Un puñado de poemas breves e intensos, incluso desgarradores, escritos en campos de refugiados, ciudades devastadas y fronteras, testimonian, desde la sensibilidad poética, lo observado, sentido y meditado por su autor.

Benjamín Chávez
La migración no es un problema. En realidad es una dinámica consubstancial al ser humano, al paso del hombre por este mundo. Lo que sí es un problema es interferir en ella, obrar contra ella; y lo es también la indiferencia, y más aún, la hostilidad ante la cara más descarnada y cruel de la movilidad humana: el desplazamiento forzado por motivos bélicos, políticos o económicos y, como ya estamos empezando a verlo, también climáticos.
Este libro titulado: Y corrí cual si el mal tuviera lindes, nos muestra esa realidad desde dentro, porque Gonzalo Sánchez-Terán (Madrid, 1971), su autor, trabaja desde hace más de 20 años en campos de refugiados y desplazados internos en Guinea Conakry, Costa de Marfil, Liberia, República Centroafricana, la región de Dar Sila, en la frontera entre Chad y Darfur y en la frontera entre Etiopía y Somalia. Por eso, conoce el real peso de las palabras cuando escribe y sabe que el mundo guarda semejanza con una imprenta donde lo dicho, lo fijado en letra impresa (deseos, intenciones, resoluciones, manifiestos, leyes) bien puede -y debería- honrar a las personas “por encima de lenguas y credos” como apunta en el poema “La imprenta del mundo”, y ese texto, un pacto social y humano, lo más humano posible, el que brotaría de ese arte gráfico acometido por la humanidad entera, por ser precisamente una hechura entre semejantes, podría contener “la íntima rima del diverso todo,/ el arte, la verdad, el lar del tiempo” (poema: Las tres distancias).
El libro está dividido en cuatro secciones: I En las fronteras; II Personas que caminan; III El sentido y IV Proemio a las Obras Completas del mañana. En cada una de ellas, como de los cuatro puntos cardinales, acuden al lector poemas que delatan un largo camino recorrido, pero no llegan curados de espanto merced de la frescura de la palabra poética que bebe del “cuenco de las manos juntas” (poema homónimo), de las más duraderas fuentes donde abreva ese resto de dignidad que hay en cada uno de nosotros: “Quise/ que el collar de mis pasos sobre el polvo/ embelleciera el cuello de la especie” (poema: Penúltimo café en la travesía de la primavera).
Sánchez-Terán ha escrito poemas que, no obstante las diferentes partes del libro, no son fronteras o esclusas, sino, ya lo dijimos, puntos cardinales que, además de traernos palabras con el recuerdo de largos caminos recorridos adheridos a los pies, son también sentidos, direcciones hacia dónde encaminar los pasos, pues el flujo de ida y vuelta de hombres y mujeres es incontenible, desde que el mundo es mundo. Hay en ellos, en los poemas, vasos comunicantes que los inscriben, deliberada y obviamente, en una intención de tránsito y flujo; podría afirmarse que, en líneas generales, versan sobre la devastación y la esperanza. Se trata de una sabiduría poética que se interna a tientas, perpleja ante lo macabro que puede resultar habitar un mundo con regiones tan sombrías donde “si algo puede matarnos, y bien puede,/ es imaginar que el conocimiento/ y la sabiduría son sinónimos” (poema: Grietas en los frescos).
En un mundo ajeno, donde los nombres de algunos no merecen tal nombre, mientras que otros nombran todo el dolor, la templanza, la vasta dignidad como un horizonte en el desierto, y aunque su autor declare que: “No tuve más afán que uncir los búfalos/ de la poesía al carro de la historia (Penúltimo café en la travesía de la primavera), escribir poesía es un acto de fe que nos confirma que “En el fondo/ sabemos que ser justo es ser extremo” (poema: Anclas de corcho).
Este libro fue premiado en el III Certamen de Poesía San Juan de la Cruz, Academia de Juglares de Fontiveros en 2022 y fue publicado por la editorial madrileña Reino de Cordelia. Con la venia de su autor, copio un poema escrito en Koukou-Angarana, este del Chad: “Un mandamiento nuevo os doy”
Tu patria no es la patria de los tuyos,/ tu patria no es la tierra donde naces/ sino la tierra prometida,/ el vasto/ país inencontrable que declamas/ a los pueblos hambrientos por las dunas,/ el país que es tu patria verdadera/ porque tú lo has creado con tu anhelo,/ ancho de paz y música y justicia,/ y hacia él te encaminas o te arrastras/ como un miedo adentrándose en su arrojo,/ para izar la bandera transparente,/ la sola que un ser libre juraría.// Tu patria no es la patria que heredaste,/ es la que ofrendas, obras y persigues/ aunque tus pies no habrán de hollarla nunca.
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