Miriam Montaño Nemer y su compromiso con la poesía

Hace algunos días nos dejó la poeta Miriam Montaño Nemer, quien formó parte del grupo de los 15 poetas de Bolivia y fue una constante colaboradora de este suplemento. En su memoria, publicamos esta evocación.

Marlene Durán Zuleta

Hacen más de 40 lunas, con ocasos purpurinos, que vi tu dolor. Todo se trocó en silencio. La muerte imprevisible de tu niña dejó horas de vacíos. Cómo llenar tu risa cantarina, para ti todo había oscurecido, el cántaro de agua cristalina se había convertido en ansiedad.

“Pasó la pesadilla”. La alborada te recordaba la presencia del hijo que encendió tus entrañas, un benjamín que con el tiempo sería tú esperanza. Comenzaste a tejer una burbuja para Miguel.

El destino estaba en ti, en tus suspiros, en la bohemia y en el amor que nunca era diáfano para tus sueños. Había constante inquietud, demasiadas esperanzas que te confinaban en el silencio. Dejaste que tus espacios se poblaran de cruces. La penumbra siempre estaba dispuesta para abrigarte y siempre vencía la luz, una y otra vez iluminaba tu rostro, podías conquistar el espejo, ver tus cartas y marcar los tréboles de cuatro hojas. 

Te rebelaste contra la fortuna de la vida, dejaste que los latidos se fundieran y el corazón fuera delirio hasta estremecerte y desgarrarte con el cuadro pintado a lápiz de la célebre pintora mexicana Frida Kahlo. 

En ocasiones acogiste a los poetas, leímos de las estaciones, otoño iba al encuentro de nuestras confesiones, tu morada súbitamente comenzó a tener olor a inciensos de la purificación para los yermos.

Miriam, tenías atributos y eran más los laberintos, los tormentos que hacían presa de ti. Cómo explicar si siempre tuviste al trovador que te amó, y tú te ponías al borde del abismo, ¿por qué? ¡No sé! Entonces volvías a caer estrepitosamente en el sueño de la pena.

Siempre te recordaré con invariable afecto. Cuando estabas liberada de inquietudes, cómo reíamos hasta el borde del llanto recordando la chalina que tenía cieno fresco, y que un miembro del grupo se ufanaba de colgar en su cuello.

Tu traslado a otra ciudad fue un retraimiento, nunca más supe de ti. Queda tu paso por la tierra, como los poetas Baudelaire, Verlaine, Rimbaud hasta Mallarmé y el eco de tu voz.

Miriam de sonrisa bonita, de amor inquieto y soledad infinita, en el correr del tiempo escribiste:

Ofrenda

Tu ausencia ha diseminado en mi pecho

el dolor demencial de la soledad

como ofrenda de fatal despedida.

Demergida en el frío del viento

incierta en muda distancia

caigo insepulta al vacío.  

Reposa junto a los vates que se adelantaron, junto a tus amores filiales. Suena la campana de la despedida, Adiós.

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