Nudos y Enredos

Hace pocas semanas se presentó Nudos y enredos, libro que -como afirma A. Moreiras en la contratapa- “propone una visión rizomática de la historia literaria de Bolivia a partir de un análisis complejo de sus revistas de principios del siglo XX.” Reproducimos el epílogo de dicha publicación, gentilmente enviado por su autor.

Rodolfo Ortiz

En este estudio he insistido en la posibilidad de pensar el campo intelectual y cultural de principios del siglo xx como una zona en la que confluyen varios lugares en conflicto, muchos de ellos clandestinos y segmentarizados. De Gesta Bárbara, que nace en 1918, al Boletín Titikaka, que desaparece en 1930, he problematizado las modalidades de legitimación de un lugar étnico y epistemológico, en favor de una modalidad heterotópica en la que funciona otro tipo de dinámicas de cohesión y (des)articulación. Las revistas, en este sentido, son dispositivos multilineales que desde esa dinámica remueven los saberes, ponen en tensión los discursos y producen pensamientos dislocados desde la multiplicidad. Esta inversión o trastorno posee consecuencias más afortunadas de lo que parecen.

Pienso, por ejemplo, en la dinámica estética que se entrevera en el campo político; en los mecanismos de canje y redes de intercambio que procuran flujos de resemantización de las ideas; pienso también en los mecanismos textuales, texto-visuales y visuales que producen movimientos de ex-apropiación de los discursos oficiales; y también pienso en el voceo crítico e inconforme que interviene en una dinámica social que reclama un cambio de sensibilidad. Todo ello, sin duda, abre una fuerza multilineal de expresión cultural que persiste hasta hoy. Una fuerza que se traduce en una dinámica de flujos transfronterizos que actúan a contrapelo del modelo geopolítico.

Las revistas ponen en evidencia que no existe una relación co-extensiva entre política y vida, entre geos y bios, porque hay algo del orden de lo imposible que escinde esta relación y la desanuda. Este corte pone en evidencia que los circuitos se movilizan por un punto ciego, o factor bárbaro, que no se deja atrapar. En este estudio he analizado cómo cada revista procesa de diferentes maneras y en diferentes circunstancias ese centro irreductible y esquivo.

En cada capítulo he precisado la formación de una zona de abigarramiento cultural que interactúa con los anudamientos discursivos. En esa operación observo que esa zona no hace otra cosa que astillar la invención de objetos sustitutivos (y alucinados) de un centro que no hay; el sujeto nacional, lo homogeneidad discusiva, la razón geopolítica, las formaciones colectivas instrumentalizadas, el indio como episteme trascendental, las políticas de una lengua civilizada, plus ultra. Las revistas, bajo la marca singular que implanta cada uno de sus agentes móviles o personae, operan con la acumulación de los residuos que caen de dicha operación.

He analizado la destitución de tales revestimientos instrumentales en los que se configuran las formas de un orden nunca del todo constituido (autocracias, liderazgos, regímenes ideológicos, representaciones institucionales, geo-grafías) y en ese movimiento he articulado la formación de un campo de fuerza que, a partir de Gesta Bárbara e Inti, rastreo en las fisuras del proceso de transición liberal hasta su crisis en los años 1920, donde este modelo se entrevera con el florecimiento de los nacionalismos revolucionarios. Leo este trayecto, que en realidad son múltiples trayectos, como un gesto que se (re)envía hacia el futuro. Con Bandera Roja y el Boletín Titikaka este gesto no retrocede ni se estanca, al contrario, persiste en la formación de un campo intelectual que activa sus propios dispositivos de desterritorialización. La teoría máxima de Cajal, el parhelio de Borda y el katarismo estético de Iturri Jurado, se (re)articulan y potencian en la estética plebeya de Churata y la rebeldía mordaz de Cerruto y K’allata. Con la desaparición del Boletín Titikaka luego del Oncenio de Leguía se produce el declive de un intenso periodo de producción cultural que al mismo tiempo abre otro. Por esto mismo, este declive no es una clausura, sino el momento en el que se instala la plenitud de un naufragio. Es como si las revistas se escribieran no tanto para fortalecer la trascendentalidad de sus discursos, sino para intensificar la singularidad de sus prácticas (solitarias o colectivas) fuera de ellas mismas. El naufragio interior de Borda en los años 1930 es un repliegue que solo mira el horizonte de su postumidad; el exilio político de Churata en La Paz desde 1932 es el paso a un segundo momento de producción cultural que dura casi hasta su muerte, con la escritura de El pez de oro (1957) que sucede entre medio; luego de la muerte de su padre y el suicidio de su hermano en 1931, Cerruto se va a Arica a sus 19 años, haciéndose cargo de siete hermanos. Luego viajará hasta Santiago y después a Buenos Aires donde seguirá escribiendo y publicando. Son intensidades y velocidades distintas, que ahora fuera de las revistas, insisten en sus propios sistemas de remisiones. Pero los movimientos aberrantes y destituyentes siempre se entrelazan y no terminan de redistribuirse. Son incesantes y esto hace que se vuelvan a (re)articular en otros dispositivos (futuros) que los absorben. Este es un mecanismo que las revistas andinas ponen en evidencia casi a la manera de un legado, es decir, no como la bitácora de un mapa preconcebido, sino más bien como trayectos fugitivos que traspasan los límites y se van entrelazando en la medida en que van recorriendo su propio camino. De ahí el deshilvanamiento de un campo para hilvanarse en otro campo y de ahí también las líneas de fuga que se ponen a prueba en otros contextos y horizontes intelectuales. Esto es algo que queda aún por explorar.

Sin embargo, de las revistas andinas aprendemos que los procesos de emancipación intelectual no pueden separarse de la formación de redes de intercambio y circulación cultural. Sus dispositivos, en este sentido, hoy permean los espacios académicos y hay algo de su decir que ya navega por sus circuitos internos de consumo intelectual. Los efectos de esta intervención y sus posibles alcances pueden generar síntomas en la legitimidad y control de los saberes. El campo académico tendrá que aprender a trabajar con sus fisuras y con aquello que escapa al territorio de su experticia. En esa medida, tendrá que convertirse en otra cosa. Quizás incorporar en la lógica del para-todos-lo-mismo una conciencia de la inconsistencia de los saberes, quiero decir, de una lógica del no-todo que atraviesa los discursos hegemónicos. Al cabo, ¿qué es aquello de lo cual los expertos no pueden hablar con relación a lo andino que se traslada en las revistas?

Más allá de que lo común funcione a la manera de las redes sociales (como supone Negri) –y hoy vivimos en ellas más atrapados que nunca–, las revistas que estudié despliegan una raíz migratoria que no es posible atrapar ni siquiera en sus redes. Y tal imposibilidad es su raíz. Lo común visto desde esta dinámica es, por lo mismo, algo de lo cual no puede hablar ningún experto. Más todavía, es algo que empuja a asumir que los procesos históricos y las transformaciones en lo político-cultural no pueden ser concebidos a partir de sujetos universales, abstractos y constituidos. Este es el malestar que las revistas inyectan en el campo intelectual contemporáneo o en la lectura que dicho campo realiza de sus dinámicas internas de funcionamiento y producción.

Lo común visto desde allí nos obliga a pensar que los momentos revolucionarios, si los hay, se hallan entre lo imposible y lo contingente, y no entre lo posible y lo necesario. Si la igualdad en la zona de las diferencias es imposible (Trotsky advertía que con el comunismo advendrá la tragedia) y si la igualdad está por venir en la potencia de lo impersonal, como supuso Deleuze, los momentos de transformación que se suscitan y se vislumbran en las revistas son aquellos en los cuales, al menos por un instante, se suspende lo imposible. Lo digo de otra forma, si una historia se puede narrar siempre de manera distinta, aunque exista un argumento incomprensible que se desplaza e irrumpe de forma asimétrica, las revistas literarias (andinas) son campos de fuerza que suscitan este modo de la variabilidad de un relato, incluso al deconstruir la propia red desde la cual se producen. La idea de un final, en este sentido, no significa la clausura de la historia a la cual interpelan. El fin del modelo geopolítico, por ejemplo, no significa que no exista. Al contrario, implica que los puntos de cruce y los estiramientos de sus nudos, logren que esa otra trama asimétrica transforme y haga más nítidos y más densos los enredos y los hilos de esa historia.

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