
Christian J. Kanahuaty
El fin último de toda expresión artística es alumbrar un conocimiento que o bien ya sabíamos que estaba ahí y lo habíamos olvidado, o enriquecerlo para demostrar su nuevo valor dentro del mundo contemporáneo que habitamos. Y en esas dos frecuencias de sentido, está el libro de Ramiro Garavito, publicado por la editorial Aediciones de La Paz en 2022, no es sino la muestra de un camino que conduce a una reflexión que sondea el ámbito del arte contemporáneo, la epistemología, la construcción social de la historia y las relaciones del ser humano con el medio ambiente.
En primer lugar, se podría decir que el libro es una indagación humanista sobre el mundo del arte en general. No trata a Bolivia como un caso de análisis. Es más un posicionamiento abstracto que con ejemplos derivados de las ciencias puras, el arte, la publicidad, la filosofía y la historia demuestran las condiciones de posibilidad que existen cuando el arte es un medio para el conocimiento social y humano. Es una forma de conocernos a nosotros mismos como productores de sentido y como agentes de cambios.
En segundo lugar, se puede señalar que el libro está escrito con rigor, pero sin altas pretensiones, ya que su importancia radica en servir como introducción a reflexiones mayores. Lo que genera es una serie de detonaciones de ideas y reflexiones sobre el mundo del arte en general y sobre el arte contemporáneo en particular, cuyo objeto sino es sino, la consolidación de una manera de ver el mundo. Esto por supuesto se logra rompiendo esquemas anteriores sobre la valoración y consumo que existe del mundo del arte.
La perspectiva que adopta el autor nos permite verificar que sus objetos de análisis son variados en su estructura histórica y material. No hay un tiempo delimitado, porque su idea de arte contemporáneo rompe los estándares conocidos y aceptados y quizá esto sea problemático para aquellas personas que no están familiarizadas con el arte contemporáneo, pero esto no importa porque Garavito se encarga de suplir ese vacío a través de esgrimir conceptos e ideas que será ejes centrales de todo el libro.
Así, lo que tenemos frente a nosotros es una reflexión que deambula por espacios del arte y del pensamiento con la intención de demostrar que el arte es también algo que está en desequilibrio contantemente. Y que su núcleo se haya en la incertidumbre. La ambigüedad demuestra su vitalidad, y no así su cerrazón.
El autor postula en este Arte, conocimiento e incertidumbre, una forma peculiar de ver el mundo. Por un lado, está atravesado por el arte y por el otro, tiende irreductiblemente hacia la transformación constante. Y se haya en medio camino entre el descubrimiento y el asombro. También cree que es un momento especial en la historia de la humanidad porque es posible pensar más allá de las condiciones normales, debido a las proyecciones de futuro, las innovaciones, el alto consumo y la creatividad fomentada por las tecnologías. Todo esto hace que el libro posea diversas maneras de ser leído e interpretado.
Una de ellas es por supuesto, la reflexión sobre el arte contemporáneo, la otra como una meditación sobre las condiciones de posibilidad que existen para los humanos de transformar su mundo y no sólo de conocerlo. La siguiente posibilidad radica en su estimulante manera de hacer converger los conocimientos compartimentados en una larga cadena de razones a través de las cuales el hombre puede conocerse a sí mismo a partir de lo que produce y consume. Y finalmente, es una intención de ver que el hombre no es más que aquello que produce y que, por tanto, el reflejo que aquello le devuelve no es sino, su propia faz.
El arte es un proceso de construcción individual y colectiva, que da a entender que los humanos son capaces de construir grandes cosas a nombre personal, pero también pueden destruir lo creado a nombre de un colectivo. Y en el medio el arte es una mediación entre tradiciones, saberes y generaciones. Y, por tanto, la cultura como tal es también una demostración del arte puesto en movimiento.
Finalmente, el libro escrito de manera casi didáctica está escrito de manera tal que pueda ser leído de manera lineal como si fuesen entradas en un diario de campo sobre la investigación del mundo del arte y su relación con los seres humanos. Por ello, la escritura es a momentos, esquemática y fragmentada. Pero no por ello deja de tener interés y sentido.
Al mismo tiempo, las entradas son cortas y significativas y se enlazan unas con otras. Es, por tanto, un pensamiento que sigue un proceso y este fin es de agradecer para los lectores porque de esa manera van involucrándose a medida que entienden el desarrollo del argumento del autor.
Se puede pensar, entonces, que este libro, más que un aporte sobre las reflexiones que sobre el mundo del arte existen, es una apuesta por apropiarse y resignificar un conocimiento sobre el arte contemporáneo que flota en el aire y que puesta en escena al interior de un libro tiene razón de ser porque adquiere la capacidad de demostrar que el arte es una manera de conocer el mundo y que al hacerlo también ayuda a conocer de qué materiales está hecho lo humano, mientras que desmonta mitos y creencias sobre el hecho artístico y la creación. Y mientras lo hace, gesta un horizonte de posibilidad para nuevas investigaciones y nuevas reflexiones esta vez sobre el arte y el arte contemporáneo en Bolivia.
Porque como todo libro, este también se convierte en un ejercicio de combate y un instrumento para desmitificar saberes preconcebidos. Es por ello, un arma para la transformación social.
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