Luis H. Antezana

Ricardo Calla

Personas mayores futuristas

Mejillas medievales en la ronda

     de una insistencia sin fronteras

Luis H. Antezana lucía un clavel de intensos rojos

     en el cuenco ahormado de sus gafas

¡Qué lección de lectura cortada

     en pergaminos de alas liberadas!

Y, entretanto, cuánto rumor de mar

     en el sabueso de Tiepolo

Cuánto golpe de islas de espejos en el fondo del aula

Entre Teseo y los Ayar

tuvo que incendiarse también este océano,

como cristal trizado en letra verdemusgo

Decían de Celan, en Cochabamba,

     que sus ojos lloraban aguaceros

     y que en ríos de estambre arde el cielo

Arde el mar. Arde el mar

Un arpa lejana tañe campanadas

con memorias de Europa. ¿Cómo quitarse

el cobijo del alma y arriesgar una

estela de cal en medio de la tierra?

¿Cómo volcar una vasija de alcohol

sin emborrachar el aire? ¿Cómo

prender fuego al agua y quedar

intocados?

Ricardo Calla Ortega Nota del autor: Este poema fue escrito en abril de 2012 y permanecía inédito hasta ahora. Se reconocerán las citas y las alusiones a Gimferrer. Tiepolo y su pintura son eje de uno de los diálogos de Walcott con la palabra y el color de la luz. He escrito para Cachín este texto que lo coloca rodeado por el arte y por la poesía y que son el milagro al que él ha dado su vida. Debo a Cachín el haberme hecho conocer a Celan a mediados de los 80. ¿Puede haber deuda más grande? Recuerdo que una noche me regaló una copia de la traducción que él había hecho, creo que a dos o tres manos con un par de amigos, de la Fuga de Muerte de Celan; una traducción soberbia, imperdible, que ahora parece irremediablemente perdida.

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