Diego Valverde Villena
Gracias te sean dadas, Yaba Alberto,
y a tu padre, y al padre de tu padre.
Gracias te sean dadas, Karime generosa,
que dices marhaban con tu abrazo.
Gracias por enseñarnos el significado de viaje
y de regreso.
Gracias por hacer que exista Granada.
Gracias por venir tan lejos,
aquí,
precisamente aquí,
y hacer que Eduardo
sea boliviano
–es del mundo entero,
pero un poco más nuestro–.
Sin ustedes
–sin sus libros, sus miradas,
sus errancias, sus palabras,
sus silencios–
no habríamos intuido
que poesía también se dice mirabilia.
Gracias por cumplir su Destino,
sus caminos de las Mil y una Noches.
Ustedes fueron los dos que soñaron lo mismo
y lo creyeron.
Gracias.
Por ustedes leo los diccionarios con los cuerpos,
el vino convierte la noche en un alcázar,
y las pecas son una garúa
perenne.
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