Una tarde en el estudio Zarzuela

Andrómina Daguileff

Por fin llegamos al estudio; Una imagen poética se abría por delante, al final de unas escaleras oscuras. A la derecha se ve entrar la luz por una angosta puerta tras la que fulgura un santuario de creatividad delante del cielo urbano, donde un puente vehicular eleva los automóviles hasta la altura del segundo piso y parecen pasar volando tras las amplias ventanas. Ese es el iluminado y amplio espacio de trabajo de uno de los más importantes artistas de nuestro país.

Diferentes aromas de pinturas y maderas y, a primera vista, la paleta natural de colores del espacio es un reflejo de la paleta del alma Zarzuela: pinceles en tarros, lienzos por doquier en diferentes etapas de creación, diferentes herramientas atiborrando mesas y caballetes. Cada rincón es un lienzo o un bodegón en sí mismo y la historia de Zarzuela se narra sola a cada paso, hablando por sí misma.

La infancia y los colores 

Erasmo Zarzuela nació en Oruro en 1943, en el barrio Santa Bárbara, en la casa de una familia de apellido Altamirano (curiosa coincidencia -pienso en la cueva de Altamira). La casa, dice él, tiene una pequeña torre que sigue en pie. Donato y Juana, sus padres, emigraron de la provincia Aroma y, en Oruro, se dedicaron al comercio de anilinas para el tinte de lanas. Desde su nacimiento, Erasmo vivió del color sin saberlo y su infancia estuvo expuesta a esas intensas tonalidades que lo impresionarían: fucsias, azules, amarillos… “Meter la mano en ellos, mojarse las manos, mojar periódicos y teñirlos; mezclarlos entre sí por curiosidad y descubrir más colores” recuerda todavía con el brillo de la emoción en los ojos. Aunque esos juegos le causarían varias retadas de su madre por teñirse la ropa o manchar la casa, años más tarde, ese niño, ya crecido, sería conocido por algunos críticos como un maestro del color.

Crecer en Oruro y el destino

Es pintura superior a la descriptiva, como para ingresar a un mundo de elevada dignidad donde la naturaleza -tierra, montaña, animales- está siempre en función de lo humano, adquiriendo cualidades que la ligan al destino del hombre -escribe el escritor y pintor Carlos Salazar Mostajo en su libro Pintura Contemporánea de Bolivia, de 1989- Zarzuela percibe las misteriosas vibraciones de la tierra, las traduce con cierta visión, sin llegar a la exaltación. Además de lasdiabladas, morenadas, ángeles, cabecitas de cordero y muchos otros motivos orureños que han sido objeto de varias colecciones premiadas de Zarzuela hasta hoy.

Sin embargo, su destino estaría preparándolo a fuego lento mientras crecía entre los artesanos del barrio del mercado Fermín López; él los visitaba y aprendía por gusto diferentes oficios como el de los costureros, talabarteros, carpinteros y muchos otros, todo eso sin descuidarse de jugar al fútbol con los niños del barrio en la calle. Cuando llegó a la secundaria, el profesor de artes plásticas, don Julio Quintanilla, vería su talento y lo haría participar en concursos escolares, y ya desde entonces, ser ganador se iría convirtiendo en algo casi rutinario para él. “Tú no tienes que ser ni médico ni ingeniero, tú eres artista”, le solía decir. Al salir del colegio, Erasmo intentaría estudiar arquitectura en la ciudad de La Paz, a pesar de ser un alumno destacado volvió a su ciudad natal tras un año de ausencia, donde, por insistencia de su padre, estudió economía en la universidad Técnica de Oruro.

Cuando la pintura era cosa seria

Después de terminar la universidad no dejó de pintar y presentarse en concursos, pronto llegaría hasta su casa el pintor y crítico paceño Enrique Arnal, quien en a final de los 60 lo visitó en su taller para ver su trabajo personalmente. Luego de un rato dar vueltas por la habitación sin pronunciar palabra y levantar algunos cuadros, le propuso a Zarzuela inaugurar la galería Arca en La Paz con una exposición. Al cabo de unas semanas y de algunos consejos por parte de Arnal, Zarzuela inauguró la galería y la venta de obras fue exitosa. Con ese impulso compró más y mejor material y no dejó de crear, dando pie a lo más alto de su momento creativo y estilístico, ganando desde entonces decenas de premios y reconocimientos, muchos de ellos de los más importantes del país.

Con sus creaciones transitó por momentos y lugares precisos y así, ahora, es reconocido dentro de la historia del arte boliviano, en diferentes épocas y diversas técnicas. Perteneció a las corrientes más importantes del país y su obra fue parte de muestras colectivas que dieron la vuelta al mundo. Su nombre se relaciona con los universos pictóricos más destacados de la plástica nacional, como los de María Luisa Pacheco, Alfredo La Placa, el propio Enrique Arnal, el Grupo Anteo y muchos más. Además, es importante recordar que por esos años existían muchos compradores e interesados de arte, ya sea con fines privados o públicos; como efecto directo, eso elevaba los estándares de calidad de la producción y las cotizaciones de un conjunto de artistas. Citando al mismo Zarzuela al terminar de conversar sobre eso: “Antes había premios y mercados, pero ya no hay, eso era antes, cuando la pintura era cosa seria.”

Vivir del arte

En sus 60 años de vida creativa, Zarzuela ha pasado de ser el más joven en los grupos de artistas, a ser uno de los pintores más respetados e influyentes. Erasmo tuvo la fortuna de no necesitar de otros trabajos para proveer a su familia, se pasó la vida pintando y hoy, satisfecho, puede decir que pudo y puede vivir del arte. ¿Cómo uno logra eso? La respuesta más común diría que con tenacidad, pero a mí me parece que fue don Donato, su padre, quien tuvo la determinación para hacerle concluir sus estudios de economía. Con esto pudo él mismo gerenciar su carrera y administrar tiempo, materiales y presupuestos mejor que muchos otros. Esto no me lo dijo él, pero no me cabe duda que su situación es un cóctel de talento natural, trabajo sostenido y elementos de planificación.

En esa misma línea, seguimos conversando mientras la tarde declina en una Oruro inusitadamente calurosa. Hacemos un breve repaso por las colecciones institucionales donde su obra está representada: el Museo Nacional de Arte o el museo Tambo Quirquincho en la ciudad de La Paz y nos cuenta que, para el año 24, planea el lanzamiento de su propia galería digital y la edición de un libro con su obra pictórica.

Una tarde en el estudio

Desde hace muchos meses que veníamos hablando de una visita a su estudio. La tarde del 7 de diciembre llegué hasta su domicilio en Oruro y me abrió la puerta sonriente y gentil como siempre. Primero entramos a la sala, que más parece una galería con sus cuadros; de hecho lo es, porque ahí lo visitan marchantes y compradores. Ahí se inició la conversación, bromeando con el hecho de que ya era hora de develarlo como persona y no solo su hablar de su arte. Luego nos invita a seguir subiendo las gradas, sinceramente no sé si subimos uno o dos pisos más, yo tenía la mirada y la mente en los cuadros que veía por los pasillos y las gradas; sin pensarlo mucho, lo primero que le pregunté fue ¿Es difícil ser artista?

Deja un comentario