Adolfo Cáceres Romero y su aporte literario

Marlene Durán Zuleta

Atisbo en el tiempo, el sentido que Adolfo Cáceres Romero puso a las letras, aportes escritos con la mayor precisión. Deja un legado como signo que su permanencia en la tierra fue un lazo evidente y entrega absoluta.  Su larga trayectoria como escritor sin duda es una dote que enriquece la Bibliografía Boliviana.

Nacido en Oruro en 1937, fue adoptado por la intelectualidad cochabambina donde fijó su residencia. Otrora fue elegido como Decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad Mayor de San Simón (1979), su pasión fue dictar cátedras de Lenguaje y Redacción, a ello sumaron la designación como docente investigador del Instituto de Investigación de la misma Casa de Estudios. Otra misión que cumplió favorablemente como Director del Colegio Nocturno Jesús Lara. El cuento “Los Ángeles del Espejo…” fue traducido al alemán, aproximación a posteriores traducciones de su obra.

Perteneció a otras instituciones culturales, donde exaltó su conocimiento. Narró y concentró hechos sucedidos en Ñancahuazú, precisamente “La Emboscada”, fue motivo de una distinción en el concurso de cuento convocado por la Universidad Técnica de Oruro el año 1967, siendo traducido al inglés, alemán, francés, japonés y noruego.

Esos acontecimientos literarios permitieron extender su temática a través de la novela, consagrándose como escritor. A ello comenzaron a sumarse una etapa de premios, distinciones que perpetúan su memoria, más allá de haberse dedicado definitivamente a mostrar capítulos que trascienden como: “Antología de la poesía quechua boliviana”, en edición trilingüe: Quechua, Español y Francés en colaboración con Inge Sichra, Editorial Patiño, Ginebra.

Describe, con sentimiento, la colección de Enciclopedia Boliviana Nueva Historia de la Literatura Boliviana – I Literatura Aborígenes.  Es el inicio de otros estudios históricos que Adolfo Cáceres exalta. La lectura aguarda voces, cantos, arte de recuperar lenguajes de nuestra tierra como el aymara, guaraní y el dulce quechua de los incas. Noche de arawikus, donde los poetas leen sus versos, regocijo indescriptible.       

Con sutileza describe a otros autores y recopila nombres como el de Arturo Peralta (Gamaliel Churata) autor del famoso libro Pez de Oro, que “bautizó al grupo de Carlos Medinaceli como Gesta Bárbara”. Otros géneros literarios que figuran son el Cuento y Teatro Quechua.

Logró plasmar otros temas, siendo considerado como un escritor proficuo, imagen que se destaca dentro de la literatura boliviana. Su obra ha llegado a otros confines, habiendo recibido un respaldo de confianza, que sin lugar a dudas amerita una sincera confesión, al escritor que escribió y elogio a otros, en la publicación del Diccionario de la Literatura Boliviana.

Me honro en hacerle otro homenaje, el primero fue allá el 2011, cuando tenía hálito, y ya estaba asentado en la orilla del crepúsculo, en el ascenso de su obra.  Se asomó con alegría, por este espacio infinito que lo vio nacer y presentó su libro “La saga del esclavo” para “Adolfo Colombres” fue el 23 de marzo del 2006.  Su imagen quedó retenida en el iris de mis ojos. Vi a un hombre de compromiso por su prójimo, tenía la génesis del alba.    

El tiempo permitió afincarse en otra estancia, lo sedujo la alborada del valle, quedó retenido, por la cumbre. Aunque dejó pasar muchos otoños, se concentró en las letras, en los dibujos de la naturaleza que han cambiado por él. Ahora, es otro sentimiento, porque Adolfo Cáceres Romero, ya no podrá leer estas líneas, físicamente está ausente, creo en las almas generosas que aún pueden oír cuando han dejado este mundo. Él sabrá por el rumor de la lluvia que justificó su itinerario por este planeta, por su escritura, por sus descendientes y los amigos que aún giramos en la rueda del destino.

Adolfo, descansa en paz que el Hacedor te vea como espejo, sutil y puro. Bienaventurado tu trazo imborrable.  

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