Edwin Guzmán Ortiz

1924-2024, Centenario de la Morenada Central de Oruro, fundada por la Comunidad Cocani. Cien años que traducen la historia inclaudicable de una de las manifestaciones folklóricas más destacadas de la festividad religiosa devocional de Oruro, es más, una historia de dignidad, y lucha por la preservación de su identidad y valores culturales.
Al centro de la morenada, como sujeto identitario y fuerza motriz, se halla el gremio de los Cocanis. En este contexto, a partir de una valiosa iniciativa, ha sido publicado el libro “COCANI: Más allá de la Morenada Central” (La Paz-2024), obra destinada a rescatar desde diferentes perspectivas el rol de este grupo social como nítido actor en la defensa de la tradición, el arte popular y la fuerza de la cultura aymara, en el marco del Carnaval de Oruro.
El editor del libro, Diego Echevers Torrez, es fotógrafo documentalista, arquitecto, docente universitario, y aliado integrante de la morenada. Es prologado por Stephan Schmidt, curador de una Galería de Arte de Londres y contiene seis capítulos; se trata de una obra de formato extraordinario, notable calidad, tapa dura, con 164 fotografías y 6 textos de diversa autoría, en 240 páginas. Echevers, a través de esta obra ha logrado integrar además de su fotografía, diferentes voces que traducen la cultura, el arte, el pensamiento y la historia en cuanto matriz insurgente de los cocanis. La iconografía, el testimonio, y el análisis crítico fundamentan este aporte.
El discurso protagónico se halla en la fotografía de Diego Echevers, siete años de persistente y arduo trabajo le ha permitido acceder a los múltiples rostros y facetas de los cocanis. Más aquí y más allá de una morenada que danza y se despliega rutilante en el carnaval, se trata de la exploración visual de un grupo de migrantes y sus estribaciones, asentados en la ciudad en calidad de gremio, desde una matriz comunitaria y a través de la manifestación festiva de su obra más emblemática: la morenada.
De este modo, la fotografía se convierte en documento que testimonia, recrea y revaloriza la identidad de los cocanis en el tiempo. Rostros, caretas, símbolos, atuendos, disfraces, danzarines, grupos, nos otorgan un paisaje variopinto de su identidad y formas de representación simbólica. Morenos, reyes morenos, caporales, chinas, achachis, en suma, la constelación cocani y, por supuesto, los aliados. La imagen de la Mamá Cantila, hojas de coca, estandartes y matracas, cetros y ponchos, chales de vicuña y sombreros dispuestos honda y solemnemente ante la lente recreativa de la cámara.
Las fotografías apuestan por la fijeza, un aire de hieratismo corre entre sus claroscuros, el sentido de otorgarles perennidad a seres y objetos, buscando connotar una presencia permanente y consecuente frente al paso del tiempo. Suspensión en un espacio que le otorga preeminencia a los personajes y su atuendo, a los rostros y los gestos, dentro una atmósfera familiar y comunitaria.
La fotografía en blanco y negro, satinada por el sepia, trasluce estéticas e historia. La consagración de las formas y la representación antes y después de la fiesta. El foco: lo cocani y sus formas culturales. Imágenes donde la comunidad se mira a sí misma, una fotografía que trabaja sobre todo la identidad, más aquí de los fastos de la fiesta y más allá del folkmarket.
La metafísica es imposible sin el anclaje en la física, por lo mismo, las fotografías de Echevers son concebidas dentro una filosofía técnica: la recuperación del espíritu de antiguas fotografías, memoria de los cocanis, y del carnaval de Oruro; la fotografía analógica, la película en blanco y negro desde la cámara Hasselblad, el pulso artesanal, configuran un lenguaje en el que se recupera la tradición y temporalidad del gremio. Una estética de la fotografía sobre estéticas de los contenidos.
Técnica, cultura, estética, ética y política: la imagen habla y proclama. Fotografía que subvierte los modos espectaculares y publicitarios al uso. Fotografías que emergen de un tiempo in/móvil, que es el tiempo de lo afectivo, de lo religioso, de lo sólido, de lo inmarcesible. Fraseología desde una sintaxis articulada de imágenes, montajes convergentes, planos contrastados, enfoques y una estética que va de lo documental a la consagración poética. La fotografía enuncia por sí misma la verdad cocani. La fotografía ha satisfecho el deseo del poeta: detener lo que huye, perennizar el instante.
Los textos
Se integra al libro, en calidad de testimonio y análisis crítico la historia de los cocanis. Un primer artículo de Echevers traza las coordenadas y cimientos en que se despliega lo cocani. La realidad histórica tiene muchas maneras de ocultarse, una de las más eficaces consiste en mostrarse a la vista de todos. Con frecuencia los fastos del carnaval invisibilizan una realidad que hace también a la fiesta pero que se mueve y se tensa detrás del espectáculo. Y es precisamente a partir de la voz de sus protagonistas que se instaura una narración desde adentro, una intrahistoria, la voz que sin dejar de mirarse en el espejo trasciende a hechos e hitos fundamentales.
Desde la prehistoria de los cocani que migraron de la provincia Aroma del departamento de La Paz a Oruro, a principios del siglo pasado, hasta la fundación de la Morenada, el 29 de noviembre de 1924, por las familiasQuintanilla, Quispe, Flores, Apaza, Huanca, Manuel, discurre un proceso social y cultural que refleja diferentes facetas de la morenada. Un decurso histórico de los cocanis, en su condición de gremio comerciante de las hojas de coca, desde la mítica calle Cochabamba de Oruro, otrora ruta expedita para la provisión de la coca a las minas aledañas de Oruro.
David Flores Quisbert y Félix Cayo Copa, narran y brindan su testimonio, traducido en diferentes momentos y periodos históricos, actos de fe cultural, fidelidades y las creencias más profundas del gremio. En este proceso, en los cocanis, más que una ideología, se trata de una conciencia colectiva de pertenencia soberana, más que la pretensión de fundar atisbos de hegemonías a partir de la cultura y la identidad, se trata de un discurrir consciente y orgulloso de su matriz cultural. Una historia que traduce la reafirmación de la comunidad cocani, acaso un ethos, pero además una sensibilidad y una actitud insurgente dentro un carnaval acosado por imaginarios coloniales.
El cocani, discreto en el discurso y el comercio, es en cambio, expansivo y explosivo en la danza. Su histórica relación con los mineros por el comercio de la coca, le permitió comulgar con otras sociovisiones culturales similares y la puesta en práctica de una economía ritual, desde el p’ijcho y las tradiciones místicas y comunitarias vinculadas a la hoja de coca; desde este espacio de representación simbólica y articulación social, se dio su inserción en el tejido urbano y minero, ampliando sus redes económicas y culturales.
Tres matrices destacan en este proceso: la procedencia y la identidad cocani donde subyace la matriz comunitaria y aymara; la comercialización de las hojas de coca que implica una articulación con un mercado minero-proletario proyectando una identidad gremial, y la creación de la morenada como expresión de la identidad festiva de los cocanis, lo que supone una historia institucional y de participación en el carnaval de Oruro.
El politólogo orureño René Zavaleta Mercado, ha señalado que las crisis son factores disruptivos que provocan el análisis y la toma de conciencia de las problemáticas gravitantes de una sociedad. La división de la Morenada Central en dos brazos, el cocani y el urbano, precisamente ha evidenciado, en 1992, la pulsión de cooptación de sectores ajenos a lo tradicional, que ha redundado en la amenaza de un vaciamiento de sus tradiciones más profundas y desviando su identidad hacia una práctica de un folklore superficial, de consumo masivo y proclive al manoseo político partidista.
Es ilustrativo, en este periodo, el testimonio desde adentro que hace el fraterno Félix Cayo Copa. Acaso esta coyuntura revela el valor de la conciencia de pertenencia, el sentido de lucha inclaudicable de los cocanis por la defensa de su identidad y sus valores culturales. Una lucha afincada en una voluntad de imponerse frente a la colonialidad del poder. Momento crítico que contó con la presencia combativa y protagónica de Marcelino Flores, Gerardo Núñez, el gran Jach’a Flores, la morenada de entonces y una troup militante de aliados como el gran compositor Gerardo Yáñez y muchos otros. En “La Careta de yeso”, Armando Vargas, realiza una reflexión integral de la morenada, su organización, prácticas rituales, las veladas, el primer convite y el significado de los aliados.
Profundizando y contextualizando el carácter insurreccional e insurgente de la Morenada Central Cocani, leemos el artículo de Javier Romero Flores, antropólogo e investigador que ha trazado una nueva tendencia en la perspectiva de interpretar el carnaval en el marco de su tesis doctoral: “Insurgencia Festiva en Oruro, Una historia del proceso colonial en los Andes”. Su lectura se inscribe en una interpretación alternativa de lo que tradicionalmente se ha venido considerando en el carnaval. Parte de una intelección dialéctica donde -no sin criticidad- aborda el proceso colonial de la fiesta.
Romero reconoce que en los conflictos pasados y actuales del carnaval pesa la densidad de la conquista, el proceso de dominación, diferentes tipos de violencia, sea simbólica o de facto, el desplazamiento etnofóbico de lo andino y las formas de resistencia, como la de la Morenada Central Cocani en 1992. Su análisis no solo se manifiesta en la descripción de los acontecimientos sino en el carácter subjetivo de vivir la colonialidad del poder. Una mirada política -tema tabú en el carnaval de Oruro, a pesar de su evidente ominipresencia- atraviesa los diferentes estratos y actores institucionales.
En ese marco, para el autor, la fiesta no es un mero espectáculo: un conjunto de rituales oficiales, danzas coloridas y manifestaciones religiosas desprendidas de su contexto histórico, sino un fenómeno que se enmarca en estructuras de dominación, ya sea sobre la Anata como expresión marginal, lo religioso católico como única matriz espiritual de la fiesta, o el carnaval como mercadotecnia o dispendioso objeto de consumo.
En la perspectiva de evidenciar el imaginario insurgente en el tiempo, Romero inquiere el conflicto de la diablada de los mañazos en la década del 40, el de la Morenada Central Cocani en 1992, y la pugna crítica entre el carnaval oficial y la Anata. En el caso de la morenada, se trata de un estudio, que muestra el rol de los Cocanis como sujetos de resistencia activa dentro la fiesta de carnaval. A través de este análisis se penetra en la densidad de factores de poder que circundan desde lo cultural hasta lo político a la morenada, las causas y consecuencias de la división e, incluso, la amenaza actual de retornar a las prácticas no tradicionales y dominantes, que otrora eclipsaron a este grupo folklórico.
En suma, el libro de Diego Echevers Tórrez, permite apreciar desde una mirada crítica, lo cocani como identidad permanente en el tiempo y como bastión de defensa no sólo de la Morenada Central, sino del Carnaval de Oruro en su conjunto. En cien años: el valor de la identidad y la fuerza de la tradición.
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