deslizan sus labios hechos tuna/ Como diciéndome/ Yo te he querido como a nadie/Orfandad de la puna / En un gesto de ofrenda / Los pétalos de la ulala caen / El viento canta aromas / El tiempo se eterniza/ Es mío el cielo / Entonces sé que no hay amor más grande que el seguir amando / A pesar de la espina y sus espinas.
Es la poeta del viaje y del exilio elegido, la poeta de las llegadas y las partidas “como si la rememoración que las enmarca y las fija fuera la manera de exorcizar la realidad del abandono, de abrogar la ruptura.” Decía Mitre (2021) Y ella misma: “Partir es morir un poco y hacer morir a otros con nuestra partida”. Su poética tiene también esa dimensión social y política que reclama por el ser humano y permite en la otredad aproximarnos a los dramas como el de la migración, de los que mueren en el mar, más víctimas de un mundo deshumanizado que por el mar que se los traga.
Mucho de su poética anterior encontramos en ECLIPSES, el libro que hoy presentamos. Sin embargo, tiene algo singular: él recoge la dura vivencia de la autora de sentirse postrada y rota en la cama de un hospital. Es un poemario bellísimo como objeto – soporte de la poesía y como comunicador del drama existencial que no obstante la situación límite de sentir que bordea lo definitivo, lucha por hallar una línea de luz que todo eclipse, aun el eclipse total deja avizorar. “Eclipses” es pues el proceso por sobrevivir al dolor y a la destrucción del cuerpo mientras encuentra asidero en la trascendencia.
“Cual viejo olivo / torcido / quebrado / sumiso y noble al hondo goce de saberse vivo / resisto.”
Este poemario es la prueba de lo que Norah ha manifestado alguna vez: que para ella la luz es la poesía que ayuda y salva como para el cactus que es capaz de vivir con muy poca agua, pero que podría morir sin luz. Esa luz, el poder escribir poesía, creo yo, fue en buena parte, su remedio, alivio y salvación. Qué poesía tan bella, tan honda, tan suya! La edición de Letreo y las ilustraciones sugerentes y adecuadas de Fernando Ugalde referendan integralmente, la calidad del contenido y la convierte en uno de los mejores libros de poesía que uno podría tener en las manos.
Desde hace muchos años, Norah pertenece al PEN Bolivia Cochabamba. Ella, poeta viajera en su vida y en su poesía ha recreado de muchas maneras el ideario del PEN. Por eso, en nombre de todos sus integrantes, quiero rendirle homenaje de admiración y expresarle el honor que sentimos de contarla entre nosotros. Norah Zapata pertenece a esa constelación de grandes autores del PEN Internacional como Federico García Lorca, Stefan Zweig, Musine Kokalari, Wole Soyinka, Salman Rushdie, Gioconda Belli, Sergio Ramírez y en Bolivia Augusto Guzmán, Yolanda Bedregal, Gaby Vallejo que engrandecen la lengua en la que están escritas sus obras, pero además, no claudicaron en decir su palabra en libertad. Gracias a esos autores, podemos afirmar que LA LITERATURA NO CONOCE FRONTERAS porque a pesar de las diferencias es posible el reconocimiento de la identidad como seres humanos, más allá de los odios construidos con todo tipo de prejuicios. De modo sutil, lo que escribe Norah tiene esa esencia.
Melita del Carpio Soriano es Presidente del Pen Bolivia, Cochabamba
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